Desastrosa visita de Trump a Irak

El presidente Donald Trump, con la primera dama Melania Trump, hace declaraciones a las tropas de los Estados Unidos en una visita inesperada a la base aérea de Al Asad, Irak. / Reuters

El presidente desvela la presencia secreta de un grupo de Navy SEAL y pone en pie de guerra a los dirigentes locales

CAROLINE CONEJEROCorresponsal. Nueva York

La politización de la visita del presidente de EE UU, Donald Trump, a las tropas radicadas en Irak, la primera a un contingente desplegado en una zona de combate en sus casi dos años en el cargo, provocó una cadena de críticas tanto en el frente doméstico como en el iraquí que dibujan un balance desastroso y afianzan el carácter quizá irreversiblemente menguante de la figura presidencial.

Trump utilizó el viaje para hacer propaganda política de su Administración y jalear su aspiración a la reelección en 2020, cuando la regulación militar incide en el carácter apolítico de este tipo de desplazamientos. Además, tras su encuentro con los soldados en una base aérea cerca de Bagdad la noche del miércoles, el presidente publicó un vídeo en Twitter en el que posaba con una unidad de Navy SEAL, revelando así la localización e identidad de los miembros del grupo de operaciones especiales de elite. El Departamento de Defensa confirmó a la revista 'Newsweek' que se trataba del SEAL Team Five, y que Trump, como comandante en jefe, tiene la autoridad para desclasificar este tipo de información aunque por lo general los integrantes del grupo aparecen siempre en imágenes que preservan sus rostros.

LA CLAVE

Indignación iraquí.
El Parlamento de Bagdad votará la expulsión delas tropas, las únicas que EE UU no quiere retirar

En lugar de mantener un tono festivo de celebración navideña con las tropas que pasan estos días tan lejos de casa, Trump habló a los soldados de política y planes militares y colocó a los efectivos en una incómoda situación de tono partidista, inapropiado en este tipo de actos. Con Melania Trump esta vez sin gafas de sol ni prendas con declaraciones estridentes, la pareja presidencial se mostró más afable que de costumbre, se hizo fotos y departió con los militares. Pero el mandatario, que apareció en el hangar militar enfundado en una chaqueta de piloto de caza, autografió para los soldados las conocidas gorras rojas con su lema político de reelección.

La subida salarial

La visita secreta generó un despliegue de operaciones de seguridad para mantener el vuelo por tramos en la mayor discreción posible, detalles que el propio presidente desveló en sus comentarios a la prensa. Y para rematar la cadena de despropósitos, Trump mintió a los soldados al anunciar que les había conseguido la primera subida salarial en diez años, con un 10% de aumento, cuando en realidad la paga de los militares mejora por ley cada año y el incremento en 2018 fue del 0,2%.

El presidente, que se jactó de la derrota del Estado Islámico en Siria, defendió de nuevo su decisión de retirar a los 2.000 efectivos que mantiene desplazados a este conflicto señalando que, en caso de necesidad, las tropas en Irak podrían entrar rápidamente en operaciones de apoyo en el escenario sirio. El anunciado repliegue ha contrariado sobremanera a la cúpula militar, los expertos y hasta miembros de su propia Administración y del Congreso, que consideran la decisión errada y peligrosa por la permanencia de importantes reductos de extremistas que operan en la zona y podrían sentirse alentados con la salida estadounidense.

La visita de Trump, que no tiene planes para reducir los 5.200 militares establecidos en Irak sino más bien de incrementar las operaciones militares desde allí, enfureció además a dirigentes y líderes políticos iraquíes. El ajustado tiempo de la estancia en Bagdad, apenas tres horas, sólo permitió una escueta conversación telefónica con el primer ministro Adil Abdul-Mahdi, quien debido a «diferencias en los puntos de vista», decidió cancelar el previsto encuentro cara a cara entre ambos.

Los legisladores iraquíes consideraron la actitud de Trump arrogante y hablaron además de violación de la soberanía nacional. Pidieron también una sesión de urgencia en el Parlamento para votar sobre la expulsión de las tropas estadounidenses del territorio. Los líderes del bloque parlamentario Bina acusaron al mandatario estadounidense de violar las normas diplomáticas en un viaje que, a su entender, muestra su desdén y hostilidad en el trato con el Gobierno de Bagdad.

En sus respuestas a los reporteros después de la visita, Trump se lanzó a enunciar su visión sobre la política internacional basada en una suerte de doctrina con dos cabezas contradictorias. Por un lado, señaló enfáticamente que «Estados Unidos no puede seguir siendo el policía del mundo», para reafirmar su distanciamiento de la comunidad internacional y la opción por el aislacionismo de su 'América primero'.

Una doctrina patente en la decisión de retirar las tropas de Siria y Afganistán. Por otro lado, la aspiración de mantener presencia militar en países como el propio Irak y otros puntos geográficos pretende establecer un intervencionismo de línea neoconservadora en frentes como la lucha antiterrorista global que ampara un posible retorno parcial de las tropas a Siria o el apoyo a aliados como Arabia Saudí en la guerra de Yemen.