Dani, un súper niño con la mano de Iron Man

Dani presume de su mano de Iron Man junto a sus compañeros del fútbol. / C. Moreno

Nació con media palma derecha y ahora con 6 años acaba de estrenar una prótesis que imita a la armadura de su superhéroe favorito hecha con una impresora 3D

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

Cuando Dani recibió su mano fue como estrenar un 6 de enero el juguete que agota existencias un mes antes de Reyes. No se la quitó en todo el día. De eso hace apenas un mes. A sus seis años, por primera vez se ve dedos en su mano derecha. No son de carne y hueso porque su deseo no era ese, su deseo era tener la mano de su superhéroe favorito, Iron Man. Con tres materiales de bajo coste: plástico, goma y cuerdas de guitarra, y una impresora 3D, Dani ha logrado tener súper poderes. Él es plenamente consciente de las habilidades que ha ganado teniendo diez dedos. «Puedo beberme sin ayuda el colacao, abrir una puerta o lanzar una pelota de tenis», relata con los ojos abiertos como platos y una sonrisita de medio lado que le da un gesto pícaro. La tecnología le ha dado autonomía para desenvolverse en su día a día y a coste cero. La asociación ExtreMakers y la empresa extremeña Sirok le han hecho su mejor regalo.

Características

Proceso
Primero hicieron el molde de su mano en yeso, luego lo sacaron por impresora 3D, lo digitalizaron hasta dar con el diseño que se ajustaba a Dani. Por último, se sacó por impresora 3D en plano y se amoldó con calor.
Materiales
Plástico, goma y cuerdas de guitarra.
Extras
Las terceras falanges son reflectantes y en la palma tiene una luz led.
Tiempo
La impresión de la mano se hizo en un día.
Coste
Menos de 50 euros.

Daniel Salguero Ramos nació con media palma en su mano derecha. Su madre, Ana Isabel Ramos Carballo, tenía entonces 18 años. Se enteró a los cinco meses de embarazo mientras le hacían una ecografía. «En ese momento me llené de miedos, pensé que se me acababa el mundo». ¿Por qué a mí? ¿por qué a mi hijo? Preguntas inevitables que volvió a repetirse cuando lo vio por primera vez. «Me quedé en shock», recuerda.

Ese impacto inicial se fue disipando al compás del esfuerzo de Dani por hacer lo mismo que cualquier niño de su edad. A su lado, una familia que nunca le admitió un ‘no puedo’ como excusa. «Yo le he enseñado siempre a hacer las cosas por sí mismo, porque enseguida me di cuenta de que podía llevar vida normal. Eso es lo que siempre he intentado que hiciera», dice Ana Isabel, su madre.

Con plástico, goma y cuerdas de guitarra, Dani puede beberse solo su colacao, abrir una puerta y lanzar una pelota de tenis

En lenguaje administrativo, Dani tiene un 45 por ciento de discapacidad, un porcentaje que leído en frío invita a pensar que convive con unas limitaciones que, en realidad, no experimenta. Sube a los toboganes por la rampa, utiliza su camiseta para comer pipas y gana a su padrastro jugando a la playstation.

La falta de dedos en la mano derecha la ha suplido hasta ahora con imaginación. Y eso pese a que, como apunta su padrastro, José Antonio Rodríguez, «el mundo está hecho para los diestros. Los pasamanos, las botoneras, los frenos de la bici, las tijeras… todo está pensado para usarse con la mano derecha».

A los 4 años llegó la pregunta

Dani es zurdo porque no le ha quedado más remedio. De hecho, en el fútbol su pierna buena –como él mismo la llama– es la derecha. A los cuatro años ingresó en la categoría Zagalín, la más baja de la cantera del Club Deportivo Badajoz, donde juega desde entonces como delantero, soñando ser algún día como Cristiano Ronaldo. A esa edad fue precisamente cuando empezó a tomar conciencia de que le faltaba parte de su mano derecha. Hasta entonces nunca antes había preguntado ni le habían preguntado a él.

«¿Yo por qué tengo la mano así, si todos tienen más dedos?». Fue la pregunta que le lanzó a su madre, quien no tuvo que darle más explicaciones que esta: «Porque naciste así». Y con una naturalidad pasmosa se dio por satisfecho.

En la palma, le han incorporado un circuito de luces led que imita la que tiene el superhéroe de Marvel

Desde entonces, la respuesta de su madre la repite como un mantra cada vez que algún niño le espeta eso de: ¿qué te ha pasado en la mano? Le aburre la pregunta, dice su padrastro, pero curiosamente responderla es lo que le devuelve a la normalidad. «Cuando entra por primera vez en un grupo que no conoce, al principio esconde la mano porque sabe que le van a preguntar, pero una vez que responde ya se le olvida completamente. Es un niño muy abierto», cuenta.

A Dani no es al único que le preguntan. A su madre le sigue indignando que alguien le suelte la coletilla lastimera de ‘pobrecito’, cuando explica que su hijo no tiene dedos en su mano derecha. «¿Pobrecito? Pobrecito por qué. Me da mucha rabia, mi hijo puede valerse por sí mismo».

