Kim Jong-un busca el apoyo de Xi Jinping como regalo de cumpleaños

Kim Jong-un y su esposa, Ri Sol-ju, pasan revista a una guardia de honor durante su salida hacia China desde Pyongyang./EFE
Kim Jong-un y su esposa, Ri Sol-ju, pasan revista a una guardia de honor durante su salida hacia China desde Pyongyang. / EFE

El día que cumple 35 años, y en vísperas de la posible cumbre con Trump, el dictador norcoreano realiza su cuarto viaje a China

ZIGOR ALDAMACorresponsal. Shangái

En la ciudad china de Dandong cada vez están más acostumbrados a que los hoteles prohíban a sus huéspedes asomarse a las ventanas que dan al río Yalu. Sucede cada vez que Kim Jong-un decide cruzarlo a bordo de su tren acorazado a través del Puente de la Amistad, y parece que el dictador norcoreano le ha cogido el gusto a visitar China. No en vano, el lunes por la noche lo hizo por cuarta vez en menos de un año, justo a tiempo para llegar a Pekín coincidiendo con su 35 cumpleaños. A diferencia de lo que sucede con la fecha en la que nacieron su abuelo y su padre, la suya no es fiesta nacional. Así que pudo celebrarlo en la capital del gigante asiático, donde permanecerá hasta mañana.

Aunque no se ha confirmado la agenda de la visita de Kim, es evidente que incluirá una reunión con el presidente chino, Xi Jinping. No en vano, al Brillante Camarada lo acompañan, además de su esposa, Ri Sol-ju, algunos pesos pesados del Ejecutivo norcoreano, entre los que se encuentran Kim Yong-chol, uno de los principales negociadores en las relaciones con Estados Unidos, Ri Yong-ho, ministro de Asuntos Exteriores, y No Kwang-chol, responsable de la cartera de Defensa.

LAS CLAVES

28
de diciembre de 2017 es la fecha desde la que Kim no ha ordenado ninguna prueba de misiles balísticos o ensayos nucleares.
Las intenciones de Pyongyang.
Analistas señalan como objetivo de la visita que Pekín abogue ante EE UU por retirar las sanciones.
Gestos de deshielo.
Seúl ha decidido impulsar programas económicos para mejorar las relaciones con su vecina comunista.

El alto nivel de esta delegación hace pensar que Kim y Xi hablarán de la segunda cumbre que Corea del Norte y Estados Unidos preparan para afianzar el deshielo que comenzó el año pasado, y que se escenificó con el histórico apretón de manos que Kim y Donald Trump protagonizaron en junio en Singapur. En aquella ocasión, Kim también se reunió previamente con Xi en China, muestra de que el gigante asiático, a pesar de los tirones de orejas que le ha dado a Pyongyang por su programa nuclear militar, sigue siendo el mayor aliado de la Corea comunista.

Tanto Kim Jong-un como Donald Trump han afirmado en varias ocasiones su intención de volver a verse, y todo apunta a que la reunión se celebrará pronto. «Estamos negociando cuál será el lugar. Seguramente lo anunciaremos en breve», dijo el domingo pasado el jefe de la Casa Blanca. De momento, parece que la capital de Vietnam, Hanoi, se perfila como la ciudad con más posibilidades de acoger esta segunda cumbre, aunque también se han mencionado Bangkok e incluso Hawai, aunque esta última parece poco probable ya que es territorio estadounidense.

Desde el 28 de noviembre de 2017, Kim no ha ordenado ninguna prueba de misiles balísticos o de armas nucleares, y se ha comprometido a desnuclearizar su arsenal para propiciar una paz duradera en la península coreana. Sin embargo, Estados Unidos todavía no ha dado su brazo a torcer y las sanciones económicas que estrangulan al régimen siguen en pie. Aunque no hay confirmación al respecto, y si continúa la tradición no la habrá al menos hasta que el dictador norcoreano abandone China, diferentes analistas mencionados ayer por la prensa surcoreana concuerdan en vaticinar que Kim le pedirá a Xi un regalo de cumpleaños muy especial: que abogue por retirar gradualmente esas sanciones.

Voluntad de entendimiento

Y puede que Pekín no sea su único aliado, porque incluso Seúl parece dispuesta a promover un entendimiento con Corea del Norte. Ambos países acordaron en sus respectivas cumbres poner en marcha nuevos programas económicos y sociales para mejorar sus relaciones, pero las sanciones que pesan sobre el régimen complican cualquier avance en esta materia. Y Corea del Sur mantiene que se debe dar aire a su hermana del norte para que pueda poner en marcha reformas económicas como las que han convertido a China en una potencia y para evitar que el régimen retome su actitud belicista. Por eso, ayer, el Ejecutivo del presidente Moon Jae-in aplaudió la visita de Kim a Pekín. «Puede suponer el espaldarazo definitivo para la segunda cumbre entre Kim y Trump», dijo el portavoz de Moon, Kim Eui-kyeom.

Por su parte, Xi podría escenificar su apoyo a este proceso de deshielo que entra en su segundo año si decide visitar Pyongyang con motivo del 70 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países comunistas. Pero, aunque impera un cauto optimismo, en este clima tan volátil también se podría ir todo al garete. Y así lo advirtió el propio Kim en su discurso de Año Nuevo: «Si Estados Unidos no cumple las promesas que hizo ante todo el mundo, y si insiste en arremeter contra la República utilizando sanciones unilaterales y calculando erróneamente el límite de nuestra paciencia, podríamos vernos obligados a buscar otra vía para defender la soberanía de nuestro país».