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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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El intelectual extremeño, el mejor traductor de Pessoa, falleció ayer en Badajoz a los 51 años. Mañana debería haber recogido el premio Eduardo Lourenço, que le ha otorgado Guarda

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Muere Ángel Campos, el poeta que amaba a Portugal
UNA MIRADA AL INTERIOR. Esta es la foto que Laura Covarsí hizo a Ángel Campos para la exposición 'Compañeros de viaje' con la que la Biblioteca Regional ha diculgado la obra de 25 autores extremeños de la última mitad del pasado siglo. El poeta asistió a la apertura de esta exposición en la que fue una de sus últimas apariciones públicas. / LAURA COVARSÍ
El poeta y traductor extremeño Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Alcántara, 1957) falleció ayer en Badajoz cuando tan sólo faltaban dos días para que le fuese entregado el premio Eduardo Lourenço 2008 que concede el Centro de Estudios Ibéricos de la ciudad portuguesa de Guarda. Este premio, que llega este año a su cuarta edición, es entregado por las autoridades portuguesas a quienes se han distinguido por su interés en la cooperación hispanolusa. El amor por Portugal, que supo inculcar a alumnos, amigos y lectores, era precisamente el principal signo distintivo de la obra de Ángel Campos que ha tenido a ese país y a varios de sus principales autores (Fernando Pessoa, António Ramos Rosa, Carlos de Oliveira, Eugénio de Andrade y Sophia de Mello) como horizonte de su trabajo poético y de traducción.

Ángel Campos Pámpano ha permanecido internado durante breves días en el Hospital Infanta Cristina de Badajoz donde fue operado el pasado lunes. Murió a primera hora de la tarde de ayer y será hoy incinerado, tras el funeral de cuerpo presente que a las 12 de la mañana se celebrará en la Iglesia de San Vicente Mártir de su localidad natal.

Deja en suspenso una obra ingente de estudio y divulgación de la literatura portuguesa articulada en el momento histórico de más sincero acercamiento entre los dos países de península Ibérica. Y él ha sido una de las personas que ha contribuido de forma definitiva a ese entendimiento.

Su fallecimiento se produce cuando había vuelto a incorporarse este curso en Badajoz a sus tareas como profesor de instituto después de haber permanecido durante seis años en la capital lisboeta dando clases en el Instituto Español de Lisboa. Su casa cercana a la Torre de Belem se convirtió durante ese tiempo en la mejor embajada extremeña en esa ciudad y un observatorio permanente de la actividad cultural entre ambos países.

Su personalidad creativa se desarrolló en numerosas facetas. Era un profesor que divulgó con éxito la literatura entre sus numerosos alumnos y un poeta que ganó el premio Extremadura a la Creación 2005 por su libro 'La semilla en la nieve' en el que plasmó sus sentimientos con respecto a su infancia y a la figura de su madre, muerta pocos años atrás. Pero tenía ya a sus espaldas un largo recorrido de escritor en el que destacaba el libro 'La Ciudad blanca', donde Lisboa y lo portugués emergen como uno de los principales temas de su poética.

La poesía le sirvió también para el contacto con otros artistas en espacios como la pintura o la fotografía. En este apartado hay que destacar sus colaboraciones con el pintor Javier Fernández de Molina, que ilustró algunos de su poemarios o con el fotógrafo Antonio Covarsí, ya fallecido, junto a quien elaboró un memorable libro sobre el pinar de Jola, en la raya extremeña con Portugal, que fue devastado por un incendio.

Campos Pámpano ha sido uno de los más importantes traductores de la poesía portuguesa en español, y algunas de esas traducciones, como la antología de Pessoa 'Un corazón de nadie', que publicó en Galaxia Guttenberg/Círculo de Lectores, es una referencia internacional.

En el campo de la traducción, Ángel Campos siempre se dejó guiar al elegir sus textos por su gusto personal, tal y como le comentó a Simón Viola en la entrevista que el pasado 19 de octubre publicó este diario. Ello se evidenciaba como pasión a la hora de traducir y en forma de inmenso respeto por las motivaciones portuguesas en la famosa relación «de costas voltadas» mantenida con España. «En el caso portugués tal vez fuera una cuestión de supervivencia -le dijo a Simón Viola-; en el español, burda ignorancia».

Preocupado por corresponder a las atenciones con que Portugal le distinguió y viendo difícil asistir a recoger el premio de Guarda, se interesó en sus últimos días por que algún representante del Gobierno extremeño estuviese presente en esta ceremonia, lo que casi con seguridad recaerá en la figura de la consejera de Cultura de Extremadura.

Presidió la Asociación de Escritores Extremeños entre 1993 y 1999 y desde ella dio inicio a las Aulas Literarias diseminadas por distintas ciudades extremeñas. Desde que se conoció su muerte, numerosos amigos se congregaron en la capilla ardiente para acompañar a sus familiares y mostrar a sus hijas adolescentes, Ángela y Paula, el respeto que les inspiraba la figura de su padre.
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