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«Siempre he sido una 'outsider'»

María Lemus con algunas de sus creaciones en una imagen de 2014. :: J. V. arnelas
María Lemus con algunas de sus creaciones en una imagen de 2014. :: J. V. arnelas
  • La diseñadora de moda María Lemus de la exitosa firma María ke Fisherman recibirá en Plasencia el premio Extremeños de HOY junto a Ángel Sastre y Eugenio Fuentes

Marcar tendencia en el mundo de la moda no es fácil y María Lemus (Villafranca de los Barros, 1983) lo ha conseguido a nivel global con la firma María ke Fisherman, que creó en 2007 junto a Víctor Alonso. Su corta pero triunfal trayectoria le ha valido ser reconocida con premios tan prestigiosos como el Vogue Who's On Next 2014 y el Nacional de Moda 2016. Responde a esta entrevista desde Lampedusa (Sicilia, Italia), donde pasa unos días de vacaciones antes de iniciar la nueva temporada.

¿Cuándo supo que quería dedicarse a la moda?

Mi madre era modista y ha llevado casas de bordados para algunas firmas tanto de Extremadura como de fuera. Yo soy la menor de cinco hermanos y desde muy pequeña estuve siempre con ella, acompañándola. Me interesaba mucho ese mundo, y ella se asombraba de que una enana como yo tuviera tantas ideas y la ayudara, estando además muy segura de lo que decía.

¿Cómo la ayudaba?

Era sobre todo decidir cómo hacer las cosas, incluso bordados a mano. Íbamos a casa de la señora que los hacía y era yo la que le decía: «No, no, tienes que hacerlo así».

Un talento muy prematuro.

Sí, sobre todo tenía mucha creatividad.

¿Trabajar en la moda siempre fue entonces un objetivo?

Pues la verdad es que no. Desde pequeña había dicho que quería ser diseñadora, pero a la hora de la verdad, cuando a los 18 años acabé el instituto en Villafranca de los Barros, me fui a Madrid a estudiar ADE [Administración y Dirección de Empresas], aunque lo dejé al año siguiente porque me parecía horrible. Luego hice los tres años de Educación Infantil, pero tampoco me acababa de convencer.

¿Mantenía contactos con la moda?

No tanto como antes, pero al estar en Madrid casi todo el día sola era como que tenía la mente abierta, siempre innovando. Decidí entonces hacer Diseño de Moda, tres años en el Instituto Europeo de Diseño, que es la mejor escuela de moda que hay en Madrid.

Tenía las ideas pero fue ahí donde aprendió las técnicas.

Sí, más o menos. La mayoría de la gente que hace Diseño de Moda acaba trabajando para Inditex o empresas así, pero yo tenía clarísimo que no quería eso, también porque sabía perfectamente que en esos momentos no iba a saber hacerlo. No me llamaba la atención, quería hacer algo que fuera mío y punto.

¿Cómo consiguió que empezaran a fijarse en su trabajo?

Lo primero fue la tesis doctoral, que fue un proyecto muy, muy personal, una colección muy diferente a la de cualquier otro alumno. No sé qué tenía. A mí me parecía algo muy normal, aunque sé que no lo era. Se fijaron porque fue algo súper creativo y súper nuevo.

Digamos que llamó la atención.

Muchísimo. Cuando estaba haciendo la tesis fue cuando conocí a Víctor [Alonso, su compañero en María ke Fisherman], algo que para mí fue muy importante a nivel tanto creativo como personal. Él se fue ese año de Erasmus a Grecia, y como yo ya había terminado la carrera me fui con él. De locura total, porque tampoco tenía yo nada que hacer en Grecia, la verdad.

Impulsiva

Da la sensación de que se mueve siempre a impulsos.

Eso es. Totalmente. Nunca he tenido nada claro y siempre he ido improvisando. Ahora ya sí tengo que planificar un poco porque no me queda más remedio, pero es algo que me da pánico.

¿Y qué hizo en Grecia?

Fue donde Víctor y yo empezamos la primera colección. Era algo sin sentido, muy absurdo, un proyecto creativo de dos niños que están empezando y creen que tienen algo que decir, pero nada más que eso. No sabíamos ni por qué la estábamos haciendo, y desde luego no era ropa que pensáramos vender. En Grecia también nació el nombre de la marca.

¿Cómo fue eso?

María ke Fisherman significa María y el Pescador. María soy yo, 'ke' es 'y' en griego, y el pescador es un hombre muy mayor que conocimos en un pueblo muy pequeño de Grecia, en una especie de colonia hippy en la que ya sólo quedaba un hippy, este hombre mayor, con el que tuve como una especie de historia de amor muy absurda. En el pueblo le llamaban Fisherman, y yo iba por ahí escribiendo de broma en las servilletas 'María ke Fisherman'. Así que cuando pensamos en el nombre de la marca tuvimos claro que se tenía que llamar así.

