Los valientes del tren extremeño

Pese a las continuas incidencias, hay extremeños que siguen montando en ferrocarriles que se incendian, se quedan sin gasoil o en medio del campo

Pasajeros en la estación de Cáceres dispuestos a montar en el tren con el mismo horario que el averiado en la noche del 1 de enero. :: /LORENZO CORDERO
Pasajeros en la estación de Cáceres dispuestos a montar en el tren con el mismo horario que el averiado en la noche del 1 de enero. :: / LORENZO CORDERO
Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOCáceres

La primera semana del año ha dejado claro que España viaja a dos velocidades. Unos lo hacen en un tren moderno que cruza el país en cinco horas mientras otros se tienen que conformar con desplazarse de Badajoz a Madrid en seis. El tiempo marca la diferencia, pero lo que sucede durante el trayecto subraya aún más esa desigualdad. Locomotoras que se incendian, pasajeros en medio del campo en plena madrugada sin calefacción ni luz, descarrilamientos, incidencias por falta de maquinistas, averías y hasta convoyes que no llegan a su destino porque no disponen del combustible suficiente.

Apenas diez horas después de la entrada de 2019, los extremeños ya sufrieron la primera incidencia. El Talgo que partió de Badajoz el 1 de enero a las 08.45 horas con destino a Madrid se averió en Mérida. A Cáceres llegó con 40 minutos de retraso y la desesperación de los pasajeros acabó con la intervención de la Policía Nacional en la estación de Renfe. Los agentes calmaron los ánimos entre viajeros y un empleado de la compañía.

Esa misma tarde el Media Distancia que salió de la capital pacense a las 17.18 horas también se averió en Mérida. Sus pasajeros fueron trasbordados a otro convoy y a la altura de la localidad de Navalmoral de la Mata ese segundo tren se averió. 163 extremeños estuvieron parados en mitad de la nada durante tres horas. De madrugada, sin agua, sin comida, sin luz, con los baños estropeados, a cuatro grados y sin saber a qué hora llegarían a Madrid. Finalmente, tuvieron que ser trasladados en autobús. Llegaron a sus casas pasadas las cuatro de la madrugada, tras una larga noche marcada por la impotencia.

En total, 11 horas de 'aventura'. Muchos de los afectados ya han asegurado que no volverán a utilizar este servicio. Sin embargo, hay otros extremeños que pese a las continuas incidencias se atreven a montar en estos vagones. Lo hacen con más miedo que fe. Ellos son los valientes del ferrocarril extremeño.

«La incertidumbre de ver qué pasará cada vez que te subes a un vagón extremeño nunca desaparece»

«La incertidumbre de ver qué pasará cada vez que te subes a un vagón extremeño nunca desaparece» Mireia Fernández de Villarán, PLASENCIA

Mireia Fernández de Villarán, de 21 años, es una de esas personas. El pasado jueves por la tarde se subió al último tren del día en Cáceres. Era consciente de lo que había sucedido tan sólo 48 horas atrás en el mismo trayecto que ella iba a realizar. En su caso se bajó en la estación de Plasencia. «Suelo coger el tren habitualmente y he padecido varias incidencias. En una ocasión nos bajaron porque se averió y tuvimos que ir en taxi hasta nuestro destino. Al menos no soy de las que ha estado en medio del campo a 40 grados en pleno verano o pasando frío en invierno», dice con resignación. Asegura que «la incertidumbre de ver qué pasará cada vez que te subes a un vagón extremeño nunca desaparece». Sin embargo, los horarios de este servicio se adecuan a sus necesidades.

«Sólo cojo el tren cuando voy a una ciudad por ocio. Si tengo una obligación y no puedo llegar tarde opto por el autobús»

«Sólo cojo el tren cuando voy a una ciudad por ocio. Si tengo una obligación y no puedo llegar tarde opto por el autobús» ALBERTO FERNÁNDEZ DE VALLARÁN, PLASENCIA

Su hermano Alberto, de 25 años, ha sufrido situaciones que ejemplifican «la impotencia de vivir en una parte de la España olvidada». Es de los que puede contar que ha estado en un convoy que se ha quedado sin gasoil. No le sorprende que eso suceda. «El problema son las vías, si no las arreglan seguirán dándose situaciones de vergüenza», dice Alberto. «Sólo cojo el tren cuando visito otra ciudad por ocio. Si tengo una obligación y no puedo llegar tarde opto por el autobús», explica tras detallar que la próxima semana empezará un ciclo de dirección de cocina. «Tengo que ir desde Plasencia a Cáceres. Ahí no me la juego».

