Un piloto y un payaso, héroes de Badajoz hace 50 años

Tumba de Luis Milla en Badajoz y su fotografía como el Gran Vicent. / PAKOPÍ

En 1967 una avioneta de publicidad se estrelló junto a la plaza de toros cuando estaba a punto de ser inaugurada

NATALIA REIGADAS BADAJOZ.

El sábado 24 de junio de 1967 abrió sus puertas la nueva plaza de toros de Badajoz. Paco Camino, el triunfador de la tarde, inauguró el coso con capacidad para 12.500 espectadores junto a un joven Francisco Rivera Paquirri y a Pedrín Benjumea.

El día anterior, y a solo unos metros de allí, otros dos hombres se convirtieron en héroes, aunque apenas se les recuerda. Fueron el piloto José Rodríguez Gilabert, de 27 años, y el payaso de circo Luis Vicente Luna Milla, de 26. Ambos fallecieron al estrellarse una avioneta de publicidad, pero evitaron, con su actuación, que la tragedia fuese aún mayor. Han pasado 50 años desde que se convirtieron en héroes.

El accidente tuvo lugar sobre las cuatro de la tarde. En la acera frente a la nueva plaza de toros estaba la piscina Conde, donde cientos de pacenses trataban de refrescarse en un día sofocante. En el cielo apareció una avioneta de propaganda, una imagen habitual entonces. Los ocupantes lanzaban pasquines de publicidad del circo Krone, que visitaba la ciudad con motivo de la Feria de San Juan, y los niños corrían a recogerlos.

La avioneta tenía algo particular que llamó la atención de los asistentes porque incluía megafonía. Hasta entonces era habitual que hubiese coches por las calles con altavoces, pero no aviones de este tipo. Los ocupantes iban nombrando los espectáculos que esa noche tendrían lugar en el circo, entre ellos, el número del Gran Vicent, como se hacía llamar el clown que ocupaba la avioneta.

De repente los vecinos vieron cómo salía humo de la parte trasera del avión. En pocos segundos las llamas comenzaron a calcinar el fuselaje de madera y lona. El piloto y el clown, manteniendo la calma, pidieron por megafonía a los vecinos que estaban en la piscina Conde que desalojasen. Los testigos indicaron en su día que la intención de José Rodríguez Gilabert era aterrizar en la piscina, quizá para poder salvar la vida. A última hora, sin embargo, descartó esta posibilidad, probablemente porque entendió que podía haber heridos, y giró bruscamente para caer en picado en el cauce del Rivillas. Los que vieron de cerca el accidente relataron a HOY que la actuación de los ocupantes salvó muchas vidas ese día.

Un giro para salvar vidas

La crónica de este periódico del accidente quiso homenajear ese hecho: «Es de destacar el valor y la heroicidad del piloto (...) que también renunció a aterrizar en la explanada de la nueva plaza de toros, donde debió pensar que podía originar alguna catástrofe para las casas y peligro para las gentes. Este rasgo humanísimo, al filo de la muerte que desgraciadamente les arropó segundos después, da a este suceso una dimensión emotiva y de agradecimiento dentro del duelo, ya que de haber caído en la piscina o en otra parte, quizás habría que haber llorado a más víctimas», publicó HOY hace 50 años.

La avioneta se incendió contra un árbol. Los testigos corrieron a socorrer a los ocupantes. Solo el piloto sobrevivió a la caída, pero murió instantes después por la gravedad de sus heridas.

El cronista taurino Fernando Masedo recuerda cómo se enteró de la noticia. Él estaba en el Club Taurino, junto a San Andrés, con los preparativos de los festejos. Iba a cubrir la feria para la Agencia Cifra cuando les informaron de la caída de la avioneta. Fue impactante, pero admite que el sacrificio del piloto y el clown pasaron desapercibidos. «Porque había euforia en toda la ciudad con la apertura de la nueva plaza».

Masedo encontró hace unos años a uno de los testigos de este suceso. Cuando vio caer la avioneta era un niño de 10 años que jugaba en la azotea de su casa, en la calle Reyes Huertas de San Roque. Ahora tiene 60 y es conocido por todos como Mariano Mariano. El humorista pacense nunca ha olvidado el accidente. «Jugaba con un amigo y vimos la avioneta. Era novedoso que llevase megafonía. Iban diciendo que el circo se llamaba Krone, dónde estaba, que tenía un mago. Pasó por encima de nosotros. Lo recuerdo».

«De repente escuchamos que el sonido del motor se iba interrumpiendo y comenzaron a decir por la megafonía: a la gente de la piscina Conde, despejen, por favor. Lo repitieron varias veces y pensamos que iba a aterrizar, pero al final giró y ya no vimos más. Solo salir humo del río. Luego se comentó que había esquivado a la gente para que no hubiese más muertos».

El cuerpo del piloto fue trasladado a Santander, su ciudad. Su familia vino a buscarlo a Badajoz, incluida su esposa, que estaba embarazada. Sus jefes destacaron que era un gran profesional con vocación aeronáutica. De hecho fue taxista desde joven para pagarse los estudios y finalmente poder volar.

Luis Milla, sin embargo, fue enterrado en Badajoz. HOY acudió al entierro con todos los componentes del circo Krone que lloraron su pérdida, en especial su mujer y su compañero en el espectáculo, Pipo.

Ese mismo día el circo tuvo función en Badajoz y los clowns actuaron, según destacó el director del espectáculo en el funeral, «porque no puede concebirse una función de circo sin payasos».

El Gran Vicent quedó enterrado en el departamento 6, modulo P, fila 3 y nicho 80 del cementerio de San Juan. Allí sigue. En su lápida dice 'Luis Vicente Luna Milla. Falleció en accidente de aviación el 23 de junio de 1967. El pueblo de Badajoz no te olvida'. Dos fotografías, una de paisano y otra caracterizado de payaso, recuerdan a este clown junto a unas flores secas.