Donde el Alagón se hace Tajo

Desembocadura del Alagón, con el embalse y la villa de Alcántara al fondo. :: E.R./
Desembocadura del Alagón, con el embalse y la villa de Alcántara al fondo. :: E.R.

Visitamos la confluencia de estos dos ríos en un paraje salvaje

J. R. ALONSO DE LA TORRE

No se pueden perder esta excursión. Un extremeño no puede morir sin haber conocido este lugar emblemático y precioso. Este sábado nos vamos a acercar a un punto mágico de nuestra geografía: el sitio donde empatan dos de los ríos fundamentales de la región, el Tajo y el Alagón, situado unos hectómetros antes del muro de la presa de Alcántara, en el término municipal de Ceclavín.

Llegar hasta aquí no es sencillo. Será por eso que los únicos turistas que encontramos son campistas alemanes, que estacionan sus caravanas cerca de la confluencia de ambos ríos. Los alemanes son unos adelantados de las rutas turísticas. Ellos descubren, con años de antelación, lo que dentro de un tiempo atraerá a cientos de viajeros. Los alemanes descubrieron Finisterre cuando nadie iba por allí, Mallorca cuando a nadie le interesaba. La unión del Tajo y el Alagón cuando visitar esa desembocadura garantiza la soledad y el silencio para disfrutar de la belleza suprema, de la naturaleza salvaje.

El Alagón es el afluente más largo del río Tajo. Son 205 kilómetros de un curso de agua que nace en Frades de la Sierra (Salamanca) y desemboca en el Tajo entre Alcántara y Ceclavín. El Alagón recoge las aguas de los ríos que conforman los valles más bellos de Extremadura: el Jerte y el Ambroz. También desembocan en él los ríos hurdanos y de las Batuecas e incluso el río Cuerpo de Hombre, que alegra los campos de Candelario y Béjar. A medida que se acerca al Tajo, el Alagón se va encajonando en desfiladeros como el de los Canchos de Ramiro. Desde ahí, en Cachorrilla, discurre encerrado entre peñascos, jalonado de buitreras, hasta morir mansamente.

Para disfrutar de la unión de estos dos ríos tan bellos, hay que llegar a Ceclavín y coger la antigua carretera de Alcántara, que no iba a Alcántara, sino al Tajo, donde se cogía una barca que llevaba hasta la capital judicial y administrativa de la comarca. Esta carretera aparece en los mapas con el misterioso nombre de Carretera Abandonada. Hay que cogerla cerca de la iglesia de Ceclavín y seguir siempre por la calzada asfaltada, obviando los numerosos ramales que salen a izquierda y derecha. La Carretera Abandonada es estrecha y con baches. Discurre entre viñas, olivares y fincas de almendros. A mitad de camino, el asfalto deja sitio a la tierra y los baches se hacen más profundos y frecuentes. La carretera empieza a descender hacia el río. De vez en cuando, a la derecha, se ve el Alagón. Después, tras una loma, se distingue, abajo, el Tajo, y al fondo, el muro de la presa y la villa de Alcántara. Durante el trayecto, también veremos Mata de Alcántara, enfrente, y Garrovillas, al este y a lo lejos.

A medida que avanzamos, la vegetación va siendo más y más exuberante. El camino desciende en curvas y contracurvas y, cerca ya del Tajo, a la derecha, se ve una senda ancha donde se puede aparcar si no queremos llegar hasta el cauce y preferimos ver los dos ríos desde lo alto. Dejamos, pues, el vehículo, aunque también podríamos haber venido andando, en un paseo de más de dos horas, o en bicicleta.

Es el momento de bajar caminando hasta el río, de subirse a una loma para disfrutar de la desembocadura a vista de pájaro, de descubrir acebuches y piruétanos, o sea, perales silvestres, que solo se dan en lugares de naturaleza pura y aire sin mancha como este paraíso fluvial o el parque natural de Cornalvo.

En el atardecer primaveral, la hierba brillando, los árboles estallando, los pájaros gozando y el agua fluyendo conforman, en esta desembocadura, un no lugar donde todo es posible salvo el hastío.