Más pienso, mejor economía

El mercado del pienso es un indicador que marca tendencia económica. En 2015 la producción nacional de pienso compuesto para animales de granja y compañía superó los 23 millones de toneladas, un 3,5% más que en 2014, lo que sitúa al sector en un nivel similar al de antes de la crisis

JUAN QUINTANA

Poco a poco se van notando síntomas de recuperación económica. Si bien es cierto que la deuda pública crece, no lo es menos que el aumento de la actividad económica debería contribuir a reducirla. El mercado del pienso es uno de esos indicadores que marcan tendencia económica, ya que refleja la evolución de la producción ganadera, que tiene relación directa con el consumo.

En 2015 la producción nacional de pienso compuesto para animales de granja y compañía superó los 23 millones de toneladas, de acuerdo con los datos de la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (Cesfac). Esto supone un aumento aproximado del 3,5 % respecto a 2014, lo que sitúa al sector a un nivel de producción similar al de antes del comienzo de la crisis en 2007.

Hay que tener en cuenta que el crecimiento fue muy superior en el caso de animales domésticos, que ha repuntado en un 13%, mientras que en animales de granja solo fue del 3,2% En todo caso es la demanda ganadera la que más condiciona el mercado, ya que este tipo de pienso representa el 95%, frente al resto, que corresponde a alimentación para mascotas. A pesar de su pequeño valor relativo, el crecimiento de consumo de pienso para mascota es un indicador todavía más directo de mejora de la economía, ya que supone un aumento del consumo en un producto no básico. Puede haber sucedido que se hayan adquirido más animales de compañía, que haya mejorado la cantidad de alimento que cada propietario da a su mascota o, lo que es más probable, una combinación de ambas.

En el mundo ganadero el aumento de producción se produjo en todos los subsectores, aunque por su importancia en el PIB, el que más influencia ha tenido ha sido el porcino. Es cierto que las exportaciones de porcino aumentaron bastante en 2015, lo que podría hacer pensar que el incremento del consumo y la reactivación económica se produjo fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, los datos de consumo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama), muestran que en 2015 se frenó la caída del consumo, estabilizándose con respecto a 2014. Este frenazo no ha sido igual en fresco que en transformado, siendo el mayor consumo en producto transformado de porcino el que ha compensado la caída del fresco.

Pero no solo el porcino ha tenido un impacto directo, el resto de las cabañas también han crecido, tal como constata el Magrama. Mientras que el caso de carne de aves el crecimiento ha sido muy reducido, un poco significativo 0,4%, la producción de carne de vacuno aumentó el pasado año en 9,5 puntos porcentuales. El ovino creció algo menos, el 2%, aupado también por las exportaciones. La cabaña ganadera del vacuno de leche se ha visto reducida, pero se trata de un impacto por la desaparición de cuotas, no de tendencia de consumo, ya que en España somos deficitarios. La caída del consumo de leche fresca se debe a una corriente cada vez más fuerte vinculada a la salud, que a la situación económica de las familias.

Hay que recordar que este crecimiento se produjo en un año en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo saltar las alarmas con motivo de su opinión sobre la influencia del consumo de carne fresca y transformada en la aparición del cáncer. Un informe ampliamente rebatido pero que caló en la sociedad. Por ello, el aumento general del consumo es un valor todavía más significativo. Sin embargo, habrá que esperar a los datos de 2016 para conocer su impacto real, ya que al presentarse en octubre de 2015, su efecto pudo ser compensado por la evolución en los meses precedentes.

Dejando de lado el análisis global y yendo al sectorial, este aumento de producción de piensos se ha visto reforzado con los precios de la materia prima, en particular del cereal, que estuvieron bajos en 2015. Esto ha supuesto para el sector de pienso un aumento de facturación y de márgenes, lo que en parte fue repercutido al precio final al ganadero.

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