Els Joglars: «En Cataluña no nos alquilan»

Los miembros de la compañía Els Joglars en Madrid./Efe
Los miembros de la compañía Els Joglars en Madrid. / Efe

La compañía vuelve a cuestionar el nacionalismo en su nuevo montaje, 'Señor Ruiseñor'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Igual que hicieron con Jordi Pujol, Dalí y Josep Pla, Els Joglars vuelven a viajar desde lo local hasta lo universal diseccionando, una vez más, a un catalán universal para reflexionar sobre el estado del mundo. En esta ocasión, con la obra 'Señor Ruiseñor', la compañía de teatro fundada por Albert Boadella sube al escenario al pintor Santiago Rusiñol, un artista ingenioso y cosmopolita, un espíritu libre, alegre y sensual que, sobre las tablas, contrapone su visión de la vida a la situación actual de Cataluña.

No niega Els Joglars que su discurso sigue ligado, casi 60 años después de la creación del grupo, a la realidad de Cataluña, tan cerca y a la vez tan lejos. Su nuevo montaje, 'Señor Ruiseñor', que se representa desde este 9 de enero en el teatro María Guerrero de Madrid, irá de gira por toda España, excepto por Cataluña, donde la compañía actúa muy esporádicamente desde hace décadas. «No estamos vetados, pero no actuamos en Cataluña porque no nos alquilan, no porque no queramos», explica Dolors Tuneu, una de las miembros de Els Joglars.

«Nos encantaría poder actuar en Barcelona porque aspiramos a tener el mayor número de bolos posible, no nos gusta ir de víctimas, pero si no te contratan, no podemos hacer nada. Nuestra distribuidora envía los dosieres a todos los ayuntamientos catalanes, pero nos encontramos siempre con la misma respuesta: el silencio», dice Tuneu, que recuerda la mala experiencia de alquilar teatros en Cataluña por cuenta de la compañía. «No nos podemos engañar: cuando hemos ido, no era mucho el público que teníamos. La realidad es la que es».

«Si nos llaman de Waterloo, nos lo plantearemos», bromea Ramón Fontserè, que dirige una obra que basa su argumentación en el cuadro 'La morfina', una droga habitual en la época de Rusiñol, del mismo modo que la absenta, y que facilitan que la fantasía y la realidad se confundan.

Rusiñol (Barcelona, 1861-Aranjuez, 1931) perteneció a una familia catalana de industriales del textil. En 1889 viajó a París, donde se introdujo en la bohemia y se empapó del impresionismo, y después regresó a España. Al final de su vida se fue a Aranjuez, y allí, con el auspicio de Alfonso XIII, fue nombrado jardinero real y pintó los jardines de la localidad, en la que le conocían como 'Ruiseñor', el nombre que da título a la obra de teatro.

Era también Rusiñol un hombre que «reivindicaba el arte como patria universal y que se enfrentaba a las patrias identitarias. Era un destructor de los fanatismos», resume Fontserè, el dramaturgo de una obra en la que los actores Juan Pablo Mazorra, Rubén Romero, Pilar Sáenz y Xevi Vilà completan el reparto.

Los miembros de Els Joglars creen que, en el tiempo de los ofendidos y de lo políticamente correcto llevado al extremo, el humor es más necesario que nunca. «El espíritu de Els Joglars siempre ha sido poner el dedo en la llaga en asuntos de debate, como la religión, la política o el arte, y seguimos en la misma línea. Intentamos mantener el espíritu libre porque la base de nuestro oficio es esto, utilizar al máximo el ingenio, la gracia y la malicia para poner en solfa los tabúes de nuestra sociedad», apunta Fontserè.

«El humor es inherente al hombre, y sirve incluso para enfrentarse a la muerte: en Auschwitz había sentido del humor», agrega el director de la obra.

 

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