El estado del cuerpo no permite certificar la identidad de Blanca Fernández Ochoa

Llegada del coche fúnebre que transportaba el cuerpo de Blanca Fernández Ochoa al Instituto Anatómico Forense./Efe
Llegada del coche fúnebre que transportaba el cuerpo de Blanca Fernández Ochoa al Instituto Anatómico Forense. / Efe

Los forenses aguardan los resultados de la prueba de ADN de la exdeportista, cuya muerte apunta a que fue voluntaria

JAVIER VARELA y MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

El cuerpo no presentaba signos externos de violencia. La posición del cádaver era natural, como si hubiera decidido tumbarse o recostarse en un paraje que conocía como la palma de su mano. La causa de la muerte de Blanca Fernández Ochoa, a los 56 años, no se conocerá de forma definitiva hasta que se hagan públicos los resultados de la autopsia. Todo apunta, no obstante, a que fue voluntaria.

Se esperaba que este mismo jueves se diera a conocer el análisis preliminar, pero el avanzado estado de descomposición de los restos mortales ha impedido la identificación del cuerpo mediante huellas dactilares. Los forenses aguardan a las pruebas de ADN y a los resultados de otros análisis para certificar que se trata de Blanca Fernández Ochoa, por un lado, y los elementos que pudo ingerir, y si fueron los causantes de su muerte, por otro.

Cada vez hay menos dudas de uno y otro extremo. En la exploración del cadáver no se hallaron fracturas o cortes incompatibles con la vida. Tampoco la orografía del terreno donde un guardia civil fuera de servicio y su perro, un pastor alemán, encontraron el cuerpo invitan a pensar que podría haber sufrido un accidente. Los investigadores prefieren ser cautos, no adelantar acontecimientos, pero poco a poco van conociéndose detalles de qué es lo que ocurrió desde que dejara la casa de su hermana Lola el pasado 23 de agosto hasta este miércoles, cuando su cuerpo sin vida se encontró en el Collado del Rey, una localización próxima al pico de la Peñota, en la sierra madrileña, limitando ya con la provincia de Segovia.

Junto al cadáver de quien fuera la primera medallista olímpica española –bronce en los Juegos de Albertvilla en 1992– se encontraron varios estuches de pastillas, algunos sin abrir, de la medicación que tenía prescrita por los médicos que la trataban de sus problemas psiquiátricos. Entre las pertenencias estaba también el recibo del supermercado donde el día 24 de agosto fue vista por última vez, así como las llaves de su coche. Vestía pantalón corto y camiseta y no portaba nada que pudiera hacer pensar que pretendía pernoctar en el monte. Se cree que falleció ese mismo día.

Además, no llevaba ningún tipo de documentación y la cartera, con 15 euros, la había dejado en su vehículo, un Mercedes Clase A de color negro que apareció estacionado en uno de los aparcamientos de la sierra madrileña este lunes, cuando se puso en marcha el operativo de rescate de la exdeportista, cuya desaparición denunció la familia una semana después de no tener noticias de su paradero. Cerca del cuerpo también se halló una botella de vino casi llena que los investigadores, de momento, no se atreven a aventurar que perteneciera a la exesquiadora.

Incineración

La familia de Blanca Fernández Ochoa permaneció durante toda la jornada en el Instituto Anatómico Forense, con la intención de trasladar los restos mortales de su madre y hermana a Cercedilla para así poder velarla. Y el deseo inicial de sus hijos era poder incinerarla este mismo viernes en Pozuelo. Sin embargo, las dificultades que entraña la autopsia por el estado de descomposición de la exdeportista, cuyo cuerpo estuvo a la intemperie desde el mismo 24 de agosto, pospondrá los deseos iniciales de la familia. En principio se cree que el cadáver de Blanca Fernández Ochoa podría permanecer en el Instituto Anatómico Forense de Madrid hasta este sábado. De ahí, a Cercedilla, un pueblo que llora la muerte de una de sus hijas predilectas y donde se la vio por última vez con vida.

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