De Cáceres a Seúl para anunciar el Evangelio

Julia Simón y Jesús Caletrio con Adrián, Samuel y Ruth en un parque cercano a su casa. :: JORGE REY/
Julia Simón y Jesús Caletrio con Adrián, Samuel y Ruth en un parque cercano a su casa. :: JORGE REY

Una familia cacereña se marcha a Corea del Sur para evangelizar en el país asiático

PABLO CALVOCáceres

Julia Simón y Jesús Caletrio se conocieron durante un viaje de peregrinación a Fátima. Ella tiene 30 años y él 31, y tienen tres hijos, Ruth, de tres, Adrián, de dos, y el pequeño Samuel, de apenas seis meses. Los cinco partirán mañana hacia Seúl, donde se quedarán a vivir con el objetivo de trasladar a la población coreana su visión de Dios y de la religión católica. «Nos vamos sin billete de vuelta», aseguran, con una normalidad absoluta.

La noticia fue adelantada ayer por la agencia Efe después de que la parroquia de San José les brindara la pasada semana una ceremonia de despedida.

En los últimos meses han comenzado a estudiar coreano («es más fácil que el chino y el japonés, aunque la gente piensa que todo suena igual») y también esperan defenderse con su inglés. Julia, de familia placentina, se trasladó a Cáceres para estudiar en la Universidad Educación Infantil, y Jesús, también nacido en Plasencia, pero residente en la capital cacereña desde los seis años, es ingeniero civil. También ha dado clases, «pero nada demasiado continuado, el tema laboral no nos ata demasiado aquí».

Lo que más les cuesta, reconocen, es la familia. «Están contentos por nosotros, pero se nota que les está costando, tienen pena de llorar, a las abuelas les gustaría estar más cerca de los nietos por ejemplo para verlos crecer. Se dan las dos situaciones».

«No es solo construir un colegio o un hospital, la esencia es evangelizar», explica la joven pareja

También intuyen que echarán de menos el hablar mucho. Ambos forman parte de familias numerosas (en el caso de Julia son siete hermanas) e intuyen que la sociedad coreana será más cerrada que la española, pese a que se incorporarán a una gran urbe mundial como Seúl.

El matrimonio demuestra una optimismo desbordante ante su nueva etapa y la idea de vivir sin tantas ataduras materiales ni seguridades vitales . «Aquí hemos formado una familia sin tener un trabajo fijo, con un piso de alquiler, un coche que va regular, y todo ha ido bien, no se necesitan tantas cosas. Además, hoy en día no se le da tanto valor a la familia, por ejemplo. Pero nosotros somos felices así y queremos decírselo a los demás», reflexionan.

Explican que la idea de marcharse no surgió un día concreto. «Es un proceso, formamos parte de la comunidad Camino Neocatecumenal, tenemos convivencias, retiros espirituales, tenemos catequistas y vas conociendo que hay personas que están en otros países, en China, en Hungría, por ejemplo». «Es una vocación», añaden, «sientes una llamada vocacional, como otros la sienten para ser sacerdotes. Pero, vamos, no es que un día veas una imagen y esas cosas», bromean Jesús y Julia.

En un momento dado, a ellos les hablaron de Corea y enseguida aceptaron. «Sabemos las experiencias de otras personas. Es la experiencia misionera, que siempre se relaciona y se habla mucho de África, pero esto no es solo construir un colegio o un hospital, la esencia es evangelizar, y los países de Asia no han sido evangelizados. Ha surgido la necesidad en Corea, nos los propusieron, pero estábamos dispuesto a ir a cualquier sitio».

«Solo hemos cogido billete de ida», explican Jesús y Julia, que se marchan mañana a Seúl con sus tres hijos pequeños

En realidad, estaba previsto que se marcharan hace un año, pero entonces Julia se quedó embarazada del tercer hijo y prefirieron esperar. Al principio contarán con ayuda de la comunidad católica a la que se incorporan, también de la familia. «Vamos como familia misionera, a dar testimonio de Jesucristo en nuestra vida, intentando ser luz allí, viviendo como hacemos aquí, discutiendo, perdonándonos, queriéndonos», ha explicado Julia a la agencia Efe.

La confirmación de su destino evangelizador se produjo el pasado mes de mayo, cuando recibieron su misión 'ad gentes', formada en este caso concreto por cinco familias, tres de ellas coreanas, un sacerdote y tres chicas. «Sólo hemos cogido billete de ida. Vamos con la intención de adaptarnos, probar e integrarnos. No tenemos idea de volver por ahora, pero no se trata de valentía. Si vives y sientes algo, puedes hacer las cosas. Parece una locura, pero nosotros lo vemos claro».

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