«El mundo ha cambiado demasiado rápido»

El presidente de Chile posa frente a la pintura 'Espejo de Cronos', de Roberto Matta, en el Salón Azul del Palacio de la Moneda./Nadia Pérez
El presidente de Chile posa frente a la pintura 'Espejo de Cronos', de Roberto Matta, en el Salón Azul del Palacio de la Moneda. / Nadia Pérez

El dirigente, que acaba de cambiar seis ministerios, afronta su mandato con el foco en la economía y el salto tecnológico

Fernando Belzunce
FERNANDO BELZUNCESantiago de Chile

La oficina del presidente de Chile en el Palacio de la Moneda muestra una mesa de trabajo rebosante de columnas con carpetas y cuadernos. Pese al aparente barullo, todo parece responder a un orden y queda la idea de que a Sebastián Piñera le gusta tener los grandes asuntos del país al alcance de la mano. En una pared a su derecha, ha colocado sus títulos de la Universidad de Harvard, quizás para que el visitante los vea y seguramente para que él los recuerde. Hay decenas de retratos con diferentes líderes mundiales. Destaca Obama, con el que aparece tres veces, y sorprende por su informalidad una imagen con el presidente chino Xi Jingpin, donde Piñera aparece relajado tomando un vino. El gigante asiático es su principal socio comercial y un gran aliado en los proyectos de desarrollo tecnológico a pesar de la gran presión que ejerce Estados Unidos, a su vez el mayor inversor en Chile. La guerra comercial entre ambos países preocupa especialmente a este multimillonario de 69 años, que maneja, tras el paréntesis de Michelle Bachelet, su segundo mandato con el foco puesto en la economía. El motor de América del Sur se ha ralentizado y hace apenas una semana hizo cambios en seis ministerios.

-¿Cómo se pueden interpretar tantos cambios en el Gobierno de una sola vez?

-Acabamos de cumplir 15 meses de gobierno. El primer año fue muy bueno, con un crecimiento del 4%, pero este 2019 es un año mucho más exigente. La guerra comercial y tecnológica entre EE UU y China ha afectado al mundo entero y especialmente a Chile. Además, ha caído el precio del cobre y ha subido el precio del petróleo… Los cambios tienen como objetivo fortalecer el equipo económico para afrontar mejor estos tiempos tan difíciles y también fortalecer áreas críticas del Gobierno, como el tema de la salud, la energía y las relaciones internacionales. Debemos seguir avanzando en las grandes reformas estructurales que necesita Chile. La reforma de las pensiones, la tributaria, la de la salud, la laboral y la educativa.

-Para ello necesita el apoyo del Parlamento y no lo tiene fácil.

-La relación entre el Gobierno y la oposición es difícil siempre. Logramos un gran triunfo electoral en diciembre de 2017, con una mayoría del 55%, pero no logramos tener mayoría en el Congreso y eso hace el camino más difícil. Sin perjuicio de ello, hemos avanzado sustancialmente, no con toda la oposición, pero sí con una parte de ella, donde están la Democracia Cristiana y el Partido Radical, para lograr acuerdos que nos permitan sacar adelante la reforma tributaria y la reforma previsional o de las pensiones. El rol del Gobierno y de la oposición no puede ser intentar destruirse mutuamente.

-Un reciente estudio señala que ha caído mucho su popularidad. ¿A qué lo atribuye?

-Esto es un fenómeno mundial. La ciudadanía elige a los presidentes y poco después les reduce su apoyo. La ciudadanía chilena hoy en día es mucho más exigente y mucho más impaciente. Esto es bueno en la medida que sepamos conducir esa fuerza hacia algo positivo y no simplemente hacia un caos o un estancamiento.

-La semana que viene acude a la cumbre del G-20 en Osaka con la enorme tensión comercial entre Estados Unidos y China como trasfondo. ¿Confía en una solución?

-Esta situación le hace daño a China, a Estados Unidos, al mundo entero y muy especialmente a Chile. En las últimas semanas he tenido la oportunidad de conversar largo con el presidente Xi Jinping en China y con el presidente Trump en Estados Unidos. Siento que tienen voluntad de resolver los problemas y llegar a un acuerdo. En la última cumbre del G-20 en Buenos Aires también había tensión y se logró una especie de tregua.

-Es optimista.

