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El menor fugado del San Juan Bautista sigue en paradero desconocido

Los niños acogidos en el Centro San Juan Bautista viven en hogares mixtos hasta los doce años.
Los niños acogidos en el Centro San Juan Bautista viven en hogares mixtos hasta los doce años. / C.M
  • En la actualidad, 40 menores viven en este centro, en el que cinco niños han denunciado a otros dos por presuntos abusos

Alrededor de cuarenta menores viven actualmente en el centro de acogida San Juan Bautista de Badajoz. Esta es una de las ocho residencias que la Junta de Extremadura tiene en la región para la protección y tutela de los menores de edad. Esta red de centros de acogida de menores (CAM) acoge en estos momentos a un total de 240 niños.

El centro San Juan Bautista de Badajoz está de actualidad desde que el lunes se confirmase que cinco menores habían denunciado a otros dos compañeros por supuestos abusos sexuales dentro del propio centro. La Fiscalía de Menores es la encargada de investigar este asunto, sobre el que de momento no hay novedades, tal y como confirmaron ayer la Policía Nacional y la Consejería de Sanidad. El menor denunciado que se fugó del centro sigue en paradero desconocido.

Precisamente, el centro de Badajoz, que funciona desde febrero del año 2009, es el que recibe a menores con la horquilla de edad más amplia de todos los que funcionan en Extremadura, entre cero y dieciocho años. Más específicamente el San Juan Bautista, que está en la avenida Federico Mayor Zaragoza próxima al Infanta Cristina, tiene capacidad para atender a 52 menores. Veinte plazas se reservan para los niños de entre cero y seis años y las treinta y dos restantes para los de entre seis y dieciocho.

Los menores atendidos en este centro se distribuyen en función de la edad y el sexo. Así, los hogares que acogen a menores de hasta doce años son mixtos, y a partir de esa edad y hasta los dieciocho, se reparten en un hogar exclusivamente de chicos y otro solo de chicas.

Vida como en familia

En el centro de acogida realizan las tareas y actividades «que cualquier familia hace en su casa», explica la Consejería de Sanidad, de cuyo departamento depende la red de CAM. Los menores acuden a su colegio y a las actividades extraescolares. Las comidas, el aseo y las tareas las hacen en el propio centro de acogida que está dotado de comedor, biblioteca y sala de informática. Y para las actividades de ocio se usan los recursos que ofrece la ciudad.

El régimen de visitas y salidas de fines de semana se adapta a la situación particular de cada menor. Para ello se tienen en cuenta distintos factores como la edad, si necesitan supervisión o si tienen hermanos dentro del mismo centro.

En los CAM, los menores pueden estar acogidos en régimen de tutela administrativa o de guarda. En el primer caso, es la Junta de Extremadura quien asume la protección de los niños cuando se encuentren en situación de desprotección o desamparo derivada de situaciones de orfandad, abandono, trastorno mental grave de los padres, problemas de drogadicción o alcoholismo habitual en la familia, casos de malos tratos o abusos sexuales o situaciones en las que se induce al menor a la mendicidad, la delincuencia o la prostitución.

En todos estos casos, los padres pierden los derechos de la patria potestad, aunque estos no estén de acuerdo. Con estos menores, lo primero que se intenta es estudiar las posibilidades de que vuelvan con sus familias de origen y si no es posible se abre la vía de acogimiento familiar.

El régimen de guarda es diferente. En este caso, son los propios padres los que solicitan a la Junta de Extremadura que se hagan cargo temporalmente de sus hijos cuando no están en condiciones de criarlos, pero sin perder sus derechos y pudiendo solicitar su recuperación cuando mejoran sus circunstancias.

Los CAM también reciben en acogida a menores extranjeros no acompañados, sobre todo procedentes de Marruecos. En el último año, el centro San Juan Bautista ha recibido a cinco menores pero -explica Sanidad- suelen estar de paso camino a ciudades como Madrid, Barcelona e incluso Francia por lo que, añade, las fugas son una constante.