Antonio Durán, el agente que desafió a ETA y al ruido

Antonio Durán (izda) y Ángel Luis Aparicio, abogado. :: hoy/
Antonio Durán (izda) y Ángel Luis Aparicio, abogado. :: hoy

M. M. N.CÁCERES

El caso del ruido tiene un nombre clave y decisivo y es el del cacereño Antonio Durán (1953-2012). La vuelta a casa en 2002 de este funcionario durante 30 años, agente de seguridad y vinculado a los servicios de inteligencia del Estado, fue determinante en el desarrollo y desenlace de un problema que se prolongó sin soluciones desde los años 80 en la Madrila. Durán, que desarrolló su trabajo profesional bajo la amenaza de ETA, se mostraba sorprendido por el descontrol y la falta de respuestas de la administración y los empresarios de la movida ante la contaminación ambiental que estaba acabando con la salud de los vecinos. Fue él quien promovió Cacereños contra el Ruido, junto a Fernando Figueroa, su actual presidente, y el ya desaparecido líder vecinal de Peña del Cura, Manuel Curiel. Durán se mostró implacable y no dudó en abrir la vías necesarias hasta llegar a la judicial. El cierre cautelar de ocho bares en auto judicial en marzo de 2012 se produjo solo unos pocos meses antes de su muerte. En una entrevista con HOY admitía que el ruido de los bares, el incumplimiento de horarios y la acumulación de personas en la calle había afectado a su salud, a familias, relaciones personales... De la mano del abogado Eugenio Cuadrado puso en marcha la maquinaria legal para solventar en los juzgados lo que no había podido lograr ni con el diálogo, ni ante el Ayuntamiento ni tras poner el caso en conocimiento de la Fiscalía.

Defendió que eran víctimas de un delito «perseguible de oficio» pero al que nadie quiso hacer frente. «No, en absoluto. No deseamos que nadie vaya a la cárcel Solo queremos poder vivir en paz», respondió cuando fue preguntado sobre si le alegraría la entrada en prisión de los hosteleros en sentencia condenatoria. Era marzo de 2012. Premonitorio.