Adiós a la conciencia moral de Alemania

El escritor alemán Günter Grass. /
El escritor alemán Günter Grass.

Günter Grass, arquetipo de escritor que sobrevivió a la II Guerra Mundial, muere a los 87 años tras toda una vida en la que empleó la pluma para convertirse en la voz crítica de su país

ANTONIO PANIAGUAMadrid

El escritor alemán Günter Grass, Premio Nobel de Literatura y considerado la conciencia moral de Alemania, ha muerto a los 87 años en la ciudad germana de Lübeck, según ha informado la editorial Steidl. Hombre de una actividad inabarcable -cultivó la novela, la poesía, el teatro, la escultura, el grabado y la acuarela-, Grass era el autor de 'El tambor de hojalata' (1959), un retrato fiel y pormenorizado de una época decisiva para Europa, la del periodo de entreguerras.

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Esta novela, la más representativa de todo su quehacer literario, cuenta la historia de Óscar Matzerath, un niño que a los tres años se rebela contra la realidad y decide que no quiere crecer, de modo que interrumpe su crecimiento y se dedica a gritar con voz tronante y a tocar el tambor. A través de los ojos melancólicos y lúcidos del pequeño, Grass recreó el canto del cisne de un país y una sociedad que se deslizan hacia el desmoronamiento y se autodestruyen lentamente.

Nacido en 1927 en la ciudad báltica de Danzig (actualmente Gdask, en Polonia), se hizo escritor después de haber recibido una sólida formación como escultor y dibujante. La vida de Günter Grass no se puede entender sin la II Guerra Mundial. Él mismo contaba que su infancia acabó en el momento en que oyó las andanadas de un navío de línea, el vuelo de los bombarderos y los disparos de los carros blindados.

Desde su atalaya de gran santón moralista, de intelectual que esgrime la pluma para denunciar las injusticias de su tiempo, Grass mantuvo sonadas polémicas. En medio de la euforia por la reunificación alemana, aguó la fiesta con unas declaraciones extemporáneas que sentaron a muchos alemanes como una patada en el estómago. Aseguraba que no había motivo de orgullo ni de celebración, y que ese momento de la historia podía interpretarse como un advenimiento del IV Reich. Muchos le tildaron entonces de bocazas exagerado, pero él respondió con un lacónico y severo "yo conozco a mi pueblo", sabedor de la fascinación que entre su pueblo siempre habían ejercido las llamadas al orden para embarcarse en una gran empresa.

En un libro autobiográfico, 'Pelando la cebolla', confesó que no había alcanzado la mayoría de edad cuando en 1944, en plena guerra, se enroló a una división acorazada de las Waffen SS. No disparó un solo tiro, pero esa revelación fue suficiente para que los enemigos que se había granjeado durante toda una vida de conciencia crítica no se lo perdonaron y se lanzaran en tromba contra él. En realidad, con ese reconocimiento tardío de haber sucumbido también él al embeleso nazi, Grass ponía de manifiesto lo fácil que era rendirse a la adoración de la fuerza bruta y el desprecio al débil.

La noticia hizo correr ríos de tinta en todo el mundo y hubo quien le reclamó que renunciara al Nobel, que recibió en 1999, el mismo año que ganó el Príncipe de Asturias de las Letras.

En ese papel de voz molesta y disonante, sublevó a Israel cuando en 2012 publicó un poema, 'Lo que hay que decir', en el que el escritor apuntaba a los hebreos y su supuesto arsenal nuclear como el verdadero peligro para la paz mundial. El Gobierno de Tel Aviv le declaró persona non grata, le recordó su pasado nazi y le aconsejó que mirara hacia Irán si quería descubrir de verdad amenazas nucleares.

'El tambor de hojalata', junto a 'Años de perro' y 'El gato y el ratón', componen la 'Trilogía de Danzig', que dio al escritor renombre universal. Otras obras importantes son 'El rodaballo' (1977), 'Es cuento largo', un libro demoledor sobre la unificación alemana, y 'A paso de cangrejo'. En 'Mi siglo' (1999) da prueba de sabiduría en plena madurez y en 'Del diario de un caracol' medita sobre el progreso y la comunicación entre generaciones.

De convicciones socialdemócratas, salió en defensa de escritores perseguidos, como Salman Rushdie, y reclamó a las autoridades de su país que sancionaran a Irán por la condena a muerte del autor de 'Los versos satánicos'.