Una 'mani' a la extremeña

El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, con el presidente Fernández Vara, en Mérida. :: hoy/
El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, con el presidente Fernández Vara, en Mérida. :: hoy

La protesta del tren de mañana es rara por sensata y consensuada

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Esta noche, prontito a la cama y mañana, a las siete, a Madrid, a una manifestación muy rara, pero muy motivadora. Es rara porque los propios receptores de la protesta ponen medios para que acuda la gente a protestar: exigiremos a Renfe y a Adif y ellos ponen 200 plazas de tren para que vayamos a exigirles. El ministro y los altos cargos, que deberían defenderse y razonar que estamos equivocados, resulta que dicen que tenemos razón, que están con nosotros y todo tiene un aroma muy extraño de huelga a la japonesa (trabajar más), en este caso de 'mani' a la extremeña, que de ahora en adelante será aquella en la que protestantes y protestados protestan juntos. No me extrañaría, en fin, que mañana estuviera el ministro de Fomento con los de Milana Bonita vestido de señorito Juan Diego arrepentido y dispuesto a entregar tierras y casa a Paco y a Régula y a ingresar a Azarías en una casa de salud lujosa.

Pero más allá de este carácter de protesta contra nadie y reivindicación consensuada, lo de mañana es, de verdad, una manifestación-país. Es decir, una concentración para recuperar autoestima, exigir sin maximalismos, protestar con sensatez y negociar sin hacer propuestas descabelladas. Lo de mañana es nacionalismo a la extremeña: pedir estrictamente lo nuestro, reivindicar con tranquilidad y demandar lo que nos adeudan, ni más ni menos. Todo muy Goethe, muy Landero, muy Vara: la felicidad consiste en conocer nuestros límites.

Esta rareza de los extremeños protestando y el ministro visitándonos, dándonos la razón y poniéndonos talgos, aviones, talleres para trenes y vías electrificadas parece un ejercicio de pedagogía gubernamental: frente a las manifestaciones-país catalanas que han devenido en frustración, trauma e infelicidad por poner el límite de ruptura en el infinito insensato, la manifestación-país extremeña, nuestro 'nacionalismo' sensato poniendo el límite de ruptura en lo factible, en lo que cae por su propio peso, en el sentido común.

Sí, esta noche a la cama pronto y mañana, tempranito, a Madrid a la manifestación del sentido común. Hay que reconocer que manifestarse de esta manera es poco excitante: sin piquetes, sin tener miedo, sin gritos de libertad, sin políticos presos, sin utopías estimulantes y maravillosas. Solo pedimos un tren que no se pare, que vaya más deprisa que hace 20 años y que no pegue esos meneos que marean, vierten los refrescos e impiden escribir en un ordenador. Solo eso.

A pesar del consenso casi general a favor de esta manifestación, hay voces discordantes, eso está muy bien, aunque los peros que ponen son un poco rebuscados: que si AVE no, tren rápido sí, cuando la realidad es que no vamos a Madrid con un tren fijo en la cabeza, sino con un tren mejor, así, en general; que si la estética Milana Bonita no es la adecuada, pues bueno, pues puede ser, pero ese tomarnos a broma los tópicos sobre Extremadura ha sido un rasgo de lucidez capaz de desmontar esos tópicos por el camino más rápido: el humor y la caricatura.

Y en el fondo de todo, como mecanismo íntimo que nos empuja a ir a Madrid, ese ¡BASTA YA! que los extremeños, tan sensatos, tan ecuánimes, tan conformistas, tenemos marcado en los genes y nos enfada un poco cada día. Sí, ¡caramba!, no pedimos la luna ni una nación independiente con pensiones de 3.000 euros, paro cero y vacaciones pagadas. Solo queremos que no nos manden a un sótano de Atocha, congelado o asfixiante, siempre maloliente, a coger el tren más caro y lento de España mientras la incertidumbre nos acongoja: ¿llegaremos a casa a tiempo o nos quedaremos parados en medio del campo?

 

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