Proserpina y Cornalvo: ¿romanas o no?

Embalse de Proserpina, arriba; y presa de Cornalvo, abajo./
Embalse de Proserpina, arriba; y presa de Cornalvo, abajo.

Un estudio del arqueólogo del Consorcio Santiago Feijóo y de su compañero Diego Gaspar reabre el debate del verdadero origen de las presas del entorno de Mérida

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

¿Las presas de Proserpina y Cornalvo son romanas o no? Esta es la pregunta que el arqueólogo del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida Santiago Feijóo y su compañero Diego Gaspar han lanzado al aire. Estos investigadores han vuelto a poner sobre la mesa un tema que ya expusieron en el año 2005 y que ha suscitado un debate entre los estudiosos del origen de las conducciones hidráulicas.

El hallazgo de nuevos tramos de los acueductos que abastecían a Augusta Emérita aseguran que confirmaría que estos dos embalses no son de origen romano, sino de una época posterior como el Alto Medievo.

El acueducto de Cornalvo, con la inscripción 'Aqua Augusta', y de cuyo canal Feijóo y Gaspar han encontrado 30 nuevos kilómetros que se suman a los 40 ya conocidos, se convierte en uno de los más largos de la península con una longitud de entre los 75 y 90 kilómetros.

Fernando Aranda, Director adjunto de CHG: «Proserpina tiene un material clásico de la época romana»

José María Álvarez, Investigador: «Hay datos históricos que demuestran que son romanas»

Trinidad Nogales, Directora del MNAR: «Veo que todavía le faltan solidez y argumentos a su hipótesis»

Miguel Alba, Arqueólogo: «Hasta ahora la teoría de Feijóo no ha sido rebatida por la ciencia»

Además, estaba el de Proserpina, con uno o dos nuevos ramales que estos investigadores intuyen que existían. El de San Lázaro, con cinco ramales; y el último que se encontró, hace diez años, el de las Abadías, que tendría dos ramales.

La teoría tradicional sostiene que para que estos acueductos tuvieran más caudal se hicieron Proserpina y Cornalvo para abastecer a la ciudad, algo que cuestiona Feijóo.

El investigador del Consorcio indica que una ciudad nunca debe abastecerse de agua embalsada porque no es potable y en ese tiempo no existían los sistemas de depuración y cloración. Asegura que el acueducto siempre está subterráneo y abovedado, algo que es incompatible con captarla de un embalse.

Para Feijóo, es en la época visigoda o islámica, con los acueductos romanos ya abandonados, cuando se hacen los dos embalses de Mérida para aprovechar esa red. Pero ya para otros usos como mover molinos.

Esta teoría, mucho más amplia y con muchos más argumentos y explicaciones es apoyada por unos y rebatida por otros. Las conclusiones de Feijóo son apoyadas, por ejemplo, por el exdirector del Consorcio, Miguel Alba. Dice que hace doce años estaba totalmente de acuerdo con Santiago Feijóo y que se mantiene en esa idea.

Cree que tras la exposición del tema ha faltado una contestación a su trabajo, recogido en dos publicaciones. «Ahí da su argumentación pormenorizada. La gente opina y, por el momento, lo que ha dicho no ha sido rebatido científicamente».

Alba señala que «claro que hay presas romanas, eso nadie lo pone en duda. Lo que se cuestiona es que concretamente estas dos abasteciesen de agua a Mérida. Eso sí que no».

Además quiere dejar claro que una cosa son los acueductos y otra las presas. «El acueducto, en el caso de Proserpina, claro que llega hasta la zona de la presa. Pero la cuestión es que estaría más allá de la presa, siguiendo la captación de agua. Esto antes de que estuviera hecha la presa, que se hizo siglos después. Cuando cortan la conducción, que es como se ve en el espaldón de la presa, no hay una conexión de la conducción romana a la presa, sino que está cortada. En el caso de Cornalvo pasa igual», explica el arqueólogo.

Embalse de Proserpina, situado a poco más de cinco kilómetros de Mérida, con la presa al fondo, que se discute ahora si es de origen romano o no.
Embalse de Proserpina, situado a poco más de cinco kilómetros de Mérida, con la presa al fondo, que se discute ahora si es de origen romano o no. / J. M. ROMERO

Señala que la importancia de la teoría de Feijóo no es que cuestione solo el origen de las presas, sino lo que se ha pensado siempre de que el resto de las ciudades han estado abastecidas con el mismo sistema. «Y eso no es así», indica.

