La otra transición

Esta semana tiene la carga simbólica de empezar a poner el punto y final de las plantas nucleares mientras se abren camino las nuevas fuentes de energía

Manifestación a favor de la continuidad de Almaraz el pasado mes de enero./HOY
Manifestación a favor de la continuidad de Almaraz el pasado mes de enero. / HOY
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

El sector energético español se encuentra en un momento de plena transformación. En el año 2035 no habrá centrales nucleares con actividad y su producción será sustituida por las energías renovables. En esta transición que supone no solo un cambio de modelo energético, sino económico y social, Extremadura jugará un papel protagonista.

El calendario ha querido, además, que seamos de los primeros en ese abandono ordenado de la energía nuclear. El viernes se confirmó, aunque eran las fechas que se venían barajando, que Almaraz cerrará sus dos unidades en 2027 y 2028. Supone alargar su vida útil y eso es una buena noticia para la región y, en particular, para la comarca de Campo Arañuelo, muy dependiente de la economía que genera la planta.

Es probable que los habitantes de la zona y sobre todo sus trabajadores no querrían que ese momento llegara nunca o que la prórroga pactada hubiera sido bastante más larga, pero siendo realistas, desde que en los años ochenta se pusieron en marcha sus dos reactores se conocía que se trataba de una industria con fecha de caducidad. Lo que toca ahora es buscar alternativas para que otro tipo de empresas y de negocios tomen el relevo del empleo vinculado a Almaraz.

Hay que tener en cuenta que será una transición suave en la medida de que durante otros 15 años, más o menos, a contar desde el cese total de la actividad, la central nuclear seguirá empleando a un buen número de trabajadores en labores de desmantelamiento. La de Zorita, por ejemplo, cerrada en 2006 lleva en ese proceso desde 2010. Unas 200 personas se encuentran trabajando allí todavía.

Ese será, en cualquier caso, otro proceso. El horizonte que nos importa en estos momentos es el de 2028 al que se han comprometido las empresas propietarias de Almaraz garantizando una inversión máxima de 605 millones de euros. No se trata de echar un jarro de agua fría sobre el acuerdo alcanzado la madrugada del viernes por Iberdrola, Endesa y Naturgy, pero sí debemos ser conscientes de que en el caso de que el Consejo de Seguridad Nuclear proponga acciones que rebasen esa cantidad, el futuro de Almaraz puede incluso acortarse un poco más. O al menos obligaría a formular otro acuerdo.

En los próximos meses se conocerá las exigencias técnicas del CSN y su posterior cuantificación económica, y aunque las empresas propietarias son optimistas respecto a que la cantidad millonaria pactada será suficiente, conviene tenerlo presente. Almaraz, después de todo, es una industria más que debe ser rentable para sus propietarios.

En este sentido, Iberdrola, socio mayoritario, no solo ha flexibilizado su postura inicial para aumentar la cifra de inversiones que resulten necesarias en la central nuclear, hasta un tope del 50% de los 400 millones que contemplaba el plan de negocio, sino que la semana que finaliza ha anunciado su contundente apuesta por las energías renovables en suelo extremeño.

En Usagre ha comenzado la mayor plata fotovoltaica de Europa, de 500 megavatios, al mismo tiempo que se han conocido otros proyectos que hasta el año 2022 sumarán la misma producción de energía que tiene actualmente Almaraz. Es verdad que con otros condicionantes y con una menor carga de empleo, pero no deja de tener una fuerte carga simbólica este mes de marzo en el que se empieza a poner el punto de final de las plantas nucleares mientras se abren camino las nuevas fuentes de energía.

Se trata de una nueva transición en la que Extremadura está llamada a jugar un papel importante. Su reto es generar el 20% de las energías renovables en 2030, coincidencia prácticamente con el cese de actividad en Almaraz.

Es claro que las nuevas fuentes de energía serán un componente esencial es esta transición económica y social a la que debe hacer frente la región en la próxima década. Pero también es cierto que con solo con ellas no será suficiente para sostener el modelo económico. Así que, una vez que las empresas se han puesto de acuerdo en el calendario de Almaraz y trabajarán para cumplir sus compromisos, que los representantes públicos también se pongan de acuerdo en diseñar, sin demagogias y con responsabilidad, un plan b para garantizar el futuro.