Salvar al perdido dolmen

Salvar al perdido dolmen
EFE
MARIO QUINTANA

El agua reencuentra su camino y, con ella, diremos adiós al dolmen de Guadalperal. Una vez más, la monumentalidad de la Historia extremeña ha afilado los artículos de los diarios nacionales, como ocurriera con el suculento Turuñuelo de Guareña. La campaña a favor del traslado o no del aparecido dolmen ha puesto de manifiesto una vez más la dificultad de documentar y poner en valor el patrimonio desconocido de la región, sumado al desinterés de las alcaldías a fomentar el turismo extramuros que disperse la visita del viajero.

Y de repente, la magia. Una lluvia de turistas ha emergido de las aguas, inundando con sus cámaras fotográficas el fondo descubierto del embalse de Valdecañas para inmortalizar el Stonehenge extremeño.

Pienso en cómo escribir este artículo mientras recorro decenas de kilómetros alrededor de dehesas para encontrar algunos dólmenes en la mal llamada ruta de los dólmenes. Además del espectacular e inigualable ejemplar de Lácara, ya visitado, buscamos el de La Cueva del Moro y La Cueva del Monje y de paso los restos del antiguo convento de Loriana. Ni que decir tiene que ninguna cartelería al borde de la carretera indica qué camino tomar para visitarlos. En un momento dado, tras dos horas de idas y venidas y buscando información en páginas no oficiales, pensamos en sacar una brújula para caminar por el campo dirección este, a la antigua usanza. Nos encontramos con kilómetros y kilómetros de caminos sin preparación ni cartelería. En este caso desistimos. La tarde se echa encima y pasamos por varios cotos de caza. Recuerdo que hace semanas me sorprendió leer 'Dolmen' -fantástica novela del exministro Manuel Pimentel- sin apenas referencias a Extremadura y permítanme la estupidez, pero es que el asesino de dólmenes que protagoniza el libro no habría tenido tiempo para andar buscando sus localizaciones.

Algo parecido nos ocurre con los localizados en El espartal y El costurón, en torno a Villar del Rey. Fincas abiertas al público sin la mínima cartelería aclaratoria ni informativa en torno a los propios monumentos y cuya suerte aventurera corre de la brújula y un inquietante entresijo de encinas. Encontrar un dolmen en mitad de una dehesa con mastodontes graníticos emergidas de la tierra es una empresa de enjundia.

No seamos fariseos, el dolmen de Guadalperal nos importa lo mismo que el resto de patrimonio megalítico: pura protesta ante las instituciones y redes sociales, sí, pero ignorantes del resto de cultura anterior a Roma en Extremadura. Donde la protesta es moda, el destino será el abandono.

La ciudad romana de Regina es asediada por lo expolios ante la ausencia de vigilancia; el Turuñuelo -rara avis en la catalogación tartésica- lleva meses sin ser excavado debido al litigio entre la Junta y el dueño de la finca; Guadalperal se vuelve a sumergir; Mérida pierde su museo visigodo por unos míseros miles de euros en favor. Tal vez la Historia de esta tierra está muy por encima de sus ciudadanos, políticos y partidas presupuestarias.