Hoy

«Como periodista necesito ejercer la investigación y la denuncia»

Ángel Sastre regresó a América Latina para seguir como periodista 'freelance' tan solo dos meses después de ser liberado :: la razón
Ángel Sastre regresó a América Latina para seguir como periodista 'freelance' tan solo dos meses después de ser liberado :: la razón
  • El 'freelance' que fue secuestrado en Siria recibirá el premio Extremeños de HOY por su labor como reportero social y de conflictos

Ángel Sastre (Don Benito, 1981) encarna la definición del periodista de raza, el que no duda en adentrarse en zonas peligrosas y de conflicto para conseguir una buena historia de denuncia social. Los riesgos que asume quedaron en evidencia cuando en julio de 2015 fue secuestrado en Siria junto a otros dos reporteros españoles, y liberado nueve meses después. Responde a esta entrevista por teléfono desde las inmediaciones de Cali (Colombia) mientras prepara junto a un compañero un reportaje sobre los laboratorios de cocaína.

¿Cuándo regresó a la actividad periodística? ¿Sigue como 'freelance'?

Aproximadamente dos meses después de salir. Siempre fui periodista 'freelance', desde que me fui como corresponsal de Onda Cero a Londres y ya nunca abandoné esa figura, con sus distintas modalidades.

¿Es la única manera de poder hacer lo que usted hace?

En el actual panorama, la figura que ejerce este tipo de trabajo el 80 o 90 por ciento de las veces es la del 'freelance', lo cual abre un debate más extenso, que es el de las nuevas tarifas, la excesiva precariedad laboral o la poca cobertura que tienen. Incluso desde que yo soy 'freelance' las condiciones han ido a peor, pues cada vez se paga menos y se le cubren menos gastos al periodista. Hay una enorme falta de interés.

¿Por parte de los medios o por parte del público?

Ese es el eterno debate. No quiero entrar en polémicas sobre si la gente se ha vuelto más imbécil y tiene menos capacidad para ver un documental o leer un libro largo, y si todo tiene que ser más veloz y a corto plazo. Yo con quien me meto es con los gerifaltes, los editores, los que manejan el cotarro... con los que me compran. Son periodistas y son con los que yo lidio y de quienes he visto en estos once años que han ido disminuyendo el espacio y el interés por las coberturas internacionales y los temas sociales. Siempre hay excusas, como la crisis o que a la audiencia no le importa. Un ejemplo es que actualmente se está viviendo la ofensiva de Mosul, hay allí muchos periodistas españoles y la cobertura que se le da es mínima.

Imagino que eso genera desencanto entre quienes se dedican como usted a este tipo de periodismo. ¿Dan ganas a veces de abandonar?

Genera desencanto, furia y rabia. Personalmente tengo pocas opciones porque no sé hacer otra cosa, así que lo equilibras por otro lado con la pasión que sientes con el trabajo. Diciendo esto me emociono. A mí esto es lo que me hace feliz, pero aparte de hacerte feliz tiene que darte de comer. Aunque la frustración y la rabia son grandes, la pasión y las ganas de trabajar al final pueden.

Usted trabaja sobre todo en América Latina.

Sí, se puede decir que es lo que me da de comer, y luego me gasto el dinero en cubrir otros asuntos.

Lograr cobertura

Es un continente muy grande. ¿Cómo selecciona lo que va cubrir en cada momento?

Es una mezcla entre lo que tú ofreces y lo que ellos te piden. Hay temas que me interesan pero que cuesta mucho vender, sobre todo los temas más sociales, por ejemplo lo que estoy haciendo ahora mismo en Colombia con la guerrilla, los laboratorios de narcotráfico... Luego está el 'daily news', la noticia del día a día, y la política, que es lo que más vendes porque es lo que más interesa a los medios para el informativo o la página diaria. Al final es una mezcla, y vas combinando lo que ellos quieren con temas que a ti te gusta más hacer y se venden mal. La paradoja es que estos últimos son los que me cuestan más tiempo y dinero, y a veces incluso riesgo de seguridad. Para entrar en un laboratorio de cocaína o en una zona en guerra necesitas a alguien que te ayude o en ocasiones un traductor, a los que tienes que pagar, según el sitio, hasta 500 euros por jornada, y luego esa crónica a ti te la pagan igual que cualquier otra.

¿Cómo gestiona el miedo en esas situaciones de riesgo?

