Iván se está divirtiendo

Iván se está divirtiendo
Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

Los periodistas extremeños no podemos dejar de sonreírnos cuando leemos cómo nuestros colegas de Madrid se sorprenden, (y hasta se escandalizan) de que el marketing haya inundado la Moncloa. Como fuimos testigos, y a veces sufridores, del estilo que el mago del marketing político Iván Redondo desplegó durante más de cuatro años en Extremadura les aseguro que a nosotros, y supongo que a muchos extremeños, no nos sorprende nada. Iván Redondo se está divirtiendo. Mucho. ¿Imaginan que al concejal de fiestas de su pueblo, que monta todos los años sus modestos fueguitos artificiales, le dieran el presupuesto de las Fallas y la Feria de Sevilla juntos? Pues eso le ha ocurrido a Redondo. En Extremadura nos inundaba de carteles en inglés para epatar catetos y vestía a Monago de corto en un gimnasio para dar ruedas de prensa; ahora tiene un Falcon a su disposición para que Pedro Sánchez se haga fotos con gafas de sol poniendo expresión de estadista kennediano y haciendo como que resuelve la crisis de Bahía Cochinos o el conflicto palestino-israelí. Reconocerán conmigo que lucen más las fotos en un avión oficial con asientos de cuero que en una bicicleta estática.

Cierto que la dehesa de Tres Arroyos por la que Redondo hacía trotar a Monago para grabar el oportuno vídeo no tiene nada que envidiar a los cuidados jardines de La Moncloa, pero (y no se me ofenda, presidente Monago), el presidente Sánchez es más fotogénico.

El despliegue de medidas y apariciones de impacto mediático durante estos cien días de gobierno ha sido tan profusa que lleva a concluir que Iván Redondo tiene mando real en La Moncloa, derivado de la ascendencia que ejerce sobre Sánchez.

¿Tanto poder como el que atesoró en el antiguo Gobex del PP, donde su hiperactividad traía como pollos sin cabeza a consejeros y asesores y les ponía al borde del ataque de nervios? Es difícil de creer que ministros como Borrell o Calviño bailen al son que les marque el prestidigitador del marketing, pero de lo que caben pocas dudas es de que sí influye de manera abrumadora sobre Pedro Sánchez. Una influencia que no es inocente, porque supone que la política del Gobierno español está más volcada en aparentar que en ser. Hoy no se puede gobernar sin marketing, pero es peligroso creer que la política se compone de un 90% de propaganda y un 10% gestión y no al revés.

Y mientras Redondo disfruta del poder del valido, una figura de larga tradición en España, su antiguo jefe ha iniciado una campaña que, si tiene éxito, le debería llevar a la Presidencia de la Junta. José Antonio Monago multiplica sus apariciones públicas para criticar a Vara y su gestión. Y aunque ahora no disponga de un gurú de cabecera, es evidente que copia algunas de las técnicas de Redondo a la hora de hacer vídeos en el lugar que protagoniza la denuncia. Unas veces en el Guadiana infestado de camalote, otras delante de la central de Almaraz o ante el hospital de Don Benito. Hay que reconocer que, quizá escaldado de los excesos de Redondo, lo hace con más contención. Nada de disfraces y numeritos. Se trata de llegar por todas las vías a electores que no están dispuestos a prestarle más de medio minuto de atención a un político.

No coincido con la interpretación que hace el PSOE sobre la motivación de esa repentina campaña de Monago. Los socialistas afirman que el líder popular sale todos los días a la palestra con denuncias, unas fundadas y otras menos, porque no tiene asegurada su candidatura en mayo y quiere ganársela. No parece que la intención de Pablo Casado sea dar un puñetazo en la mesa en Extremadura y cambiar de cartel de la noche a la mañana. Monago quizá no es el supercandidato capaz de asegurar una victoria contundente al PP, pero no hay nombres alternativos claros. La renovación en el PP, de hacerse, tendría que haberse emprendido mucho antes.

Monago no tiene al lado a Redondo para que le asesore (en mi opinión, por fortuna), pero no hay que descartar que eso le acabe favoreciendo. Aunque sea de rebote. Si Sánchez le hace demasiado caso y acaba metiendo la pata en gordo beneficiará al PP. De Madrid y de toda España. Todo depende del suministro de pólvora que le pongan en sus manos.

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