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Trump, heredero de Nerón

El historiador Tom Holland.
El historiador Tom Holland. / Efe
  • El historiador Tom Holland estudia en 'Dinastía' el comportamiento de los emperadores romanos y traza paralelismos con los gobernantes actuales

Calígula no nombró consul a su caballo, pero pudo hacerlo, solo para demostrarles a las élites y a las masas que podía hacerlo, que podía hacer lo que se le antojara. Nerón conectaba con el pueblo humillando a los poderosos, igual que hizo Donald Trump en las primarias y en la campaña electoral con Jeb Bush y con Hillary Clinton, a los que ridiculizaba sin piedad. La búsqueda de los paralelismos entre el Imperio Romano y el actual imperio americano, o sea, Estados Unidos, es una de las conclusiones más interesantes del nuevo libro del reputado historiador británico Tom Holland, que publica en España 'Dinastía' (editorial Ático de los Libros), una continuación del exitoso 'Rubicón', en el que comenzó a meter el bisturí en uno de los imperios más grandes de la historia.

«Siempre nos hemos interesado por Roma. Cada nueva generación se ha mirado en ese reflejo y también ha descubierto algo nuevo. En Roma medimos nuestra contemporaneidad», asegura Holland. Tan es así que el espejo de Roma ha servido para modelar todos los imperios que llegaron después, como actualmente el americano, que creó un sistema bicameral en semejanza al romano. Eso sí, Holland rechaza la identificación plena entre ambos momentos históricos y destaca que Estados Unidos, por ejemplo, habilitó un sistema de equilibros ('checks and balances') para evitar el exceso de poder en pocas manos. Aun así, el populismo que ahora acecha al mundo tiene su eco, incluso semántico, en los 'populares' romanos, una facción política «que le daba a la masa lo que quería, pan y espectáculo».

Precisamente Holland ve que el éxito de Trump se explica por su concepto del espectáculo. «Igual que Suetonio decía que Calígula estaba loco, ahora todos pensamos que Trump lo está. Pero no es así, en absoluto. Aunque sus declaraciones, sacadas de contexto, nos parezcan inauditas, en el fondo sus palabras son una performance, una actuación muy inteligente que le permite hablar con su votante», afirma el historiador. Julio César, Calígula o Nerón son algunos de los 'modelos' en los que se miran los políticos populistas.

Tampoco son nuevas las tensiones migratorias. Roma, de hecho, vivió en la paradoja de, por un lado, aceptar nuevos ciudadanos para seguir creciendo (el mito de Rómulo, el rapto de las sabinas) y, por otro, cerrar sus fronteras para evitar saqueos como el de los galos, que casi arrasan la ciudad. «A Europa le sucede exactamente lo mismo», explica Holland, que ve incluso un paralelismo más atinado, «la noción, con el emperador Augusto, de que Roma era un imperio sin fin y la idea era incorporar más poblaciones». «Después de que tres legiones romanas fueran derrotadas en Germania, el imperio comprendió que no todos los pueblos querían incorporarse, ni siquiera era bueno que lo hicieran. En los últimos 20 años nos ha ocurrido lo mismo en Europa. Desde la caída del Muro de Berlín creíamos que los valores occidentales eran universales y que había que incorporar al mayor número de naciones posibles y, sin embargo, estamos descubriendo que el final de la historia no es tal y que hay grupos culturales que tienen otros valores y que no desean ser asimilados», argumenta el historiador.

La caída del Imperio Romano es uno de los acontecimientos más sobresalientes de la historia. Por eso, ante cada crisis de una superpotencia, se echa la vista atrás para redescubrir qué le ocurrió a Roma. Holland no cree que un colapso así, que sí tiene similitudes con los del imperio británico, el napoleónico o el Tercer Reich, pueda repetirse en Estados Unidos o China. «Aunque los americanos viven pendientes de esa posibilidad, creo que es difícil que ocurra por el hecho de ser un imperio continental», cuenta Holland, que en su nuevo libro analiza a Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, los emperadores de la dinastía Julio-Claudia. «La literatura, desde su propia época, los ha convertido en figuras míticas. Son concebidos como personajes de tragedia y eso ha llegado a nuestros días», sostiene.