Juzgan al 'pequeño Nicolás' por hacerse pasar como enlace de la Casa Real para engañar al presidente de ALSA

Francisco Nicolás Gómez Iglesias, posa delante de la sede del Senado. /Alberto Ferreras
Francisco Nicolás Gómez Iglesias, posa delante de la sede del Senado. / Alberto Ferreras

La Fiscalía pide siete años de cárcel al joven de 25 años por tres delitos y le reclama 81.000 euros de multa; la vista oral comienza este lunes en la Audiencia Provincial de Madrid y hay dos policías acusados

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

Francisco Nicolás Gómez Iglesias ya tiene 25 años y un partido político, Influencia Joven, que tras anunciarlo a bombo y platillo no concurrirá a las elecciones europeas tras el rechazo de la Junta Electoral Central por no cumplir los requisitos. El joven del trastorno «delirante de tipo megalomaniaco», según la forense que le examinó tras su detención en octubre de 2014, vuelve este lunes a la cruda realidad de sentarse en el banquillo de los acusados.

Ya lo hizo por vez primera hace más de un año por la demanda puesta por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) por injurias y calumnias. Un procedimiento penal en el que Gómez Iglesias resultó victorioso. Pero ahora llega la hora de la verdad con una vista oral de mayor enjundia y una petición de pena de la Fiscalía que alcanza los siete años de prisión.

Como si se tratara de una publicación por fascículos, este lunes 20 de mayo conoceremos el primer capítulo de las presuntas fechorías cometidas por el 'pequeño Nicolás' cuando apenas superaba la mayoría de edad. En concreto, la Audiencia Provincial de Madrid juzgará si el acusado se hizo pasar por un enlace del Gobierno y de la Casa Real para tratar de engañar al presidente de la empresa de transportes ALSA, Jorge Cosmen, en una reunión mantenida en Ribadeo (Lugo).

Imputado por los delitos usurpación de funciones públicas, falsedad en documento oficial y cohecho pasivo, al tiempo que le reclaman una multa que ronda los 81.000 euros, el tribunal de la Sección Decimoséptima revisará si el acusado falsificó documentos oficiales para engañar al empresario en un almuerzo en el puerto deportivo lucense el 13 de agosto de 2014.

Los colaboradores, según la Fiscalía

Para llevar a cabo su plan, el 'pequeño Nicolás' había contactado previamente con Jorge González Hormigos, un policía nacional destinado en el Grupo de Escoltas y Protección, a quien le pidió, a cambio de una gratificación por sus servicios, que le proporcionara los medios policiales necesarios para hacerse pasar por un cargo público y aparentar carácter oficial al almuerzo, según la Fiscalía.

Mientras, Gómez Iglesias, identificándose siempre como enlace entre vicepresidencia del Gobierno y Casa Real, solicitó a la Policía Municipal de Ribadeo que les acompañara en la comitiva, telefoneó al presidente del Club Náutico para informarle de la visita de una alta personalidad de Zarzuela, contrató el alquiler de cuatro vehículos con sus respectivos conductores, reservó tres mesas en el restaurante y confeccionó en un ordenador personal acreditaciones del Ministerio del Interior para los vehículos.

Sobre las 5:00 horas de la mañana del 13 de agosto, la comitiva partió desde Madrid y los agentes González Hormigos y Carlos Pérez López-Dávila se identificaron al resto del grupo como policías que realizaban labores de escolta a una autoridad y colocaron acreditaciones oficiales del Interior en dos vehículos. Ya en el restaurante 'San Miguel', el grupo fue recibido por el alcalde de Ribadeo, a quien también se presentó como enlace gubernamental.

Durante la comida, el acusado González Hormigos avisó a Nicolás de que tenía una llamada de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, facilitándole un teléfono para que atendiera la llamada. «La llamada era totalmente simulada y no existió en realidad», afirma la Fiscalía en su escrito de calificación. Posteriormente, el acusado abonó al policía nacional 2.000 euros y éste le dio 400 al tercer implicado, agente local en Toledo.

El 15 de agosto, el diario 'La Voz de Galicia' publicó una noticia titulada: «Al final no era Juan Carlos I quien estaba comiendo en Ribadeo». Tras enterarse, el 'pequeño Nicolás' llamó por teléfono al periodista que había firmado el artículo que retirase la información porque se trataba de un asunto de seguridad nacional. Dos meses después, el joven impostor fue detenido por la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional. Comenzó así la pesadilla judicial no solo para él, sino para un tal José Manuel Villarejo, el entonces comisario en activo cuyos clientes más cercanos se pusieron «muy nerviosos» por los registros en la casa del joven. Pero ese es otro capítulo.