La autovía como símbolo

La construcción de la A-5 primero y luego de la A-66 han sido la metáfora del desarrollo de Extremadura a finales del siglo XX

Acto de inauguración de unos de los tramos de la A-66, Autovía de la Plata. :: /HOY
Acto de inauguración de unos de los tramos de la A-66, Autovía de la Plata. :: / HOY
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

Los extremeños hemos estado tan orgullosos de nuestras autovías que durante mucho tiempo nos olvidamos de viajar en tren. Hay que reconocer que aunque es verdad que el ferrocarril se olvidó de Extremadura, nosotros también nos habíamos olvidado de subir al vagón para nuestros desplazamientos, sobre todo dentro de la región. Nunca sabremos qué fue antes, si el poco número de usuarios influyó en la dejadez de Renfe o si la dejadez de Renfe espantó a los usuarios. El caso es que mientras el ferrocarril languidecía, los extremeños hablábamos orgullosos de cuánto tiempo empleábamos en ir de Badajoz a Madrid, o de Cáceres a Sevilla, o de Mérida a Plasencia por nuestras nuevas carreteras. En fin, las autovías han sido la metáfora del desarrollo de Extremadura de finales del siglo XX y principios del XXI, y a la evolución de las obras de la A-5 primero y luego de la A-66 se le puso tanto interés como ahora se observa el lento avance de la alta velocidad.

Con las autovías, kilómetro a kilómetro, piedra a piedra, Rodríguez Ibarra y Alvarez Cascos, a la sazón responsable de Fomento, se fueron haciendo amigos, de tantos tramos que inauguraron. A Borrell ya se le ha perdonado que un día dudara de la necesidad de que Extremadura estuviera conectada por autovía con Madrid porque el número de vehículos no lo justificaba. Era su etapa de ministro de Obras Públicas, después de pasar por Hacienda, y los números entonces lo eran todo. Ahora es reconocido por su defensa sensata de la unidad del territorio y la cohesión de España, pero no hay nada que una mejor a los pueblos que una buena autovía.

Poder circular a 120 eleva tanto la autoestima que nuestros nacionalistas, Extremadura Unida, también exigieron al PSOE que hiciera la de Trujillo a Cáceres como una de las condiciones para entregarle una vez el ayuntamiento cacereño. Y no hay ni que recordar que el hecho de que las dos capitales de provincia extremeñas no estén unidas por autovía (en realidad sí lo están, si se va por Mérida) continúa provocando una punzada de tristeza en el alma extremeña.

El globo sonda de que el Gobierno se plantea cobrar por circular por ellas puede ser un guiño a Cataluña, siempre tan quejosa de todos los peajes a los que deben hacer frente sus ciudadanos mientras los demás circulamos libremente. Cualquier razón es buena si hay ganas de irse de España.

No se me ocurre otra razón que justifique el que se haya dado rienda suelta a este asunto en plena canícula, y menos aún con la amenaza de unas elecciones generales a la vuelta del verano. Quizás es que no lo sabemos interpretar y es la mejor señal de que no tendremos que volver a las urnas y de que, como dice precisamente el titular de Fomento, José Luis Ábalos, la formación del Gobierno se arreglará en el último minuto. De lo contrario, no hay asesor de comunicación que aconseje sacar temas tan impopulares si los ciudadanos debemos votar dentro de poco.

Que el mantenimiento de las autovías cuesta mucho dinero es algo que ya sabíamos. Cuesta como todo, como los hospitales. O como el de las carreteras convencionales, pero no por ello se está pensando en cobrar por circular por ellas, que se sepa. Los extremeños, además, saldríamos perdiendo en todos los casos pues, según lo adelantado, el dinero recaudado serviría para reducir el peaje de las autopistas privadas, que no hay en Extremadura, y en liberar las peajes en aquellos tramos que vencen próximamente, como el que une Sevilla con Cádiz, que sería lo más próximo a nosotros. Casi todos los demás están en el arco mediterráneo y el País Vasco.

Se argumenta que esta circunstancia ha ido creando una red terrestre insolidaria, en la que unos pagan y otros no. Es la primera vez, que recuerde, que aunque sea de manera sutil se nos dice a los extremeños que somos insolidarios con las regiones ricas de España. Quizás deberíamos tener mala conciencia por poder circular con seguridad, sin curvas como las del Tajo que hace poco dejamos de utilizar entre Cáceres y Plasencia, o sin atravesar Almendralejo, o sin marearnos en Miravete. Todos debemos ser iguales, han dicho como principal argumento, y la igualdad consiste en pagar, aunque yo creía que era recibir los mismos servicios.