La miel no encuentra su hueco

La miel no encuentra su hueco

El reto del sector es que el comprador tenga claro que la miel española es de mejor calidad que la de otros países como China para que esté dispuesto a pagar más por ella. Para ello, la Administración trabaja en una norma de etiquetado que debe recoger en cada envase la proporción de miel europea y no europea

JUAN QUINTANA

Hace poco valorábamos en este mismo espacio la nueva norma que regula el etiquetado en origen de los productos lácteos, en el que tanto los productores como la industria y la distribución han apostado por ello, como herramienta de potenciar la producción local. En el caso de la miel, todavía está pendiente su aprobación, en un proceso al que todavía le pueden quedar varios meses.

A pesar de las esperanzas depositadas en esta norma, la realidad actual es que el sector apícola se encuentra en una situación extremadamente complicada. La Unión de Pequeños Agricultores (UPA), recordaba en su reunión sectorial que el coste medio de producción de miel en España es de 2,5 euros por kilo, mientras que la industria la adquiere a 2 euros por kilo en países terceros, principalmente en China. Además y de acuerdo con los estudios elaborados por la propia Comisión, el 20% de la miel importada no respeta las normas comunitarias.

Esta situación ha provocado que a pesar de haber sido 2018 un campaña de poca producción, en la actualidad los almacenes acumulan un importante 'stock' al que no se le ha podido dar salida. Tampoco se prevé a corto plazo, sobre todo porque en breve empezará la nueva campaña.

La solución no es fácil, ya que la industria y la distribución, en igualdad de condiciones, optan por la materia prima que les permite poner en los lineales productos más económicos. La cuestión es que no hay igualdad de condiciones, ya que los productos son diferentes y la calidad de la miel española es superior a la China. ¿Pero lo sabe el consumidor? En último término es él quien decide comprar uno u otro producto y, salvo que tenga claro el valor diferencial, suele optar por el más económico.

Por tanto, una de las soluciones radica en conseguir producir más barato, bien por concentración de oferta o por abaratamiento de costes; algo que parece muy complicado de conseguir, al menos a corto plazo, dada la estructura productiva de nuestro sector. Hay que recordar que solo el 18% de las explotaciones españolas se consideran profesionales, si bien es cierto que en Extremadura de las 1.600 explotaciones existentes, el 5% del total nacional, el 58% son profesionales.

La segunda opción es que el comprador tenga claro que la miel es española y que es de más calidad que la de países terceros, estando así dispuesto a pagar más. Este es el reto del sector. Para ello la administración está trabajando en la mencionada norma de etiquetado. Una regulación que debe recoger de forma clara en cada envase la proporción de miel europea y no europea.

En la actualidad nos encontramos con una diferenciación por tipo de flor. Con carácter general las monoflorales sí llevan indicada la zona de producción, aunque suelen ser pequeñas producciones locales. El problema radica en las multiflor, donde la combinación de materia prima no permite, hasta la fecha, diferenciar el producto.

Por otro lado, con esta nueva norma será más necesario que nunca el hacer una adecuada promoción del producto nacional, pero justo ahora, hace escasos meses, la Organización Interprofesional de la Miel y los Productos Apícolas (Intermiel) ha dejado de ser reconocida por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, por lo que se le dará de baja en el preceptivo Registro de Organizaciones Interprofesionales Agrarias. La razón ha sido la inactividad contrastada en los últimos tres años. Hay que recordar para entender la importancia de este hecho que este modelo, con gran arraigo en nuestro país, se fundamenta en un tipo de organización donde están representados los diferentes agentes de la cadena de producto, tanto productores como industria, entre otros, lo que supuestamente debe y suele facilitar el trabajo conjunto para la promoción, mejora y ampliación de mercados, que es el su fin último. Por ello es muy poco habitual verlas desaparecer, y extraña más cuando esto sucede en sectores donde la promoción y diferenciación comercial es clave, como es el de la miel.