El miedo es algo intrínseco, una cuestión de supervivencia que va con todos nosotros. Pero bueno, uno tampoco es un kamikaze. Se toman las máximas precauciones posibles, y con la experiencia se van desarrollando ciertas conductas y contactos, aunque nunca estás libre del todo de que te pueda ocurrir algo. El miedo es necesario precisamente para no cometer locuras, aunque luego una vez que estás en el sitio no puedes permitir que te paralice y que, por ejemplo, no seas capaz de grabar bien, o de que tus actos entorpezcan la labor de otros compañeros que estén allí trabajando.

¿Volverá a zonas de guerra?

Yo considero Colombia todavía una zona de guerra. Obviamente ahora mismo no hay un riesgo de enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército, pero sigue muy vigente la violencia y el narcotráfico. No hay que infravalorar en absoluto los conflictos que se viven en América Latina, porque en países como Colombia, México o Centroamérica mueren ahora mismo más periodistas que en oriente. En cuanto a un conflicto, una guerra como tal, iré probablemente en semanas, como por Navidad. Pero bueno, no me voy a adelantar porque esto siempre es complejo, ahora estoy en producción y a veces las cosas no salen.

¿Tras su liberación dijo que no merecía la pena hacer sufrir a la familia por conseguir un reportaje? ¿Se lo ha replanteado?

Bueno, esa fue una frase que estaba en un contexto más largo. Lo que vine a decir, y he dicho en todas las entrevistas que me han hecho después, es que sí merece la pena hacer el trabajo que hacemos. En mitad de todo eso, sí que digo que ninguna cobertura merece el sufrimiento de tus familiares, pero es que la idea es que eso no ocurra.

¿Siempre tuvo claro cuál era el periodismo que quería hacer?

Pues sí, desde que estudiaba en la universidad. Recuerdo que vi una película titulada 'Las flores de Harrison' [sobre la guerra de los Balcanes], y empezábamos a hablar de la gente que se dedicaba a eso. Y me siento culpable, o al menos incompleto, por no estar haciéndolo más. Me da envidia no estar ahora en Mosul, o cada vez que un compañero consigue un buen reportaje.

¿Quiénes son sus referentes en la profesión?

Los que siguen en activo son el mayor referente. Javier Espinosa es uno de los grandes, y también Mikel Ayestaran, Marc Marginedas o el fotógrafo de guerra James Nachtwey, que a su edad lo sigue viviendo con la misma pasión. Entre las mujeres están Ethel Bonet o Cristina Sánchez, y otro fotógrafo sería José Manuel López. Fotógrafos que admiro hay muchos, como Patrick Chauvel, Goran Tomasevic, Damien Fellous o Sebastián Castañeda. Luego está Enrique Meneses, con el que pude dialogar y que falleció hace unos años. Y Leguineche, que hizo una obra muy buena. Hay muchos.

Investigación y denuncia

¿Sería capaz de adaptarse al trabajo en España?

No, no podría. Bueno, sólo podría estar en una redacción, dando clases en una universidad o saliendo en la tele diciendo si Rajoy va a ser o no presidente si, de alguna manera, se me permitiera cada poco tiempo la libertad de sentirme periodista de la manera en la que yo lo siento, que es yendo y contando temas que merezca la pena contar. No es desmerecer las noticias del día, pero como periodista necesitaría poder ejercer la otra labor, que yo considero más importante, que es la investigación y la denuncia.

¿Cómo está manejando la experiencia traumática que vivió durante tantos meses secuestrado?

Básicamente la manejo trabajando. El trabajo es una manera de catarsis donde yo soy feliz, sobre el terreno. Por eso después de salir en cuanto pude volví a trabajar. Lo primero fue hacer la Ruta Quetzal en México, que fue algo sanador porque supuso de algo de selva, caminata y aventura. Ahora llevo un mes en Colombia con una cobertura muy fuerte del proceso de paz, y con la parte más interesante para mí, que ha sido haber estado 10 días en un campamento de la guerrilla, que era uno de mis asuntos pendientes en América Latina. Luego he vivido el proceso en las otras variantes, con la firma de los acuerdos de paz en Cartagena y el plebiscito fallido en Bogotá. Pero me quedaban unos temas pendientes, relacionados con el narcotráfico, la propiedad de las tierras y la pobreza de los indígenas. Para poder recoger vuestro premio con la cabeza bien alta, después de haber hecho mi trabajo, para acá que me he venido. En definitiva, quiero decir que no he parado y he vuelto a hacer lo que me gusta.