Otro de los temas que según Alba plantea Feijóo «y sigue sin ser contestado» es el de las tres presas superpuestas que hay en Proserpina. «Estas se han hecho para tener cada vez más capacidad de almacenamiento de agua, siempre en relación a Los Molinos». Añade que uno de los argumentos más sólidos de Feijóo es que hay un problema de cota. «Una cota que queda encima a la primera presa, que es la que está abajo del todo, y que es la que se entendería que fuera romana. Es imposible que almacenando el agua le llegara a la conducción que queda arriba».

Se refiere por último al tipo de material que se usa en la presa de Proserpina e indica que tiene una fábrica que es típicamente del Alto Medievo.

Estudioso en la materia, el director del Instituto de Arqueología de Mérida, Pedro Mateos, indica que «por ahora no hay suficientes argumentos arqueológicos para variar la cronología de las presas. Es absolutamente necesario un proyecto de investigación para profundizar en un tema que se ha estudiado muy someramente».

Dice que hasta ahora todo lo que se hablado sobre el tema es en base a elementos puntuales, a una aproximación muy general. «Todo lo que se dice es un poco futurible, hipotético y los argumentos defendidos por Feijóo, hasta ahora, no tienen un componente arqueológico, sino un componente vinculado a la potabilidad del agua. Es un elemento sujeto a especulación».

Del lado contrario

Del lado contrario hay expertos en la materia como el exdirector del Museo Nacional de Arte Romano. José María Álvarez, gran conocedor y estudioso de las conducciones hidráulicas, que declara tajantemente que tanto Proserpina como Cornalvo son presas romanas. «Hay muchos datos arqueológicos e históricos que así lo demuestran».

Explica que en esa Alta Edad Media a la que alude Feijóo «Mérida no estaba como para hacer presas por la situación política que tenía». Explica que en el siglo IX la ciudad «estaba a la greña» con Córdoba. «Se levantó una Alcazaba a toda prisa porque había muchos problemas».

Añade que el hecho de que se haga una conducción hidráulica de 9,5 kilómetros hasta Mérida es para tomar agua de algún sitio importante, «no de algunas de las pocas corrientes que hay por ahí».

Confiesa Álvarez que de este tema podría decir muchas cosas más, pero se quiere reservar hasta que, primero, escuche todas las voces que puedan hablar sobre este tema, y segundo, hasta que pueda hablar más con el interesado que, en este caso, es Santiago Feijóo.

Por su parte, la actual directora del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, Trinidad Nogales, califica el tema de complejo. «Aquí no solo entra la opinión del arqueólogo, sino también de ingenieros, topógrafos o geógrafos que han hecho estudios sobre el tema».

Presa de Cornalvo, en el Parque Natural del mismo nombre.
Presa de Cornalvo, en el Parque Natural del mismo nombre. / J. M. ROMERO

La directora del museo alaba el trabajo de Feijóo y lo califica de «muy valiente». Dice que como buen investigador que es no se conforma con lo que se ha dicho hasta ahora. Plantea una hipótesis. «Yo como investigadora que soy, veo que todavía le falta más solidez, más elementos que confirmen su hipótesis de que esas presas no son de época romana sino del Alto Medievo».

Nogales deja claro que no quiere quitar «ni un ápice de valor» al trabajo de su colega y lo califica de «muy interesante». «Me merece todo el respeto desde el momento en el que hace una hipótesis y la lanza a la comunidad científica. Ahora espera que esta comunidad, si es consecuente, seria y rigurosa lo estudie y analice. Y los que estén de acuerdo, lo apoyarán, y los que no, no. Así es como se trabaja en ciencia, con argumentos».

Asimismo, dice que una obra utilitaria sufre muchas reformas en el curso de los siglos. «Los emeritenses, cuando miran el Teatro Romano no están viendo el Teatro que inauguró Augusto. Era otro. Pero por eso no podemos decir que el Teatro no sea de Augusto. El Teatro se hace en época de Augusto. Otra cosa es la fisonomía que tenemos de él», argumenta. Añade que, sobre este tema, muchos como ella piensan que la presa es romana. Que tiene un origen romano aunque haya sufrido reformas ulteriores y la fisonomía que ahora ven los emeritenses de esta presa quizás no sea la original que tuvo. «Puede ser un paramento que se haya restaurado en el curso de los siglos...».

Insiste en que en la ciencia no hay nada inamovible y que los argumentos científicos avanzan con este tipo de debates, que cree que son muy enriquecedores

Hablando de argumentaciones, Nogales dice que los romanos no hacen conducciones si no hay un punto de toma de captación de agua. «Eso también es lógico. Que los romanos hicieron grandes esfuerzos para llevar el agua, por supuesto, porque para ellos era una materia muy preciada».

