Cáceres en Juego de Tronos

Cáceres en un fotograma del primer capítulo de la nueva temporada de Juego de Tronos. / HOY

Aparece una imagen nocturna de Veletas y un agradecimiento

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando la productora de Juego de Tronos me pidió que dejara hacer pis a los extras en el baño del lugar donde trabajo, respondí que sí, que no había problema, pero que debían poner un guardia de seguridad porque los extras de una serie anterior habían atascado los baños y se habían llevado, quizás por descuido, algunos ratones de ordenador. A causa de esta negociación sin mayor alcance, me entrevistaron durante 15 minutos en un programa de radio de alcance nacional y me quedó claro que Juego de Tronos es como el nuevo Rey Midas: cuanto toca lo convierte en oro, o sea, en difusión.

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El lunes, a las tres de la madrugada, se estrenó la séptima temporada de Juego de Tronos y ya en el primer capítulo apareció Cáceres en dos ocasiones: una imagen de la parte antigua y un agradecimiento final. Fueron dos destellos rápidos y solo nos enteramos los cacereños, que veíamos la serie atentos a cualquier guiño extremeño. Pero a las pocas horas, las redes sociales habían multiplicado la imagen y todo el universo tronista tenía un nuevo lugar que visitar para disfrutar de su pasión: la plaza cacereña de las Veletas, la torre de las Cigüeñas, la parte trasera del convento de Las Claras de Arriba y una especie de faro luminoso en que los directores de arte convirtieron la espadaña de la iglesia de San Mateo, una de cuyas fachadas laterales también aparece en la primera imagen cacereña de Juego de Tronos. Eso sí, todo difuminado, de noche, en una imagen expresionista e inquietante.

Si en el primer capítulo, esta imagen difusa, confusa y fugaz ya ha despertado emociones en medio mundo, imaginen lo que puede provocar esa batalla de Los Barruecos cuyo presupuesto, si hacemos caso a las informaciones aparecidas durante el rodaje, equivale al presupuesto municipal anual de Plasencia.

El primer capítulo de la séptima temporada de Juego de Tronos comienza de manera espectacular y con lo que mejor saben hacer en esta serie: muchas muertes. Yo no he visto nunca matar como se mata en Juego de Tronos. Después de ver las muertes que se suceden sin cesar en esta serie, todas las muertes de la tele y el cine me parecen fruslerías, bobadas, naderías sin gracia. En Juego de Tronos se mata de verdad, a lo bestia y sin concesiones. No hay peleas tontas y aburridas de mandoble va, mandoble viene. Aquí todo va directo a la yugular y sin contemplaciones. Y así empezó el capítulo, con un centenar de soldados envenenados con vino por una adolescente disfrazada de vejestorio. A lo grande.

No tan a lo grande, sino más bien a lo diminuto y con ritmo de exhalación, pasó por la pantalla el otro momento Cáceres de Juego de Tronos. Fue al final de los títulos de crédito. Tras decenas y decenas de actores, ayudantes, colaboradores y técnicos, muchos de ellos españoles, se vieron los agradecimientos. Bueno, los vería un halcón porque aquello era imposible de leer si no se accionaba la pausa. Me costó rebobinar y pasar cinco veces la secuencia hasta que pude detenerla. En concreto, se podía leer, aunque no creo que nadie lo leyera: «Filmed with the participation of Diputación Foral de Gipuzkoa, Diputación Foral de Bizkaia, Ayuntamiento de Cáceres». Aunque repito: no trasciende ese flash, sino su difusión en las redes sociales.

En el lugar donde trabajo, hay un pozo que da a un aljibe. Los productores de Juego de Tronos inspeccionaron pozo y aljibe para rodar allí la toma de un castillo por un pasadizo, pero el aljibe resbalaba demasiado y los responsables de riesgos laborales lo descartaron. Si por un pis me llevaron al programa de Julia Otero, por un pozo hubiera acabado en la CBS.

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