POCA SALIDA PARA LA MIEL LOCAL

Los productores nacionales almacenan su producto por falta de salida comercial porque los envasadores mezclan una muy pequeña cantidad de miel local, más cara, con miel importada a muy bajo precio

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

En la última campaña, los precios de la miel han repuntado, no excesivamente, pero algo. Se incrementaron en el granel por encima del 2% hasta superar los 3,6 euros por kilo, mientras que en el caso de la envasada fue casi en un 6% situándose por encima de los cinco euros por kilo. Son cotizaciones que rebasan la media de las últimas cinco campañas, lo que no es mal indicador.

A pesar de esta tendencia favorable en los precios, el sector está preocupado por el impacto que tienen las importaciones de mieles foráneas así como por la ambigüedad del etiquetado. Cada vez toma más fuerza el sector de las mieles envasadas como mezcla de mieles originarias y no originarias de la UE. De hecho en 2015 las importaciones de miel aumentaron un 25% hasta situarse en 30.600 toneladas, una tendencia que es continuación de años anteriores. Es especialmente relevante la importación de miel china, que supone un 60% de nuestras compras. Después de China, México y Ucrania son nuestros mayores proveedores de miel.

El problema para el sector no sería tan grande si esto fuera consecuencia de un aumento del consumo y de la incapacidad de nuestro sector para dar respuesta; pero no es así. El mercado interior de miel propia está estático y los productores nacionales almacenan su producto por falta de salida comercial. La realidad es que los envasadores nacionales mezclan una muy pequeña cantidad de miel local, más cara, con miel importada a muy bajo precio, etiquetándolo como mezcla de mieles originarias y no originarias de las Unión Europea.

En definitiva, de poco sirve al apicultor la subida de los precios si no consigue que la industria le compre su miel. Es lícito comprar miel a terceros países a bajo precio para incorporarlo al producto y aumentar los márgenes, sobre todo cuando el consumidor paga cada vez más y los precios en origen son iguales o inferiores. Lo que con razón demandan los apicultores es que se adopten medidas que favorezcan el aumento de la demanda de miel local, para lo que es clave el etiquetado y evitar las confusas acepciones a mezclas sin indicar en qué proporción se producen. También es cierto que sería muy complejo crear sistemas de control que puedan identificar la proporción de mezcla de producto una vez envasado. Por ello, el indicativo de miel originaria de la UE y de fuera de la UE sería suficiente para permitir al consumidor apostar por nuestro producto y, por tanto, al industrial.

Por otro lado, hay que recordar que los productores nacionales siguen sufriendo problemas sanitarios que reducen tanto la cabaña apícola como la producción.

Extremadura es una de las grandes zonas productoras de miel. El 18% de la miel se produce en esta región, solo superada, y no por mucho, por Andalucía. Sin embargo, el número de explotaciones solo ronda el 4,6% del total nacional, de acuerdo con el Registro General de Explotaciones Ganaderas actualizado a 2015. Esto se explica por una importante singularidad, y es que se trata de la comunidad autónoma en la que hay una mayor proporción de apicultura profesional. De hecho, es la única de toda España en donde el número de explotaciones profesionales es superior al de no profesionales.

En concreto, de las alrededor de 1.200 explotaciones extremeñas, en torno al 67% son profesionales, mientras que la media nacional se sitúa en el 18% Por ello, los problemas arriba referidos son especialmente significativos en este territorio, y el que los operadores nacionales opten por miel extranjera en vez de por miel nacional afecta de manera especial a los apicultores profesionales extremeños, que tienen que asumir la gestión de stocks y absorber los costes de explotación sin un balance de ingresos satisfactorio.

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