-La lógica indica que un acuerdo es mucho mejor que continuar con esta guerra absurda en el siglo XXI, porque la solución de los países no es cerrarse ni entrar en guerras tarifarias. Ningún país puede protegerse con aranceles. Si un país pudiera protegerse con tarifas, todos los países las elevarían a infinito. Esa política, a lo más, puede proteger a un sector a costa de desproteger a otros y el efecto neto para el país es negativo.

El presidente de Chile durante varios momentos de la entrevista. / NADIA PÉREZ

-¿Es China ya su principal aliado en desarrollo tecnológico?

-No todavía, pero sin duda uno ve el potencial... Acabo de estar en China y me reuní con las principales empresas de tecnología, no solamente en Beijing, sino también en Shenzhen, una ciudad que era un poblado de pescadores hace 30 años y que hoy compite ya de igual a igual con Silicon Valley. Es muy curioso. Estuve con el presidente de China y le escuché defender el libre comercio, la eliminación de los subsidios y la protección de la propiedad intelectual. China era en el pasado un gran comprador de tecnología; a veces, según acusa Estados Unidos, no precisamente comprador, sino copiador de tecnología, por explicarlo de una forma benigna. Pero ahora va a ser un gran proveedor de tecnología y por eso está tan interesada en proteger la propiedad intelectual. El año pasado el país que más patentes registró fue China, no Estados Unidos. El mundo cambió demasiado rápido.

Recuperar el tiempo perdido

-¿Cómo afronta este desafío?

-Chile y todos los países de América latina llegamos tarde a la revolución industrial y por eso seguimos siendo subdesarrollados. Chile tiene que recuperar el tiempo perdido y ponerse a tono con el mundo que viene, que es el mundo de la revolución tecnológica. Estamos haciendo un enorme esfuerzo. Acabamos de inaugurar la red digital Austral, que nos permitió unir Puerto Montt con las dos regiones del Sur, Aysén y Magallanes, y estamos construyendo una red digital de más de 10.000 kilómetros que va a unir Chile de norte a sur, con ramales para poder llegar a todos los pueblos y todas las comunidades. Vamos a ser también uno de los primeros países en incorporarnos a la tecnología 5G, que es la puerta de entrada para cosas tan importantes como el internet de las cosas.

-¿Va a ser Huawei, una empresa cuestionada por Estados Unidos, estratégica en ese desarrollo del 5G en Chile?

-Vamos a hacer una licitación pública abierta y transparente donde por supuesto Huawei va a poder participar, pero no va a ser la única. Ya tenemos propuestas de Japón, de Corea, de Europa, de Estados Unidos...

-¿Cree que Telefónica puede jugar un papel destacado en Chile?

-Telefónica es un gran jugador en el mundo de las telecomunicaciones. Junto a otras empresas como Claro o Entel juega un rol muy importante y por supuesto que si le interesa podrá participar en estas licitaciones.

-¿Qué plazos manejan para la conexión de Chile con Asia a través de la fibra óptica submarina?

-Este proyecto lo pusimos en marcha el año pasado y estamos terminando los estudios. Estamos conversando con Argentina y con Brasil y haremos una licitación internacional para tener ese cable submarino que termine la conexión de este país con el mundo. Tenemos buenas conexiones con Estados Unidos y con Europa pero ningún país de América latina tiene una buena conexión con Asia. Es fundamental.

-Hay un evidente viraje hacia Asia y da la impresión de que España ha pasado a un segundo plano en las relaciones económicas y empresariales con Chile.

-España es el segundo país que más invierte en Chile y está en sectores muy estratégicos para nuestro país, como concesiones, infraestructuras, telecomunicaciones y servicios públicos. Su inversión supera los 22.000 millones de dólares y tenemos una relación comercial muy importante. El 17% del comercio que tenemos con la Unión Europea es con España. Está invitada a participar en este nuevo salto que va a dar nuestro país, pero, evidentemente, Asia está irrumpiendo con una fuerza tremenda. Ha surgido un competidor formidable.

-¿Cómo definiría las relaciones con España?

-España es para nosotros un país muy especial. Para empezar, es la madre patria y eso marca. Tenemos una relación histórica. Además, tenemos en común valores, principios, formas de afrontar la vida y el mundo y algunas historias compartidas. Por ejemplo, creo que las transiciones de la dictadura a la democracia, tanto en España como en Chile, fueron ejemplares. En cierta forma existen muchas similitudes entre la política chilena y la española.

