Las farolas centenarias, listas para volver a Cánovas

La restauradora Patricia Penis da los últimos retoques a una de las tres farolas centenarias. :: JORGE REY/
La restauradora Patricia Penis da los últimos retoques a una de las tres farolas centenarias. :: JORGE REY

La restauradora Patricia Penis ha devuelto a las luminarias su esplendor original para que vuelvan a funcionar | Eléctricas Pitarch, que ha costeado la recuperación, está a la espera de que el Ayuntamiento indique el lugar exacto donde deben ser instaladas

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

En el interior de una nave situada en la carretera nacional 630, antes de llegar al polígono industrial de Casar de Cáceres, las tres farolas centenarias del Paseo de Cánovas vuelven a la vida. Tras permanecer durante décadas en el olvido, cubiertas de óxido, estas luminarias recuperan su esplendor original. La restauradora Patria Penis Rentero lleva la batuta de esta intervención tan singular.

En ella pensó Eléctricas Pitarch, la empresa encargada de sufragar el proyecto, cuando aceptó la propuesta de la concejalía de Cultura para restaurar las farolas más singulares de Cánovas. También eran, hasta entonces, las que pasaban más inadvertidas a ojos de los viandantes.

El dato: 6.000 euros

Es el dinero que cuesta la restauración de las tres farolas. Cada pieza mide ocho metros de alto y tiene tres metros de ancho. Formaron parte del primer alumbrado que se instaló en el Paseo de Cánovas.

Penis restauró hace ocho años las turbinas de la central hidráulica de Hervás. Esa fue su primera toma de contacto con Pitarch. Aunque está especializada en la recuperación de muebles y retablos de madera de iglesias, tampoco ha podido decir que no a este encargo. «He aceptado el trabajo por la singularidad», cuenta, pincel en mano.

Las grandes dimensiones de las farolas han hecho que Patricia haya cambiado por unas semanas su taller habitual, situado en la calle Hernando de Soto, por una nave industrial familiar. Era, cuenta, físicamente imposible trabajar en un local convencional. Así que hubo que buscar una alternativa. Las luminarias miden ocho metros de alto por tres de ancho.

El pasado 1 de abril fueron retiradas por operarios municipales de su emplazamiento original. Como no cabían en el camión, se optó por cortar los brazos, que han sido reemplazados por piezas nuevas en su lugar. Las originales, detalla Penis, estaban corroídas.

Explica la restauradora que la intervención ha sido llevada a cabo por un equipo multidisciplinar. El primer paso consistió en aplicar un chorro de arena sobre las farolas. Esta técnica se emplea para dejar al desnudo el material original -las farolas están hechas en hierro fundido- y eliminar el óxido, así como los restos de pintura. «Con el chorro de arena queda el metal como nuevo. Hemos descubierto que había pintura de varios colores», ilustra Penis Rentero.

Tras la aplicación del chorro de arena, el turno fue del herrero, que se encargó de realizar los nuevos brazos, de ajustar piezas y fijar remates. Además, también se han sustituido los antiguos faroles, que eran de latón, por el mal estado en el que se encontraban.

Gris y verde

La tercera fase ha sido la del acabado. Patricia ha pintado a mano cada centímetro. Ha elegido un gris oscuro para el cuerpo principal de las farolas. Y ha optado por el verde para destacar las molduras vegetales y el resto de detalles de cada pieza. Cuenta que había pequeños vestigios de esta última tonalidad y ha apostado por conservarla.

El trabajo de pintura está concluido y ya solo falta la visita de los electricistas, que se encargarán de hacer los ajustes precisos para que las luminarias vuelvan a dar luz. Las farolas están prácticamente listas para regresar al Paseo de Cánovas.

Desde Eléctricas Pitarch aseguran que permanecen en estos momentos a la espera de que el Ayuntamiento les indique el lugar exacto donde quiere que se instalen dentro del Paseo de Cánovas y la fecha concreta para devolverlas al corazón urbano. El Consistorio, que todavía no ha elegido los emplazamientos definitivos, quiere situarlas en un lugar más visible al original, donde quedaban ocultas por la vegetación. Se espera que su instalación sea cuestión de días.

Patricia Penis ha llamado a la puerta del Archivo Histórico Municipal para documentarse sobre estas farolas tan especiales. Su responsable, Fernando Jiménez Berrocal, detalla que formaron parte del primer alumbrado que se instaló en el Paseo de Cánovas y que es muy probable que daten de los años veinte, aunque se desconoce la fecha exacta de su instalación. El presupuesto de la restauración asciende a 6.000 euros.