«En parte del tramo que suelo hacer si corres al lado del tren vas más rápido, pero es el transporte con más horarios»

«En parte del tramo que suelo hacer si corres al lado del tren vas más rápido, pero es el transporte con más horarios» ANA SÁNCHEZ, MALPARTIDA DE PLASENCIA

A los retrasos ya está acostumbrada Ana Sánchez, de 21 años y natural de Malpartida de Plasencia. «En el tramo que hago normalmente hay vías que son de madera, pero no tengo más remedio por los horarios. Hay veces que parece que está parado. Si te pones a correr a su lado vas más rápido», comenta con ironía.

Sin embargo, su cara cambia cuando recuerda otros incidentes más graves protagonizados por el tren extremeño. En julio de 2017, un incendio en los bajos de una locomotora a 30 kilómetros de Madrid hizo que los pasajeros estuvieran dos horas esperando bajo el sol. En mayo de 2018, un convoy descarriló a la altura de Medina de las Torres (Badajoz). Afortunadamente no hubo heridos.

Tan solo un mes después otra máquina se incendió cerca de Torrijos (Toledo). Los 65 pasajeros fueron evacuados a pie, dos personas resultaron heridas y se pudo ver a muchos extremeños cargando sus maletas por mitad del campo tras bajar del tren averiado.

El pasado agosto los viajeros del tren procedente de Sevilla, que salía de Mérida a las 20.55 horas, tuvieron que cubrir el trayecto desde la estación emeritense hasta Cáceres en taxi debido a la falta de un trabajador que condujera la máquina.

Sólo en el último verano se registraron 116 incidencias, según Milana Bonita, la plataforma ciudadana que nació con el objetivo exigir un tren digno.

Luego llegó el puente festivo del Pilar o de la Hispanidad. Políticos, colectivos y pasajeros terminaron llamándole el 'puente de la vergüenza' después de las numerosas incidencias registradas entre el 12 y el 14 de octubre. El Talgo Badajoz-Madrid fue sustituido por un tren de media distancia por un problema en los frenos y salió una hora y cuarto después. El tren Huelva-Madrid acumuló un gran retraso por una avería. Además, más de cien viajeros del Talgo esperaron varias horas parados en medio del campo, entre Torrijos y Montearagón (Toledo), por una incidencia técnica. Asimismo otro tren se quedó a mitad del camino por no disponer de gasoil.

Tres madres con su hijos camino de Plasencia el 3 de enero. :: LORENZO CORDERO
Tres madres con su hijos camino de Plasencia el 3 de enero. :: LORENZO CORDERO

Dos Españas

Durante estos días son muchos los viajeros que pasan por las estaciones extremeñas de Renfe. La mayoría lo hacen porque han celebrado la Navidad con sus familiares y tienen que regresar a la ciudad en la que trabajan. También hay turistas que están de vacaciones y eligen esta región para conocerla. «Es la primera vez que venimos a esta parte de España. Cogemos el tren habitualmente y la experiencia en el resto del país es muy buena», destacaban el pasado jueves dos turistas mientras esperaban en el andén de la estación de Cáceres. «Nos sorprende la situación que se vive aquí», decían ajenos al problema del tren extremeño tres minutos antes de emprender su viaje de vuelta a Madrid.

Con ellos coinciden Amparo Bermejo y Óscar Ferré. Son peruanos y están en Cáceres visitando a su hijo que trabaja como médico en el hospital San Pedro de Alcántara. «Estos días nos hemos movido en tren para hacer turismo en otros puntos de Extremadura y no hemos tenido problemas, pero es llamativo que en España y en pleno siglo XXI sigan pasando lo que hemos visto en las noticias estos días. No esperábamos que ese tipo de hechos sucedieran aquí».

«Hemos venido a ver a nuestro hijo y a hacer turismo por Extremadura. No nos esperábamos el problema del tren»

«Hemos venido a ver a nuestro hijo y a hacer turismo por Extremadura. No nos esperábamos el problema del tren» Amparo Bermejo y Óscar Ferré, PERÚ

Caso distinto es el de Rebeca Díaz. Ella ya sabe qué supone montarse en un tren extremeño. El pasado miércoles, junto a su marido y sus hijos decidieron adentrarse en una nueva experiencia. Viven en Navezuelas, un pequeño pueblo de la provincia cacereña. Estas navidades querían que sus pequeños se montaran en una locomotora por primera vez y así lo hicieron. «Estuvimos de visita en Toledo y cogimos el tren en la estación de Torrijos. Llegamos a Cáceres, donde viven mis padres, con 51 minutos de retraso. Nos paramos tres veces en medio de la nada. Fue cuando empezamos a tener miedo de que sucedieran las incidencias de este 1 de enero. En el primer tramo ya nos estábamos arrepintiendo de la decisión», explica Rebeca, que tiene 40 años y suele desplazarse en coche. «Ya hemos tenido suficiente aventura», decía el jueves, 3 de enero, con la incertidumbre de saber si les pasaría lo mismo en el viaje de vuelta.