«España está invitada a participar en este nuevo salto, pero ha surgido un competidor formidable»

«¿Cataluña? Yo agotaría todos los medios para mantener la unidad del Estado de Chile»

-Chile quiere actualizar el acuerdo de libre comercio con la UE.

-Estamos organizando un 'upgrade', una modernización del acuerdo de libre comercio y de colaboración política y cultural. Ahí siempre hemos tenido en España un gran aliado. Tratamos ese tema con el presidente Pedro Sánchez cuando estuvo de visita el año pasado. Con él esperamos poder escribir las páginas más luminosas de nuestras relaciones y esto se va a ver corroborado con la visita de los reyes de España el año que viene para conmemorar los 500 años de la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano.

-¿Mantiene contacto con políticos españoles?

-Mantengo contacto con muchos. Por supuesto, con Pedro Sánchez, y también con José María Aznar y con Pablo Casado. Conozco a los líderes de los principales partidos. Al único al que no conozco es al presidente de Vox

-¿Cómo recibió los resultados electorales?

-No fue una sorpresa. España busca un gobierno que le dé mayor estabilidad.

-Precisamente esta etapa política está marcada por la inestabilidad.

-Estábamos acostumbrados en España a un bipartidismo. Ganaba uno o ganaba otro, pero el que ganaba podía gobernar porque tenía mayoría en las Cortes. Ese mundo cambió. Y cambió demasiado rápido. Nadie logra ahora la mayoría suficiente. Se ha fragmentado el sistema político español y hoy en día tenemos cinco partidos a los que les cuesta mucho ponerse de acuerdo para gobernar. Además, creo que hay una cuota de populismo, de malas expresiones de la política que se ha ido fortaleciendo en España. Está también el tema de Cataluña. Creo que es muy importante mantener la unidad de España y espero que logren un acuerdo para resolver esa situación.

-¿Cómo afrontaría esta situación?

-Pienso que preservar la unidad del Estado español es fundamental, y por eso se podrán discutir mayores o menores grados de autonomía en algunas regiones, pero España es una sola. La unidad de España es parte de su fuerza y parte de su futuro.

-¿Pero cómo abordaría una situación similar en Chile?

-Agotaría todos los medios para mantener la unidad del Estado de Chile. Cada caso es distinto, pero toda ambigüedad, o la creación de falsas ilusiones respecto a que la unidad pueda sacrificarse, le hace daño al país.

«Las dictaduras nunca ceden voluntariamente el poder. Hay que quitárselo»

Sebastián Piñera ha abanderado la lucha en América Latina contra el régimen de Nicolás Maduro.

-¿Cómo ve ahora mismo la situación en Venezuela?

-Venezuela es una tragedia. Fue en la década de los noventa el país más desarrollado y más rico de toda América Latina y hoy en día está muy cerca de ser el país más pobre. No solamente hay una dictadura, hay una dictadura corrupta e incompetente que ha conducido a su país a una crisis total. No hay democracia ni libertad de expresión ni respeto por los derechos humanos. Hay presos políticos. Hay una crisis humanitaria.

-¿Qué posibles escenarios contempla?

-El camino es terminar con la dictadura, tener un gobierno de transición y llamar a elecciones libres y democráticas. Eso es lo que Chile promueve junto a los países del Grupo de Lima. Y últimamente hemos buscado también contactos y coincidencias con los países europeos que están agrupados en lo que se llama el Grupo de Contacto.

-¿Pero ve alguna solución factible?

-Los tiempos del dictador Maduro tienen sus días contados. Tiene el repudio de la mayoría inmensa de los venezolanos y cuenta también con el rechazo de las principales democracias del mundo.

-¿Cree que puede haber solución sin violencia?

-Las dictaduras nunca ceden libre y voluntariamente el poder. Hay que quitárselo, arrebatárselo. Eso no es fácil y toma su tiempo, pero se han dado grandes pasos adelante para recuperar la democracia. Tenemos ya a la oposición democrática más unida que nunca, tenemos una opinión pública completamente comprometida y una comunidad internacional mucho más consciente. Nunca terminar con una dictadura ha sido fácil, pero están dadas las condiciones básicas para que Venezuela se reencuentre con la democracia. Para eso estamos comprometidos y trabajando la inmensa mayoría de los países democráticos del mundo, incluyendo España que, al igual que Chile, ha reconocido al presidente Guaidó como el legítimo presidente de Venezuela.