Comer con etiqueta

Comer con etiqueta

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

No es lo mismo arte que hartar, ser que estar, las listas negras que las manos blancas. Cantaba Alejandro Sanz. Y no es lo mismo, no, un cordero criado en libertad en los pastos de La Serena que otro criado con pienso en un barco durante la travesía entre Nueva Zelanda y España. No, no es lo mismo una miel china que una miel extremeña multifloral, una carne de ternera del país que ha pastado en extensivo que la carne de terneras estabuladas, ni un tomate insípido de no se sabe dónde que un tomate carnoso y jugoso de Miajadas. No es lo mismo comprar productos bien etiquetados que nos cuentan su origen y sus características que comprar productos de procedencia desconocida y sin garantías. Extremadura se la juega en las etiquetas. Nuestra diferencia, nuestra ventaja y nuestra imagen de marca es la calidad de nuestros alimentos. Es lo que tiene el atraso histórico y el llegar tarde al desarrollismo, que se conserva el medio ambiente y sobra territorio para que el ganado se críe y se alimente de manera natural. La miel, el arroz, el vino, la fruta, el aceite, la carne, el queso, los embutidos, las verduras. El catálogo de nuestras exquisiteces con sabores puros e intensos no cabría en un folleto de hipermercado. El problema es que necesitamos desenmascarar lo que comemos, como proponen UPA-UCE y la OCU en la campaña europea 'Eat original'. No es lo mismo comer con etiqueta que no saber lo que comemos.