«Queríamos que nuestros hijos montaran en un tren por primera vez. No lo haremos más, ya hemos tenido bastante aventura»

«Queríamos que nuestros hijos montaran en un tren por primera vez. No lo haremos más, ya hemos tenido bastante aventura» Rebeca Díaz, Navezuelas

Al menos lo empezaron puntuales. Su tren salió, tal y como estaba previsto, a las 19.09 horas. En él también iban Raquel Alcón y las hermanas Claudia y Mar Martín. Con ellas, siete niños y un destino: Plasencia, a 90 kilómetros. Por delante, una hora y diez minutos con cuatro paradas. «Somos los valientes. Los que después de ver todo lo que sucede nos atrevemos a subir al tren de la vergüenza. Hay que darle una oportunidad», dicen las tres mientras esperan junto a sus hijos a que llegue el convoy. «Eso sí, hemos optado por un trayecto corto; somos valientes, pero no inconscientes», matizan.

«Pese a todo nos hemos subido al tren de la vergüenza, pero para un viaje corto; somos valientes, pero no inconscientes»

«Pese a todo nos hemos subido al tren de la vergüenza, pero para un viaje corto; somos valientes, pero no inconscientes» Raquel Alcón, Claudia y Mar Martín | PLASENCIA

Para recorridos más largos hay quien opta por otros medios. Es el caso de sara Borrella, una cacereña que vive en Barcelona y que desde que la compañía Air Nostrum empezó a volar de la capital condal a Badajoz ha dejado de desplazarse en tren. «Antes eran viajes interminables. Primero tenía que ir unas tres horas en AVE desde la estación de Sants a Madrid. Luego esperaba dos horas allí porque no había combinación directa y otras cuatro y media de Madrid a Cáceres en un tren de media distancia. En total casi diez horas si no se producía algún retraso», recuerda esta joven de 32 años. «Ese tiempo se ha reducido ahora a más de la mitad», comenta. «Ya vengo mucho más a ver a los amigos y a la familia, pero es indignante que en pleno siglo XXI nos tengan tan olvidados».

Promesas

Alude a las promesas hechas por los responsables de todos los signos políticos que han asegurado que el Tren de Alta Velocidad llegaría a la región en 2010, y después en 2013, en 2015, en 2020... Actualmente las obras en el tramo extremeño no superan el 80% de la actividad.

A eso se suma que sus 725 kilómetros de red ferroviaria no están electrificados y el 15% de sus traviesas son de madera. En algunos de sus tramos el convoy no puede circular a más de 30 kilómetros por hora. Su velocidad media no sobrepasa los 100.

Tampoco existe doble vía. Solo hay un carril. Hay puntos del trayecto en los que los trenes que suben se pueden cruzar con los que bajan. Para que eso no suceda, uno de los dos tiene que parar.

El Talgo, que se suprimió en 2010, ha vuelto a circular y lo hace un poco más rápido, pero aún así tarda casi seis horas de Badajoz a Madrid y tiene doce paradas.

«Vengo a Cáceres en tren a ver amigos, pero si tengo que coger un vuelo en Madrid opto por otro transporte»

«Vengo a Cáceres en tren a ver amigos, pero si tengo que coger un vuelo en Madrid opto por otro transporte» Sonia Muñoz, TALAVERA DE LA REINA

Los otros modelos que ofrecen servicio en Extremadura son el denominado R-598 (el que se estropeó por la noche en Navalmoral), con entre doce y 15 años de antigüedad, y el R-599, que no supera los ocho. Son de media distancia y no disponen de servicio de bar.

Estas navidades, Sonia Muñoz, de 47 años, se ha subido a uno de esos trenes de media distancia para ver a algunos amigos. Ha viajado de Talavera de la Reina a Cáceres. «Si voy a Madrid porque tengo que coger un vuelo prefiero ir en otro medio de transporte. No me fío», confiesa tras reconocer que en esta ocasión no le ha tocado sufrir ninguna incidencia. «Parece que soy una excepción», cuenta con la esperanza puesta en tener la misma suerte en su viaje de regreso. «Creo que eso ya es mucho pedir». Máxima cautela para toda una valiente.

800.000 personas usan los trenes que circulan por la región

Aualmente 800.000 personas utilizan algunos de los trenes que circulan por Extremadura, según Renfe, compañía que por el momento no dispone de los datos de pasajeros de 2018. Apuntan que los oficiales que pueden facilitar son de 2013, cuando hubo 795.800 viajeros, a 2015, que subieron hasta 842.400. «La media está en unos 800.000», aclaran.

De lo que sí aportan datos más recientes es del Talgo que une Badajoz con Madrid. En sus tres primeros meses de funcionamiento tuvo un 15% más de usuarios que el tren al que sustituyó. Del 1 de marzo al 30 de mayo de 2018 lo utilizaron 31.700 personas, que son 4.200 más que en el mismo periodo del año pasado, cuando en su lugar circulaba un Media Distancia.

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