¿Y no le importa a Víctor no estar en el nombre de la marca?

Qué va, le encanta. Él se cree que es Fisherman y ya está (risas).

¿Y después de Grecia?

Cuando volvimos estábamos un poco sin saber qué hacer, ni tampoco teníamos contactos, que en la moda es lo más importante porque el 80 o 90 por ciento de las personas que están ahí es porque tienen contactos. Así que nos presentamos a la plataforma EGO para jóvenes diseñadores de Cibeles, un concurso al que se presentaban como 500 candidaturas y sólo cogían a 10. Nos presentamos y nos seleccionaron no solo ese año, sino tres veces seguidas.

¿Cómo les fue?

Bien. El día que desfilamos fue el primer desfile al que fuimos en nuestra vida, porque nunca habíamos ido ni siquiera a ver ninguno.

¿En serio? ¿Tan 'outsider' es?

Totalmente. Siempre lo he sido. Y también es por eso por lo que hemos hecho algo con una identidad tremenda, porque nunca hemos estado metidos en ese mundo ni hemos tenido a nadie que nos haya llevado por un camino o por otro.

¿En qué momento les llegó el gran salto?

La tercera vez que desfilamos en el EGO de Cibeles fue cuando empezaba todo esto de Facebook y las redes sociales. De repente fue como una explosión de gente de fuera de España que nos escribía pidiéndonos la ropa a un nivel ya muy grande, incluso estilistas de 'celebrities'. Hasta entonces vendíamos sólo en las típicas tres tiendecitas, pero parece que nos vio fuera de España quien tenía que vernos y a la semana de desfilar en Cibeles ya teníamos la colección en Nueva York, en una de las tiendas más importantes del mundo que se llama Opening Ceremony, la tuvo en sus manos el estilista de Rihanna. Todo esto por redes sociales, sin tener ningún tipo de 'showroom' de prensa ni nacional ni internacional. Fue increíble. Víctor contactaba con los estilistas pensando que ni nos iban a contestar y nos contestaban todos.

¿Por qué llamó la atención la ropa de María ke Fisherman?

Porque fueron unas colecciones muy digitales, algo que ya estaba ahí pero la gente aún no conocía de todo. Fuimos como los primeros en algo.

¿Digitales?

Sí. No sé muy bien cómo explicarlo. Colecciones que transmitían eso, que eran algo nuevo en todos los sentidos.

¿Podría identificar algún momento que supusiera el impulso definitivo de la marca, o ha sido más bien algo progresivo?

Ha sido siempre una progresión pero sin que dejen de pasar cosas importantes, y todo muy rápido. De hecho, nos dimos cuenta de que habíamos empezado por el final, porque lo más difícil es llegar ahí, a hacer una colección muy personal y que la gente identifique en un segundo que es tuya. Un momento muy importante fue cuando vestimos a Miley Cyrus en un súper concierto impresionante en Las Vegas. Ni siquiera nosotros sabíamos que tenía ese vestido porque lo había comprado su estilista en una tienda, precisamente en la Opening Ceremony de Nueva York. Ese mismo día vimos en Instagram que Britney Spears estaba abrazando a alguien llevaba un vestido nuestro, y luego en otra foto vimos que ese alguien era Miley Cyrus.

¿Qué es para usted el éxito en la moda? ¿Vender mucho, marcar tendencia, vestir a celebridades.?

Yo creo que hay que hacerlo todo. Cuando estás empezando lo más importante es crearte un estilo, luego conseguir promoción vistiendo a 'celebrities', y luego está claro que hay que vender. Llega un momento en el que o tienes todo eso o no tienes nada.

¿En qué lugares del mundo es más apreciada su firma?

Vendemos mucho sobre todo en Estados Unidos, que fue el primer sitio donde entendieron lo que estábamos haciendo, y Asia, donde ves a pandillas enteras de chicas vestidas con nuestra ropa. Ahora también cada vez más en Europa.

¿Qué hay de Extremadura en sus creaciones?

Una parte cada vez más grande de nuestras colecciones es hecha a mano, y eso es todo hecho en Extremadura. Hay muchísimo de Extremadura. Mi madre sigue ahí y es la persona que más nos ayuda. Trabajamos con artesanas de muchos pueblos de Extremadura, sobre todo de Badajoz. También hay un convento de monjas de clausura de Huelva que nos hace las producciones de ganchillo y crochet de una manera impresionante. Cada vez estoy tirando más de las artesanas, porque es algo muy bonito y ellas transmiten a la prenda algo diferente.