Resumen 2018

Otro año de pioneros

Javier Fernández, con la bandera de España, tras ganar el bronce en Pyeongchang. /Aris Messinis (Afp)
Javier Fernández, con la bandera de España, tras ganar el bronce en Pyeongchang. / Aris Messinis (Afp)

Javier Fernández, Regino Hernández y Niko Sherazadishvili lograron llegar donde ningún deportista español lo había hecho

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉSMadrid

Los Juegos de Invierno siempre habían sido en España una cita deportiva lejana, un reto imposible en el que soñar con las medallas parecía algo propio de ilusos. Sin embargo, el triunfo donde no se espera se esconde muchas veces detrás de pioneros capaces de desafiar el orden establecido a pesar de carecer de infraestructura y tradición en sus entornos próximos. Hasta Pyeongchang 2018, el olimpismo español acumulaba dos medallas en casi un siglo de Juegos Olímpicos de Invierno. El oro de Francisco Fernández Ochoa en el eslalon masculino de esquí alpino de Sapporo 1972 y el bronce de su hermana Blanca en la misma prueba de Albertville 1992 suponían el exigüo botín español en estas citas. Más allá de ello, sólo el éxito fugaz y manchado por el dopaje de Johann Mühlegg, nacido en Alemania pero nacionalizado español en 1999 y que en Salt Lake City 2002 logró tres oros en esquí de fondo, de los que fue desposeído tras dar positivo en un control antidopaje.

Por todo ello, la trascendencia de los bronces logrados por Javier Fernández en patinaje artístico y por Regino Hernández en snowboard y su modalidad de campo a través constituyen dos hitos sin parangón en la historia del deporte español, alcanzados a pesar de todas las dificultades derivadas de la prácticamente nula tradición de España en estas especialidades deportivas. Ellos serán los que creen escuela con sus logros a partir de ahora.

El patinador madrileño redondeó una carrera de leyenda con su primera presea olímpica, que ya brilla con luz propia junto a sus dos Mundiales, cinco Europeos y ocho Campeonatos de España y que cerró la herida abierta cuatro años antes, cuando en Sochi 2014 dos errores en su ejecución del programa corto le relegaron a un cuarto puesto al final. «Me he quitado un peso de encima, me quité la espina que tenía clavada desde Sochi», resumía aliviado tras un éxito que bien podría ser un epílogo perfecto a una trayectoria deportiva que concluirá a finales de enero con su última presencia en un Campeonato Europeo.

«Me he quitado un peso de encima, me quité la espina que tenía clavada desde Sochi»

«Me he quitado un peso de encima, me quité la espina que tenía clavada desde Sochi» Javier Fernández

Por su parte, Regino Hernández, un ceutí afincado en Málaga que comenzó en el balonmano y al que la nieve atrapó en Sierra Nevada, llevó el snowboard a los hogares españoles con una medalla que los pronósticos le atribuían a priori a su compañero Lucas Eguibar. Un logro histórico que, según asegura, no le ha cambiado la vida: «Yo sigo igual que antes, haciendo las mismas cosas. Sigo dando el 100% de mí en cada cita, ya que al fin y al cabo lo importante es sentir tras cada día de competición que lo has dado todo».

Regino Hernández, tras lograr su medalla en Pyeongchang.
Regino Hernández, tras lograr su medalla en Pyeongchang. / Loic Venance (Afp)

No obstante, reconoce Regino que su medalla le ha dado al snowboard una nueva dimensión en España: «Anteriormente es verdad que no había tanta gente que lo veía, pero es algo que ha pasado en otros deportes. Al final te televisan cuando hay alguien que destaca, vivimos de resultados». En eso precisamente reside la importancia de un pionero, aquel que abre nuevos caminos donde hasta entonces parecían imposibles.

El judoca que llegó del Cáucaso

Sin embargo, no sólo en las modalidades de invierno el deporte español derribó en 2018 una barrera hasta entonces infranqueable. El judo español, que ya tuvo en 1997 a una campeona mundial en categoría femenina con Isabel Fernández, no conocía la gloria mundial en competición masculina hasta que Niko Sherazadishvili, un joven de apenas 22 años de origen georgiano pero afincado en Madrid, conquistó el primer cajón del podio en la categoría de hasta 90 kilos en el Campeonato del Mundo de Bakú del mes de septiembre.

Niko Sherazadishvili, con la medalla de oro lograda en Bakú.
Niko Sherazadishvili, con la medalla de oro lograda en Bakú. / Mladen Antonov (Afp)

El judoca pulido en un gimnasio de Brunete por Quino Ruiz, subcampeón mundial en 1991 y campeón europeo en 1988, se impuso al cubano Silva Morales, que llegaba a la cita como gran favorito, con un 'waza ari' en el tiempo extra de un combate que ya es historia del deporte español y que promete ser sólo el primero de una larga lista de éxitos con los Juegos Olímpicos de Tokio, en la cuna del judo, ya en el objetivo. «Es muy difícil estar siempre el número uno, pero mi objetivo y mi sueño es el oro en Tokio. Eso está claro», afirma ambicioso.

 

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