El radón sigue descontrolado

El radón es un gas radiactivo que puede acumularse en casas próximas a zonas de granito. :: HOY/
El radón es un gas radiactivo que puede acumularse en casas próximas a zonas de granito. :: HOY

Una de las mayores concentraciones del país de este gas cancerígeno se da en zonas graníticas de la región

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

El radón es un gas nocivo que está detrás de muchos casos de cáncer de pulmón. Emana del subsuelo, sobre todo si este es granítico, y el mapa del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) hace años que ha fijado su mayor presencia en Galicia y Extremadura, sobre todo en la provincia de Cáceres. En nuestra región hay muchos municipios donde más del 75% de los habitantes está expuesto al radón.

Algunos puntos de Salamanca, Ávila, Córdoba, Almería, Barcelona y el Pirineo también concentran más radón del deseable y se considera que allí la población también queda indefensa ante este derivado del uranio. Contra él, de momento, el único antídoto es alejarse o, si no hay más remedio, ventilar los edificios, sobre todo las plantas bajas.

Hace más de un año –desde el 6 de febrero de 2018– que España debería tener una ley para saber cómo medir este gas cancerígeno y actuar cuando se detecte una concentración elevada del mismo. De la ausencia de este plan Extremadura es una de las principales perjudicadas. Apenas se han tomado medidas sobre esta amenaza para la salud en la región. La Administración ni mide el radón ni aplica la directiva europea de protección. Se trata de la 59/2013/Euratom, una normativa de 109 artículos sobre radiaciones ionizantes que obliga a los Estados miembro a contar con un plan nacional sobre los efectos nocivos del gas radón.

Hace un año que la UE obligó a España a tomar medidas, pero aún no se ha dispuesto ninguna norma para medir niveles o proteger a la población

En esta comunidad autónoma las acciones al respecto han sido puntuales desde las administraciones públicas, casi anecdóticas. Se sabe, por ejemplo, que la cavidad situada en Castañar de Ibor catalogada como monumento natural tiene una concentración de gas radón 100 veces superior a lo recomendado. Por ello, en 2012 geólogos del Museo Nacional de Ciencias Naturales establecieron las pautas que deben seguir las visitas para evitar la sobreexposición. Hay que tener en cuenta, no obstante, que la radiactividad se encuentra presente en la naturaleza en cualquier lugar y que los niveles de radiación que podría recibir un visitante en la cueva mencionada es más que tolerable.

Medición en viviendas

En cuanto a la iniciativa privada, consta la tesis doctoral de hace dos años del arquitecto técnico cacereño Jorge García, que realizó algunas mediciones en viviendas de diferente tipología en colaboración con la Universidad de Extremadura. Entre sus conclusiones señaló que se encontró menos radón del que esperaba, pero puso el foco en dos cuestiones: una es que no hay medidas contempladas en el código técnico de edificación, por ejemplo un protocolo de aislamiento, para minimizar la presencia de radón. Otra, según avisaba García en noviembre de 2017, es que viviendas y edificios públicos deberían empezar a controlar por ley este gas nocivo desde febrero de 2018.

Es evidente que ya se ha hecho tarde. Y eso que el problema se conoce hace tiempo, como mínimo desde hace veinte años. En 1999 la Junta de Extremadura firmó un convenio de colaboración con el Departamento de Física de la Facultad de Veterinaria de la UEx destinado al estudio de las concentraciones de radón en las viviendas de la región. Poco se supo de los resultados.

Más recientemente, también en 2012, hubo otro estudio. El radón tiene como unidad el becquerelio por segundo. Ni se ve ni se huele y solamente puede detectarse con aparatos tan precisos como los que entonces usó el Grupo Experimental de Radiaciones Nucleares de la Universidad de Extremadura. La investigación fue financiada por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y se desarrolló durante los dos años anteriores. Fue posible medir emisiones de este gas en más de 200 centros de trabajo de la región. Sin embargo, el siguiente estudio encaminado a ofrecer soluciones no encontró financiación.

