LA DESBROZADORA

Como una gallina 'Reculá'

J. R. ALONSO DE LA TORRE

En la región más agropecuria de España, es lógico que el léxico popular esté lleno de términos relacionados con la ganadería y la agricultura. En ese sentido, mi suegra es un diccionario andante de comparaciones rurales y campestres. Cuando ella califica, es para echarse a temblar. Mi suegra dice de aquellos que son un poco chuletas y engreídos, de los que van por la vida de estirados, que son como un gallino Pepe. Este símil es muy útil porque pone a la gente en su sitio. Tú dices de alguien que es displicente y soberbio y acabas respetando al que se cree más que nadie, que consigue así su propósito: sentirse superior. Pero si dices de él que es como un gallino Pepe, la caricatura coloca al interfecto en su sitio y le quita misterio e importancia. Lo mismo sucede con las mujeres que van por la vida dándoselas de algo y despreciando para apreciarse. A esas, mi suegra las califica como gallinas «reculás», tipo de ave cuya singularidad desconozco, pero que, aplicado a una dama, desdibuja de un plumazo cualquier engreimiento. Para las personas inquietas en demasía, alborotadas y desmadejadas, mi suegra tiene dos comparaciones demoledoras: es como un pollino perdiz, para ellos, o es como una jaca «espantá», para ellas. Si eres feúcho, te comparará con una patatina mal hecha y si vas de presumido, serás como un «jabal» florido, que echa flores bonitas, pero no deja de ser un habal. En fin, mejor que no me compare.

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