Nació en el Mediterráneo

Nació en el Mediterráneo
Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

Mi compañero Juan Soriano, que conoce las obras del AVE con más detalle que muchos ingenieros de Adif, me decía hace unos días que todavía no se puede evaluar la gestión del nuevo ministro de Fomento respecto al tren extremeño. Ábalos ni ha beneficiado ni ha perjudicado el proyecto por la sencilla razón de que las obras que se están ejecutando estaban en marcha cuando él llegó al Ministerio. Son consecuencia de las decisiones, buenas o malas, tomadas por el Gobierno de Rajoy meses y años atrás.

Como en este asunto todos estamos con la mosca detrás de la oreja (y más tras las últimas incidencias del puente del Pilar) le aplicamos una lupa permanente a todas las decisiones que toma el Gobierno de Pedro Sánchez relativas al tren.

Yo doy por bueno el diagnóstico de Juan Soriano de que Ábalos no ha tomado ninguna decisión que perjudique a Extremadura. Pero como he estado muy atenta a la gestión de este ministro me han llamado la atención un par de cosas. La primera es el entusiasmo que ha puesto en impulsar el corredor Mediterráneo, un eje de comunicación extraordinario para el desarrollo de las comunidades costeras, desde Andalucía a Cataluña, pasando por Valencia y Murcia. Y está bien. Cualquier político que se precie quiere dejar su sello en proyectos tan relevante como ese.

Pero junto a esa constatación no he podido evitar que me viniera a la mente otra idea que quizá es fruto de la desconfianza de que les hablo: el ministro Ábalos nació en el Mediterráneo, y se le nota.

Y tal vez es normal que ponga su atención en primer lugar en potenciar las regiones que tienen una capacidad económica enorme y a las que el corredor les supondría un empujón decisivo.

¿La potenciación de esa infraestructura puede perjudicar el futuro de los proyectos de la España peor comunicada? Esperemos que no. Pero es inevitable pensar que cuando se pone el foco (y el presupuesto) en un área se puede empezar a desatender otra. No estaría de más que Ábalos se comprometiera, en Extremadura, sobre el terreno, a allegar las inversiones que se necesitan, y al ritmo previsto, para acabar la línea Madrid -Badajoz en un plazo razonable. Su visita anunciada para la semana próxima puede ser el momento de plantearle todos los problemas pendientes, desde el estado de las obras a las lamentables y repetidas averías de nuestros viejos trenes.

Un factor que cualquier Gobierno de España no debe olvidar es la obligación de mantener el equilibrio entre los territorios. Asistimos a un fenómeno que no es culpa de este gobierno ni probablemente del anterior: la despoblación de la España interior en favor de la costa.

Pero cualquier gobierno debería ser consciente de él para intentar paliarlo, porque solo la adopción de políticas que incentiven el crecimiento de las regiones del interior impedirá que a la vuelta de pocos años nos encontremos con un país desequilibrado territorialmente.

Los gobiernos de las comunidades interiores, incluida Extremadura, deberían ejercer un cierto contrapeso en el juego político que se plantea hoy en España. Tenemos al Gobierno de Pedro Sánchez pendiente de conseguir el apoyo de quienes gobiernan Cataluña y País Vasco para aprobar los Presupuestos. Y ese apoyo no es gratis. Nunca lo ha sido. Ni cuando ha gobernado el PP, ni cuando lo ha hecho el PSOE.

Tal vez es pecar de desconfiados, pero si yo tuviera responsabilidad en comunidades como Castilla y León, Galicia, Castilla-La Mancha o Extremadura estaría muy pendiente de cómo se negocian esos presupuestos y qué compensaciones se conceden a cambio de unos votos que hoy valen su peso en oro.

No sería aceptable que el reparto de inversiones favoreciese a unas autonomías en detrimento de otras. El presupuesto, como todos sabemos, no es infinito. Y es bueno no olvidarlo. En su próxima visita a Extremadura estaría bien que al ministro Ábalos se le recordase que el interior también existe.

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