Hervás

A finales del año pasado el radón volvió a surgir durante un pleno de la Diputación de Cáceres. Eduardo Villaverde, diputado del Partido Popular, preguntó qué medidas se estaban tomando en una de las provincias más afectadas por este gas radiactivo pues el último informe al respecto, de 2016, aclaraba poco al respecto. Según explicó la Diputación en diciembre de 2018, una empresa especializada iba a medir los niveles de gas radón en el museo público Pérez Comendador-Leroux de Hervás. Villaverde vive en Villar del Pedroso, una zona granítica en el Este de la provincia de Cáceres, de ahí su interés por el radón.

También supo que el citado museo de Hervás tenía una alta concentración de radón tras un estudio aleatorio que realizó allí la UEx. Según el diputado, una trabajadora alertó de que podría estar en riesgo, pero por otro lado al ventilar la instalación para evitar la acumulación de este gas las piezas que allí se custodian corrían peligro, de ahí su pregunta a la Diputación para saber qué medidas se iban a tomar. «Es verdad que Cáceres es una provincia con alta concentración de radón, pero no hay que ser alarmistas, lo que pasa es que las medidas cada vez son más estrictas, como ocurre, por ejemplo, al vigilar la calidad de las aguas», dice este diputado, que reconoce que en cuanto a iniciativas públicas para medir y controlar este gas Extremadura está «en pañales». Por eso, espera que el estudio que se desarrolle en Hervás sea el primero de los muchos que conviene hacer en la provincia.

Preguntada la Diputación de Cáceres por los resultados, afirman que aún no los tienen, pero informarán de ellos el día que se conozcan los datos de presencia de radón en este lugar concreto de Hervás. En la Diputación de Badajoz, provincia donde los niveles de radón son inferiores a los de Cáceres, pero claramente superiores a la media nacional, indican que no se está tomando en la actualidad ninguna medida al respecto. A esta pregunta la Junta de Extremadura no ha contestado.

Solo se han hecho estudios puntuales y la UEx aúnestá acreditándose para poder medir el radón

A falta de un protocolo de aislamiento, hasta ahora el único remedio es ventilar las casas

Donde hay más conocimiento sobre el radón en la región es en la Universidad de Extremadura, concretamente en el Laboratorio de Radiactividad Ambiental de la Facultad de Veterinaria (Laruex). Teniendo en cuenta que a partir de 2018 iba a ser obligatorio por ley que viviendas y edificios públicos controlaran sus niveles, este departamento de la UEx tenía previsto acreditarse para llevar a cabo estas mediciones.

Su responsable, Antonio Baeza, explicó esta semana a este diario que aún están poniendo a punto todo el sistema de gestión de la calidad y los procedimientos de ensayo precisos para solicitar dicha acreditación. «En el mejor de los casos –señala– este proceso nunca es inferior a los seis meses de trabajo y en nuestros planes está el poder solicitar a ENAC (Entidad Nacional de Acreditación) dicha acreditación a lo largo del presente año».

A pesar de ello –prosigue Baeza– han realizado, tanto a administraciones públicas como a empresas y a particulares, medidas de radón en viviendas y terrenos, si bien no puede detallarlas, dice, debido a un compromiso de confidencialidad con el solicitante del estudio.

Según le consta al responsable del Laboratorio de Radiactividad Ambiental de la Facultad de Veterinaria de la UEx, tanto el Consejo de Seguridad Nuclear como la Junta de Extremadura están desarrollando iniciativas dentro de sus competencias, muchas de ellas relativamente restringidas. Además, están pendientes de que el Gobierno de España dé un paso adelante en esta cuestión. «Hasta que no se haya transpuesto al BOE la Directiva Europea que obliga a la realización de este tipo de estudios –afirma el profesor Baeza– no se tendrá la conciencia de que obligatoriamente deben llevarse a cabo para minimizar los efectos indeseables de la presencia del radón en el interior de viviendas».