El guardián anónimo de las farolas de Cánovas

El guardián anónimo  de las farolas de Cánovas

«Un ciudadano desconocido» coloca carteles en las luminarias más antiguas del paseo, para las que pide una mano de pintura

MARÍA JOSÉ TORREJÓN

Casi pasan inadvertidas entre la frondosa vegetación del Paseo de Cánovas. Tres antiguas farolas de principios del siglo pasado sobreviven en el céntrico bulevar cacereño.

Hace unos días aparecieron con un mensaje pegado: «Farola centenaria, fabricada en Sevilla por la empresa J. Miró y Cía., colocada en el parque hace más de cien años. Necesita ser pintada para mantener su conservación, para contemplación de los cacereños presentes y del futuro», rezaba el cartel. Entre paréntesis, al final del texto y a modo de firma, decía: «(un ciudadano desconocido)».

Los carteles ya han desaparecido, pero las farolas siguen ahí con su apariencia de óxido, sin alumbrar. ¿Cuál es su origen? Se desconoce con exactitud su fecha de instalación, pero hay que viajar en el tiempo y remontarse a comienzos del siglo XX para contextualizar su aterrizaje en la ciudad.

Ninguno de los tres elementos alumbra ya. Han quedado como testigos del paso del tiempo

Testimonio

Convertidas ya en testimonio histórico de una época, estos elementos del mobiliario urbano aparecen ya en fotografías de los años veinte, cuando en Cánovas había poco más que una hilera interminable de árboles y un templete.

Se encuentran distribuidas a lo largo de la zona de árboles situada a la izquierda del paseo, en dirección a la Plaza de América desde la Fuente Luminosa. Están empotradas en hormigón y funcionaban con una lámpara incandescente.

Alumbrado público

Están dispuestas de forma lineal. La primera se encuentra junto a la estatua de Muñoz Chaves. La segunda se sitúa a unos escasos metros del quiosco de la música. Y la tercera, al final de la zona ajardinada, próxima esta vez de la estatua del poeta salmantino Gabriel y Galán.

El alumbrado eléctrico público se inauguró el 28 de mayo de 1897 y sustituyó el alumbrado de aceite de petróleo que causaba alguna molestia por su olor. El Paseo de Cánovas se trazó en el año 1896. Hasta entonces, la ciudad llegaba hasta la calle San Antón y tenía en la Casa de las Chicuelas su límite urbano.

Ahora un viandante, que prefiere escudarse en el anonimato, pide atención para tres farolas que ya no alumbran, pero son testigo del paso del tiempo y de la evolución de un paseo pensado para conectar la ciudad con la antigua estación de ferrocarril.