Los últimos días de la tienda de San Jorge

Ana Belén Garrido ya ha comenzado a embalar la mercancía. /Lorenzo Cordero
Ana Belén Garrido ya ha comenzado a embalar la mercancía. / Lorenzo Cordero

El establecimiento, dedicado a la venta de recuerdos desde hace 49 años, será desalojado el lunes por orden judicial

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Cigüeñas, gorras de Montehermoso, imanes para la nevera... En la tienda de recuerdos de la Plaza de San Jorge el tiempo corre en contra. Sus estanterías se van quedando poco a poco vacías. Su inquilina, Ana Belén Garrido, tiene que desalojar el próximo lunes por orden judicial el local que ocupa su familia desde hace 49 años.

Agentes del juzgado y la Policía Local se desplazarán a las once de la mañana a este rincón de la Ciudad Monumental para devolver el establecimiento a su propietario, el Ayuntamiento. Esta medida viene motivada por el pleito mantenido en los tribunales entre la tendera y el Consistorio, que arrancó a finales de 2014.

Ana Belén tiene sobre el mostrador pequeños trozos de plástico de burbujas para embalar. Una vez envueltas, deposita las piezas en cajas que va llevando a un almacén. «Lo voy a guardar todo. Todavía no me he planteado qué voy a hacer con todas estas cosas», responde cuando se le pregunta si dará salida a los 'souvenirs' por internet.

La tienda de recuerdos de San Jorge, la única que subsiste en este enclave, afronta sus últimos días. «Apuraré hasta el último momento. El domingo voy a tener abierto. Aunque esté empaquetando, si me piden una botella de agua o un imán lo voy a despachar. Y el lunes por la mañana me voy a venir y voy a poner mis cigüeñitas, mis imanes y mis postales en la puerta», asegura Ana Belén Garrido.

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Entre los artículos que dan color al establecimiento hay algunas gorras de Montehermoso que llevan la firma de su madre, Jacinta González. Esta mujer, que ahora tiene 82 años, fue una de las artesanas que desembarcó en los años 60 en estos locales. Fue entonces, hace medio siglo, cuando la Corporación del alcalde Alfonso Díaz de Bustamante decidió abrir estas tiendas en una plaza que acababa de ser remodelada. Con la reforma se habilitaron estas dependencias, pequeños locales para ser alquilados a un módico precio a artesanos y vendedores de recuerdos.

Carteles

Por aquí han pasado la señora Pepa, la bolillera, y el señor Vicente haciendo sus mantas traperas. Había también un herrero y el orive Lorenzo Llanos, que se jubiló en el año 2008. En 2013 se despidió Santiago Rodríguez, que también regentaba una tienda de recuerdos. Y, desde entonces, Ana Belén Garrido –que continuó con el local asignado a su madre–, ha estado al frente del último establecimiento de 'souvenirs' que ha resistido en la plaza.

Sus quebraderos de cabeza llegaron a finales de 2014, cuando el Ayuntamiento le comunicó que tenía que dejar libre la tienda a partir del 1 de enero de 2015, ya que el contrato de alquiler expiraba. El Consistorio convocó en 2013 un concurso público en el que resultó adjudicataria la Fundación Mercedes Calles . Así, el espacio ocupado por Ana Belén pasaría a integrarse en la cafetería Jardín de Ulloa –regentada por la fundación– una vez que venciera el contrato de alquiler de la tendera.

Apelando al derecho al tanteo, Garrido decidió iniciar un litigio judicial que, hasta ahora, no le ha sido favorable. Ni el Juzgado número 5 de Cáceres ni la Audiencia Provincial le han dado la razón. Permanece a la espera del recurso presentado ante el Supremo. «El pez grande se come al pequeño. Me voy al paro», se lamenta Ana Belén.

A modo de desahogo ha colocado en la fachada de la tienda dos carteles. En uno narra la historia de un señor feudal que se encapricha del terreno que una chica humilde explota desde hace años. Y en el otro letrero pone de manifiesto la situación por la que atraviesa. «Obligados a cerrar tras 49 años este establecimiento, mi medio de vida, sin derecho a poder optar a renovar el contrato», denuncia.

 

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