Madres solas por decisión propia

Ángela Pírez sostiene en brazos a su hija Valeria y Cristina Miranda a su pequeña Sara, tras conocerse durante la entrevista. :: j.v. arnelas/
Ángela Pírez sostiene en brazos a su hija Valeria y Cristina Miranda a su pequeña Sara, tras conocerse durante la entrevista. :: j.v. arnelas

Una ha conseguido tener a su hija gracias al SES y la otra tuvo que costearse el tratamiento en una clínica privada | Ángela y Cristina son dos extremeñas que han recurrido a la reproducción asistida para formar familias monoparentales

Ángela Murillo
ÁNGELA MURILLO

Un nuevo modelo de familia se abre paso en Extremadura. Mujeres que deciden tener hijos en solitario. Sus poderosas ganas de ser madres vencen a la falta de una figura paterna, la edad, el escaso apoyo de la Administración, los problemas de conciliación y los prejuicios sociales.

Cristina Miranda se lanzó a la aventura maternal después de una relación de pareja de tres años y algún tiempo esperando un hombre que viera adecuado como padre. Había cumplido 38 primaveras cuando sintió acercarse el último tren. Así que esta pacense con domicilio en Alconchel y plaza de funcionaria en el hospital Universitario de Badajoz puso su caso en manos del SES. La sanidad pública costea tratamientos de reproducción asistida a mujeres sin pareja que no hayan cumplido los 40. En 2018 fueron 63 las que iniciaron el proceso en el Cerha (Centro Extremeño de Reproducción Humana Asistida). El mismo año recurrieron a este centro con sede en Badajoz 777 parejas heterosexuales y 15 de mujeres.

En el caso de Cristina el tratamiento fue un éxito y funcionó a la primera. Su hija Sara llegó incluso antes de haber asimilado el giro vital. «El embarazo y el nacimiento fueron muy bien. Lo peor vino después: sufrí una depresión posparto. El primer año fue muy duro, la niña lloraba mucho y no dormía nada. Tuve mucho estrés». Lidió con uno de los momentos más críticos a falta de mes y medio para incorporarse a su trabajo como técnico auxiliar de cuidados de enfermería. «Estaba desbordada. Pensaba que no iba a ser capaz de trabajar en turnos de mañana, tarde y noche sin dormir. Llegué a pasar 40 horas sin pegar ojo».

Ángela: «Los primeros días en casa fueron muy duros, pero con el tiempo se aprende a sobrellevar»

Pasado lo peor y feliz con su pequeña de 19 meses en brazos, asegura arrepentirse de no haberlo hecho antes. Pero advierte a quien quiera seguir sus pasos que «no ha sido un camino de rosas». A su experiencia se añade otro trago amargo. Lidiar con comentarios desafortunados. «Vivo en una población pequeña y esto aún está muy mal visto. Me han llegado a decir que cómo voy a dejar a la niña sin un padre. Hay gente que ve peor ser madre sola a que un niño tenga padre pero no se haga cargo de él».

Con 44 años, el reloj biológico también jugaba en contra de Ángela Pírez. A los 36 había puesto punto final a un noviazgo de dos décadas y se puso a estudiar Derecho, así que fue postergando su sueño de ser madre hasta entrada la cuarentena. Cuando tomó la decisión ya era tarde para recurrir al SES. Su estabilidad laboral como empleada en los servicios centrales de Caja Rural de Extremadura le permitió iniciar un tratamiento de reproducción asistida en una clínica privada.

«En la primera consulta en Iera me lo pintaron complicado. Directamente me hablaron de la ovodonación. Me dijeron que tenía muy pocas posibilidades de quedarme embarazada con mis propios óvulos. Pero yo solo quería intentarlo de esa forma». Contra todo pronóstico, y gracias a su buena salud, todo funcionó a la primera. «Acudí a informarme en febrero y en abril ya estaba empezando con la estimulación ovárica para la fecundación in vitro. Los óvulos que me extrajeron eran de muy buena calidad, pude elegir las características físicas del donante y en un mes me implantaron el embrión. Todo salió adelante».

Ahora su hija Valeria acaba de cumplir 13 meses y da las gracias por el trato recibido en la clínica. «Me sentí muy arropada». Como Cristina, se arrepiente de no haberlo hecho antes. «Quizás hubiera podido darle un hermano».

Ángela también se sincera y reconoce que el camino inicial no es fácil. «Los primeros días en casa fueron muy duros. Estaba sola con mi bebé, una cesárea recién hecha, dando el pecho, 24 horas con la niña, sin nadie que te releve... Pero con el paso del tiempo se aprende a sobrellevar y te tranquilizas». Por ello, hace balance y agradece el apoyo de sus padres, amigas y hermanas; y añade que en su trabajo la han respetado mucho a la hora de conciliar vida laboral y familiar.

Falta de ayudas

Las dos extremeñas se quejan de la falta de ayudas públicas y reconocen que no hubieran podido cumplir este sueño sin una estabilidad laboral. Por eso reciben con buenos ojos propuestas electorales como la de Ciudadanos, que ha sugerido que las familias monoparentales sean equiparadas con las familias numerosas. «Me parece estupendo porque ahora mismo no tenemos ninguna ayuda extra. Simplemente la desgravación del hijo al 100 por cien en la declaración de la renta. El año que nació Sara había una ayuda estatal de mil euros para familias monoparentales pero tenías que ganar un máximo de 15.000 euros al año para que te la dieran».

Igual opina Ángela. «Tienes que pensar en todo, incluso en la universidad. Necesitas contar con unos recursos». Ella lleva a su hija a una guardería de la Junta y reconoce que paga una cuota más baja que otras familias. A la hora de solicitar plaza en el centro infantil tuvo puntos extra por ser madre sin pareja. También tendrá más puntos cuando llegue el momento de escolarizarla.

«Un 10% de las pacientes son madres solas»

José Antonio Domínguez Arroyo es el director médico de la clínica Iera Quirónsalud de Badajoz. Entre un 8 o 10 por ciento de sus pacientes son mujeres solas y «observamos un aumento». Suelen tener unos 37 o 38 años y llegan debido a la «ausencia de pareja y haber postergado la maternidad». Por debajo de 38-40 años, « si los estudios de reserva ovárica y la permeabilidad tubárica son normales, se puede comenzar con inseminaciones, con o sin estimulación ovárica. En otros casos se propone la fecundación in vitro (FIV)». La tasa de éxito por inseminación ronda un 15-20 por ciento y por transferencia tras FIV un 40-45 por ciento, indica el ginecólgo. De media un tratamiento de inseminación con donante ronda los 1.300 euros y una FIV, los 4.900-5.000 euros, sin incluir medicamentos y estudios iniciales.