Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Más Actualidad

27.11.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
LOS Premios Extremadura a la Creación han provocado en los últimos días una mueca agridulce del destino en el mundo de las letras. El año 2005 unió a Ángel Campos y Juan Goytisolo bajo el mismo techo cacereño como galardonados, uno por su libro La semilla en la nieve y el otro como representante destacado de la literatura española de las últimas décadas. Y de nuevo un día de noviembre frío, une ambos nombres a la sombra de la letra impresa. El escritor catalán era reconocido hace dos días con el Premio Nacional de las Letras Españolas 2008, mientras que nuestro extremeño más portugués nos dejaba al mismo tiempo sin habernos mandado previamente acuse de recibo de su enfermedad. Celoso de su situación, sólo tuve conocimiento de ella cuando él así lo quiso al, como siempre elegante, reconocerme la imposibilidad impuesta de acudir a recibir el premio 'Eduardo Lourenço' (también por curiosidades del destino, Premio Extremadura a la Creación 2006) en Guarda, que este año había avalado su vocación ibérica por borrar fronteras entre España y Portugal. Nos pedía que la Junta fuera la encargada de recoger en su nombre este premio. Entonces no podía imaginar que esta ceremonia se iba a celebrar sin su presencia definitiva. Nunca es agradable la muerte, pero si es repentina, como en este caso, ahonda en el dolor que provoca. Ángel Campos nos ha dejado huérfanos de su palabra, de las enseñanzas que marcaron a sus alumnos, de su poesía limpia y certera, de su capacidad de trasladar al castellano la idea intangible expresada en la lengua de Pessoa, de su labor editorial en busca de nuevos talentos, de una parte importante, en fin, de los trabajos que han construido lo que hoy significa la cultura en Extremadura.

En Guarda se reconoció para siempre no solo su obra poética, extensa, sino también su vocación ibérica por construir un Oeste común en sus poemas, traducciones, revistas, y libros, para forma un tapiz en el que la culturas española y portuguesa dialoguen. Reitero las palabras que allí pronuncié: para la Junta, para la Consejería de Cultura y Turismo, es un orgullo la concesión del premio 'Eduardo Lourenço' a un extremeño, y lo es más aún al haber propuesto su candidatura, que refleja como pocas un deseo constante, el de la relación con Portugal, el del intercambio cultural, el mutuo conocimiento y la perspectiva de crear, desde la tradición y el presente, un camino futuro en el que Extremadura quiere ser, por cercanía geográfica y espiritual, interlocutor con Portugal para toda España. Nuestra tradición, compleja como todas las de la historia, debe ser entendida también como una invitación que desde la Raya en la que nació nuestro poeta se extiende y propone múltiples formas de relación entre los pueblos, en una suerte de globalidad cercana.

Propongamos mantenerlo siempre presente en nuestra memoria y rindamos merecido homenaje a Ángel Campos Pámpano.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS