Caty Romero, viuda de un extremeño asesinado por ETA: «No me creo el perdón»

Caty Romero, ayer, en su pueblo natal, Medellín. :: estrella domeque/
Caty Romero, ayer, en su pueblo natal, Medellín. :: estrella domeque

Cuando la banda terrorista declaró su arrepentimiento, la mujer de Alfonso Morcillo volvió a llorar

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

«Mi marido, ¿qué tipo de víctima es, de las que se merecían ser asesinadas o de las que no?».

Esa es la pregunta que se hizo Caty Romero después de leer el último comunicado de ETA hecho público el viernes, en el que la banda terrorista reconoce el dolor que ha causado a las víctimas y pide perdón a medias.

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A esta extremeña nacida en Medellín, cada misiva de la banda le remueve el dolor. «En todos los comunicados siempre esperamos algo bueno. Esta vez han pedido perdón pero no sabemos a quien. Leer que para ellos hay personas que sí merecían morir es muy duro, un agravio horroroso hacia las víctimas. Yo no me lo creo, su arrepentimiento no es sincero».

«Mi marido, ¿qué tipo de víctima es, de las que se merecían ser asesinadas o de las que no?»

Caty califica el delirio terrorista como la mayor dictadura del mundo. «Justificando algunos asesinatos, ETA quiere convencer a la ciudadanía de que no son tan malos, pero en un Estado de Derecho nadie puede decidir quién merece morir».

No es lo único que se cuestiona, también desmonta el relato histórico construido por ETA de lucha entre dos bandos y al que recurren en su última declaración escrita. «¿De qué conflicto hablan? Nunca participamos en nada ni hicimos ningún comentario sobre ETA. Mi marido era un hombre normal, bueno, honrado, educado, digno y se lo cargaron».

Caty es desde hace 23 años viuda de Alfonso Morcillo (Badajoz, 1956), el último del medio centenar largo de extremeños que ha matado ETA a lo largo de sus cinco décadas de lucha armada. En diciembre de 1994, en la puerta de su casa, un encapuchado le dio un tiro en la cabeza por la espalda. Tenía 40 años, era policía municipal y jefe de seguridad ciudadana del Ayuntamiento de San Sebastián.

Cuando su mujer bajó a la calle, avisado por una llamada anónima al telefonillo, pensó que se había mareado. Achacó la sangre que había a su alrededor a que su cabeza estaba muy cerca del bordillo y pensó que se había dado un golpe. No intuyó que detrás estuviera ETA ni si quiera que su marido estuviera en el punto de mira de la banda.

Un mes después del asesinato de Alfonso Morcillo, su viuda averiguó que la banda había ordenado su asesinato porque estaba investigando a los topos que había dentro de la guardia urbana, que hacían de correas con los terroristas sobre posibles objetivos.

El que apretó el gatillo fue Txapote, el mismo que después mató a Múgica, Miguel Ángel Blanco o Enrique Nieto. Junto a él, en el atentado también participaron Valentín Lasarte y José Ramón Carasatorre. Los dos primeros fueron condenados por el asesinato del extremeño, el último quedó absuelto, aunque actualmente cumple condena por otros crímenes.

Cuando mataron a Morcillo, Caty tenía 32 años. Entonces juró delante del féretro de su marido que sería su voz. Lo trajo hasta Medellín para enterrarlo en su tierra y se volvió sola al País Vasco. Desde entonces, se ha dedicado a mantener limpio el nombre de su marido. Lo ha hecho durante casi dos décadas al frente del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) en Guipúzcoa.

«De qué conflicto hablan. Nunca participamos en nada ni hicimos ningún comentario sobre ETA»

Nunca ha buscado el perdón de los verdugos de su marido ni lo quiere. «A mí no me hace falta el perdón, yo lo que querría es tenerle a él y la única verdad es que está bajo tierra porque lo mataron. Y yo al final he podido hacer mi vida, no rehacerla porque he sido incapaz, pero él no ha podido disfrutar».

Cuenta pendiente

Caty está en Medellín desde la Semana Santa. Tenía en la cabeza volver definitivamente a Extremadura con su madre, la tierra en la que también ha peleado por la memoria de su marido y donde tiene una cuenta pendiente. «En el País Vasco conseguí que le hicieran un reconocimiento a Alfonso, aquí no he sido capaz aunque lo he pedido».

La extremeña tendrá que volver a enfrentarse a un nuevo comunicado de ETA en pocos días. Se espera que los terroristas comuniquen la disolución de la banda el primer fin de semana de mayo. «La disolución sí me la creo porque no tienen otra salida», dice. Sin embargo, intuye que no será la última noticia que tengamos de la banda. Caty Romero sospecha que detrás de estas maniobras hay un acuerdo político entre los gobiernos vasco y central.