Recuerda además aquella vez que tanto José María Álvarez como ella plantearon que el Anfiteatro, originariamente, era de madera. «Todos se quedaron... Probablemente el primer Anfiteatro que hubo en Mérida era de madera. Lo que vemos ahora es un anfiteatro más tardío, de otra época».

En Arqueología, poner fechas a las cosas es muy difícil, finaliza Nogales. «No es tan sencillo demostrar las cronologías. Salvo que tengas una inscripción o una secuencia epigráfica... Tenemos que pensar que en este tipo de obras utilitarias, como se han usado prácticamente hasta el siglo XIX, muchas veces los vestigios se han retocado».

Visión de la Confederación

La Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) llevó a cabo el gran proyecto de acondicionamiento de Proserpina, así que tiene documentación bastante amplia sobre el tema. De hecho, uno de los que más saben de conducciones hidráulicas es su director adjunto. Fernando Aranda explica que los argumentos que aporta Feijóo son exactamente los mismos que hace doce años. «En lo único que ha cambiado es en que se han hallado dos nuevos acueductos». Recuerda que en ese tiempo desde Confederación se dio una respuesta «bastante completa y documentada» a este debate. Ahora insiste en que desde la entidad creen que las dos presas son romanas en sus orígenes y que, desde luego, están relacionadas con los acueductos y conducciones que traían el agua a Mérida.

Aranda declara que un embalse no es agua estancada, como sostiene Feijóo. «Las aguas de un embalse no tienen por qué no ser potables. Claro que puede sufrir fenómenos de contaminación y corromperse, pero no es lo habitual. Es un proceso físico, químico y ecológico muy complejo y sobre esto hay mucho escrito».

Más

Pero va más allá. Asegura que los embalses mejoran la calidad de las aguas de un río. Que tiene dos efectos importantes de beneficio: la decantación y la insolación. La primera se produce cuando todo lo que trae el agua con la corriente, por su peso, se va al fondo. «Los embalses son fuentes de decantación y solo por eso mejora la calidad de las aguas superficiales».

Sobre la insolación, que es que el sol da en el agua, Aranda explica que esta función tiene un efecto bactericida importantísimo. Mata las bacterias y microorganismos que pueden ser nocivos cuando se bebe dicha agua. «Un embalse, al retener el agua y hacer que el sol incida sobre ella tiene un efecto bactericida importante».

Recuerda que en 2010, Confederación llevó a cabo la rehabilitación de la presa y entorno de Proserpina, obras en las que encontraron el origen del acueducto pegado a la presa. «No puede haber dudas de que el acueducto de Proserpina salía de la presa», indica. «Puede haber alguien que diga que el acueducto pasaba por allí y luego se hizo la presa. Puede ser. Y puede dar la casualidad de que el acueducto apareció a la misma cota que la galería original romana de salida de la presa. Por lo que el tema está meridianamente claro. El acueducto salía de la presa y el agua de Proserpina llegaba a la ciudad por el Acueducto de los Milagros. Eso nos indica que había una conexión hidráulica grandísima entre la presa y el acueducto», argumenta Aranda.

Por otro lado, señala que se conocen otros ejemplos de construcción de embalses para abastecimiento de ciudades romanas. No muchos, porque las presas son obras carísimas, ya que tiene unos volúmenes de materiales inmensos. Pero nombra la presa de Alcantarilla, en Toledo, otra que está en Andelos (Navarra), en la Lisboa romana e incluso en Roma, que llegó a tener hasta once acueductos.

Indica que del aspecto de la construcción de la presa de Proserpina se ha dicho alguna vez que no parece romano, que parece de la Alta Edad Media. «Lo que nosotros vemos de Proserpina, lo más seguro, es que no sea romano. Estoy convencido. Pero detrás de eso hay un muro de hasta seis metros de espesor de un material que se llama hormigón romano. Un material clásico y característico de la época romana que se diferencia de los cal y cantos medievales».

Por último, Aranda coincide con José María Álvarez y asegura que el Alto Medievo del que habla Feijóo es una fecha en la que había una gran inestabilidad en la ciudad. «Por lo tanto, hacer obras tan enormemente costosas no resultan razonables. Y menos para mover cuatro molinos o para regar campos de cultivo. Para eso ya tenían el Guadiana».

El debate está abierto. Un estudio que ha servido, entre otras cosas, para volver a plantear el origen de los embalses emeritenses y no dar nada por sentado por muy escrito que esté en la historia.

Fotos

Vídeos