Pierre Assouline: «Cervantes es más moderno que Almodóvar»

El escritor, periodista y biógrafo francés Pierre Assouline, autor de 'Regreso a Sefarad' /Francesca Mantovani
El escritor, periodista y biógrafo francés Pierre Assouline, autor de 'Regreso a Sefarad' / Francesca Mantovani

El escritor francés de origen sefardí narra su peripecia para obtener un pasaporte español que aún espera

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Está decepcionado. En 2015 Pierre Assouline (Casablanca, 1953) se apresuró a pedir el pasaporte español acogiéndose a la ley que permitía a los descendientes de los sefardíes, los judíos expulsados en 1492, acceder a la nacionalidad. «Sigo esperando el documento, pero la paciencia tiene un límite», dice resignado y un poco dolido el autor de 'Regreso a Sefarad' (Navona), un libro híbrido en el que este escritor y periodista francés da cuenta de su peripecia en esta aventura emocional y legal en la que ha coincidido con los casi 132.000 sefardíes de 60 países que han solicitado el pasaporte español. Una cifra que supera casi cinco veces la previsión del Gobierno.

Biógrafo de Simenon, Hergé y Cartier-Bresson, ha cocinado «un cocido quijotesco» en 'Regreso a Sefarad', «una novela sin ficción a lo Javier Cercas»

«¡Cuánto os hemos echado de menos!», dijo a los sefardíes el rey Felipe VI en diciembre de 2015. Aquel discurso real tocó la fibra más sensible de Assouline, que puso en marcha un doble proceso: la obtención de la nacionalidad de la tierra de sus antepasados, originarios de Navarra y Sevilla, y la escritura de la atípica «novela sin ficción, como 'Anatomía de un instante' o 'El impostor' de mi amigo Javier Cercas», a quien convierte en personaje y que ha presentado el libro en España junto al editor Pere Sureda.

Assouline superó muchas dudas –«llevamos esperando cinco siglos y es como si me hubieran tendido la mano y me la hubieran retirado»–, pero planteó su solicitud y se vino a España, «al país del Quijote y Almodóvar, de Goya, el Real Madrid y el Barça, de la Inquisición y la movida; a ese lugar que explora su pasado y lo reprime». Fue al encuentro de sus gentes, sus escritores, sus poetas, sus maestros y de las personas de a pie mientras su solicitud «se topaba con obstáculos imprevistos».

Quijotesco

Cuenta su peripecia en un libro de corte quijotesco. «El 'Quijote' es un cocido literario en el que cabe todo, y quise hacer lo mismo», dice Assouline, que inicia y acaba su libro con las mismas palabras que la universal novela del ingenioso hidalgo: 'Desocupado lector' y 'vale'. «Cervantes es, aún hoy, el escritor más moderno que existe. Tiene una audacia y una libertad inauditas», asegura este contumaz lector del padre de la novela moderna a quien tiene por «más moderno que Almodóvar».

«Mientras escribía mi novela he sido un quijote, el ingenioso sefardí», se reivindica. Ha explorado la esencia de lo español y lamenta que en nuestro ADN esté «el afán de expulsar sistemáticamente a las élites, a su gente más valiosa». «España es el país que se vacía, y no solo demográficamente; hay otra España vacía, la que pierde a los sefardíes, a los árabes musulmanes, a los protestantes y también al exilio republicano», enumera Assouline, lamentando «esta terrible pérdida de riqueza intelectual que ha tenido un elevado coste».

Su madre le cantaba canciones de Joselito y conoció de crío la gris España franquista. «En mis recuerdos de infancia es un país en blanco y negro, con mujeres de luto, mucho sol y gente dura que nunca sonreía», evoca. Redescubrió después la colorista España de la movida, «que fue una ilusión en Madrid», pero hoy más que aquella efervescencia y las playas «me interesa esa España vacía de la que habla Sergio del Molino».

Nacido en el seno de una familia sefardí instalada en Marruecos, Assouline estudió en París, donde desarrolló su carrera como periodista, biógrafo, ensayista y novelista. Cronista y crítico en 'Le Monde', 'Le Nouvel Observateur' y Radio France Culture, miembro de la Academia Goncourt desde 2012, ha publicado elogiadas biografías de grandes figuras de la cultura francófona como Georges Simenon, Hergé, el editor Gastón Gallimard o el fotógrafo Henri Cartier-Bresson. «La curiosidad es el motor de una buena biografía», dice admitiendo que ahora no encuentra un personaje que le tiente. «Pensé en Alain Delon, pero un colega se me ha adelantado». ¿Y Felipe VI? «Es aún demasiado joven. Le tengo más simpatía que a su padre, que acabó mal, pero le quedan muchas cosas por hacer», se escabulle Assouline, que trabaja en una novela sobre Kipling y su padre.

Nacionalismo racista

Atento observador de nuestra realidad, lector diario de periódicos españoles, abomina de la situación en Cataluña y del «independentismo radical y racista» que encarna, a su juicio, Quim Torra. «Su discurso y sus insultos a quienes no piensan como él son racistas», asegura este amigo y acérrimo defensor de Manuel Valls. «Antes de ser presidente Torra escribió artículos racistas en los que se apela al odio y que hoy estarían prohibidos por la ley en Francia», dice. «Comprendo el sentimiento nacional catalán, pero no la voluntad independentista ni el odio a España y al castellano», agrega.

Biógrafo de Hergé –el creador de Tintín–, siente Assouline «mucha más simpatía» por el capitán Haddock que por el reportero de los bombachos y el tupé. «Haddock es melancólico, depresivo y bastante patético, y por eso mucho más interesante». «Correcto, impecable e íntegro como un 'boy scout', Tintín es tan poco interesante como Hergé». «Es el único reportero que no ha escrito una sola línea y cruza el mundo sin mancharse las manos con dinero, sin gastar jamás un céntimo», ironiza.