Los resultados que le está dando a Dani su nueva extremidad es una esperanza para otros niños

Este convencimiento nunca le llevó a plantearse que Dani necesitara una prótesis. Al contrario, rehusaba pensar en esa posibilidad, temiendo que darle a su hijo una mano artificial haría que notase más su discapacidad. «No quería prótesis, él no tiene ningún problema en mostrarse con los demás niños y pensaba que poniéndosela podría tener más reparo a la hora de relacionarse», reconoce.

El empujón para cambiar de idea se lo dio José Antonio, su pareja, quien llegó a su vida y a la de Dani hace tres años. Él es quien ejerce de padre, quien lo ha aficionado a las motos, con quien ve películas de superhéroes y por el que Dani se ha vuelto tan presumido que no consiente salir de casa si la camiseta no combina con el pantalón. Él también es quien un buen día, por Internet, vio un vídeo en el que el actor que da vida a Iron Man en las películas, Robert Downey Jr., le regala un brazo biónico a un niño de 7 años con el aspecto de su armadura.

Dani es zurdo porque no le ha quedado más remedio, pero al fútbol juega con su pierna derecha

A partir de ese momento, José Antonio empezó a mover hilos hasta llegar a ExtreMakers, la asociación extremeña de aficionados a la tecnología, que se ofreció a hacerle una mano a Dani a la carta con impresión tridimensional y hecha a su medida.

La decisión final de encargar la mano fue del propio niño. «Quería una que mezclase las de Iron Man, Hulk y Spiderman», cuenta Dani. «Seguramente fue la luz que tiene en la palma de la mano lo que le hizo decantarse por Iron Man», apostilla su padrastro.

En cada prueba de los distintos prototipos que le hicieron en el Parque Científico y Tecnológico de Extremadura en Badajoz, Dani siempre preguntaba lo mismo: «¿Me la puedo llevar?». Poco a poco su madre fue convenciéndose. La prótesis que le estaban haciendo a Dani poco tenía que ver con las extremidades ortopédicas del mercado.

Su mano es como la armadura de Iron Man pero con aspecto humano. Es de color rojo y se distingue la forma de cada uno de los dedos y las uñas. Las puntas de los dedos son de color amarillo fosforescente y brillan en la oscuridad. Y cinco cuerdas de guitarra cosen cada falange y hacen la función de las articulaciones. La mano va sujeta a su antebrazo con un doble cierre de velcro. Incrustado en su palma tiene un circuito de luces led, que se ilumina cuando se activa presionando el minúsculo botón que le han colocado bajo el dedo índice. De esta forma han logrado imitar el lanza rayos de la armadura de su superhéroe.

«Alucinó, cuando la vio alucinó y nosotros también alucinamos porque nos esperábamos algo más básico, con aspecto más robótico como la mano del vídeo», confiesa José Antonio Rodríguez. Su adaptación en menos de un mes ha sido sorprendente. Ha aprendido a abrir y cerrar la mano tensando y destensando las cuerdas de guitarra, una función que irá perfeccionando conforme gane músculo en su antebrazo, en el que ahora no tiene fuerza. Para eso su terapeuta le ha aconsejado a los padres que haga ejercicios con unas pesas ligeras de muñeca. De esta manera y sin apenas darse cuenta, se irá preparando para llevar en un futuro una mano más compleja y quizás también más pesada, en la que ya piensan desde ExtreMakers.

Gestos que son hazañas

Dani también puede ahora agarrar objetos con las dos manos y lanzarlos con la derecha, movimientos que para él son una hazaña. Por eso se siente un superhéroe, por eso ahora también presume de mano.

Recién estrenada, Dani no esperó para llevarla al colegio. «Quería enseñársela a todo el mundo. Ese día entré con él en clase y sus compañeros le decían que querían una igual, que le iban a decir a sus padres que le comprasen una», cuenta su madre. Tampoco a su entrenamiento de fútbol:«No habíamos visto nada así y flipamos todos», recuerda su entrenadora, Jésica Méndez.

De momento, Dani usa su mano como si fuera un juguete. La coge cuando quiere y la suelta cuando le apetece. «No queremos forzarle a que la tenga todo el día puesta. Es pronto y yo lo único que quiero es que esté bien con ella», valora su madre. Para su padre, ver los resultados que le está dando la mano a Dani es una esperanza para otras familias que tienen hijos con una discapacidad similar. «Estoy muy agradecido con la ayuda que le han dado a Dani y ahora poder ayudar a otros padres que tengan peores situaciones que la nuestra me llena muchísimo».

Dani no es más feliz de lo que era antes de tener su mano de Iron Man, solo es más autónomo. Su única preocupación sigue siendo la misma que hace un mes: saber el tiempo que hará al día siguiente para hacer planes en todas sus horas libres. Hasta ahora solo hay una cosa que se le resiste, atarse los cordones, pero seguro que lo conseguirá porque como repite cada vez que se pone su mano: «Yo soy Iron Man».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos