Las anécdotas de la jornada: corrillos, biombos y ataques informáticos

Las anécdotas de la jornada: corrillos, biombos y ataques informáticos

El juicio contra los doce líderes del 'procés' comienza en el Tribunal Supremo bajo una gran expectación

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Corrillos

Los pasillos del Supremo dieron buena cuenta de que el independentismo está dividido. Los familiares de los acusados y el público, empezando por Quim Torra, se dividieron en marcados corrillos. Los del lazo amarillo, con el presidente y los familiares de los presos, por un lado, y el resto, con el 'apestado' Santi Villa, por otro. No se cruzaron una palabra en los recesos y las miradas entre ellos eran tan frías como el mármol que pisaban.

Biombos

Que el Supremo no es un tribunal para juicios con presos es algo evidente. El Supremo es más que nada una sede institucional en la que, por no haber, no hay ni calabozos. El traslado de los nueve presos por los pasillos del vetusto edificio fue una verdadera pesadilla, sobre todo para evitar que se cruzaran con los familiares y amigos. Al final, los servicios del Supremo usaron un biombo, que movieron durante todo el día por los pasillos, para interponer una barrera física con los acusados presos.

Control de tráfico

La Policía Nacional durante toda la jornada ejercicio de improvisados agentes de control del tráfico, abriendo y cerrando puertas a modo de semáforo para impedir que los acusados (presos y en libertad) se toparan con la marea humana que se movió por el Supremo. Quedarse atrapado en uno de estos 'semáforos' policiales suponía perder minutos preciosos en un atasco.

Colas y más colas

Pero para atasco, las entradas y salidas a la sede judicial. Apenas un puñado de funcionarios para atender las acreditaciones de más de un millar de personas entre periodistas, público, familiares y abogados. Las filas se formaron hasta para ir al baño. Donde desaparecieron las colas fue en las exiguas máquinas de refrigerios, que a primera hora se quedaron sin productos para disgusto de los visitantes, pero, sobre todo, de los funcionarios del alto tribunal.

Fumadores privilegiados

Los amantes de la nicotina fueron los más afortunados en la jornada de apertura del juicio del procés. El Supremo hizo la vista gorda y permitió fumar en el precioso patio de los naranjos que se sitúa en el centro del edificio. Ese espacio al aire libre se convirtió en lugar de escape de fumadores y no fumadores en busca de un poco de aire fresco.

Hackers

La primera jornada del juicio sufrió un virulento ataque informático. Según informó el Supremo, la transmisión en streaming de la vista oral a través de www.poderjudicial.es sufrió algunas incidencias al inicio de la sesión a causa del envío de peticiones «maliciosas» (más de 40 por segundo) que llegaron a saturar puntualmente la web.

Incómodos

El comentario generalizado de todos los que asistieron en directo a la vista fue la incomodidad de los viejos bancos y asientos de la sala. Todos coincidieron en la belleza de este espacio, que llega a impresionar por lo señorial, pero lamentaron el estado de sus posaderas tras esta primera jornada maratoniana.

Togas

Los servicios del Supremo obligaron a tres de los denominados 'observadores', dos abogado belgas y un español a quitarse las togas para entrar a la sala. Los tres se habían acreditado como letrados a pesar de no defender a ningún acusado. Los servicios del tribunal les obligaron a acreditarse de nuevo, esta vez como público, y les dejaron entrar a la sala, pero vestidos de 'civiles' y sin ninguna prerrogativa en su vestimenta como pretendían.