LAVARSE LAS MANOS. EN LECHE

La Comisión puso sobre la mesa una alternativa difícil de comprender, salvo desde un consenso productivo global, que por supuesto no existe. Se trata del control voluntario de la producción en cada Estado miembro

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

El cambio de un modelo de cuotas a un mercado libre no está siendo fácil. Las estrategias de posicionamiento se han producido en diferentes países, incluso antes de la desaparición de cuotas. Grandes cooperativas del norte y centro de Europa promovieron la concentración de oferta y el aumento de la capacidad productiva, habiendo llevado a la Unión Europea a su máxima capacidad de producción de leche en polvo.

En este contexto la Comisión puso sobre la mesa una alternativa difícil de comprender, salvo desde un consenso productivo global, que por supuesto no existe. Se trata del control voluntario de la producción en cada Estado miembro. Ahora el péndulo va en sentido contrario y cooperativas de nuestros socios comunitarios, por ejemplo de Holanda y Austria, ya han tomado esta decisión restrictiva, incentivando la reducción de leche cruda y penalizando el exceso. El caso español es bien diferente, ya que nuestro tejido cooperativo es mucho más pequeño y, por tanto, decisiones aisladas de algunas de ellas no tendrían efecto en el mercado y dejarían a sus cooperativistas al pie de los caballos.

Por otro lado, Francia, que al principio quería autorregulación, se ha desmarcado y se prevé no va a ejercer este derecho, por lo que es muy difícil que el resto de los países lo apliquen. En España, el gobierno ha apostado por este planteamiento y quiere que el sector de manera voluntaria reduzca la producción. Este potestativo propósito se topa con muchos impedimentos. Por ejemplo, que somos un país deficitario en leche y los grandes productores excedentarios no van a autorregularse. Hay que recordar que el sector lácteo no es local y que en el mercado intracomunitario se mueven importantes cantidades de leche cruda y transformada de un país a otro, además de que los precios están condicionados por los mercados internacionales. El riesgo es evidente, cederíamos nuestro mercado a otros países, con una reducción de la producción propia y sin capacidad real de influir en los precios. Todo ello cuando el consumidor español cada vez incorpora menos leche a su cesta de la compra.

La única organización que podría promover una iniciativa de estas características sería la interprofesional láctea, pero se antoja un difícil reto. Las razones son bastante evidentes, ya que el modelo de extensión de norma no es aplicable a este propósito y es inimaginable que los propios ganaderos representados en esta organización acepten esta propuesta, sin garantías de precio. Por otro lado, si esto se produjera, podría entrar en colisión con las reglas de la competencia y, en todo caso, sería difícilmente aceptable para la industria.

En definitiva, la Comisión ha tomado la decisión de despejar balones dentro. Con esta estrategia le mete un gol al propio sector y se lava las manos, como Pilatos. Parece claro que por este camino no va a conseguir reducir la producción europea de leche, pero ha generado unas extrañas expectativas que pueden provocar tensiones interprofesionales. El gobierno español parece convencido de esta vía. Quizás no entiende que es muy diferente a defender que el propio sector sea responsable, por ejemplo, de que no se haya conseguido una suficiente concentración de oferta potenciando un potente sector cooperativo. En ese caso todos pueden ganar, ya que se habría cedido control en la toma de decisiones, a cambio de generar economía de escala y mejorar en la posición negociadora ante todos los interlocutores. Sin embargo, con el enfoque actual, solo se reduce el volumen de negocio sin ninguna garantía de mejorar márgenes. En definitiva, una estrategia inviable.

Al final, habrá exceso de producción, por la voluntaria decisión de las empresas de ganar cuota de mercado. En este contexto, sobrevivirán los que sean más eficientes, más grandes o sean capaces de diferenciarse en el mercado. Entonces sí, es muy probable que de manera no voluntaria, se reduzca la producción.

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