«En Extremadura hay riesgo de sufrir incendios como los que hubo en Portugal en el año 2017»

Francisco Castañares, fotografiado en el Portanchito, en las inmediaciones de Cáceres. :: lorenzo cordero/
Francisco Castañares, fotografiado en el Portanchito, en las inmediaciones de Cáceres. :: lorenzo cordero

Ha pensado mucho sobre el fenómeno de los incendios y ha llegado a algunas conclusiones sorprendentes, como que a veces la mejor lucha es no apagarlos o que un Infoex con más medios no es más eficaz

Antonio Tinoco
ANTONIO TINOCO

Podría presentarse a un concurso sobre incendios. Usted le pregunta de sopetón: '¿qué pasó en aquel incendio que hubo en el año 2003 en el Puerto de los Castaños?' y le dice las hectáreas que se quemaron, el tiempo que tardó en extinguirse, los medios que se emplearon, si hacía viento a qué velocidad y en qué dirección... Todo. De los cuatro Elementos, no cabe duda de que el de Francisco Castañares (Serradilla, 1960) es el fuego. Aunque es más conocido porque fue director general de Medio Ambiente y por su controvertida Ley de Caza, es el que creó, en 1990, el plan Infoex. Lo hizo a raíz, cómo no, de un fuego. No uno cualquiera sino el incendio de 3.000 hectáreas en Monfragüe, la joya de la corona de nuestra biodiversidad. Desde entonces, dice, ha reflexionado mucho sobre los incendios. Su actividad empresarial, siempre ligada a la gestión del monte, le obligaría a ello si no hubiera una devoción previa. Y ha llegado a conclusiones tan lógicas que algunas son inesperadas. Aquí las expone. Pero antes, una advertencia justo cuando empieza la época declarada de alto riesgo: Extremadura está tan en peligro de sufrir incendios de grandes dimensiones que si nos hemos librado hasta ahora ha sido por la suerte.

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-Este año hemos visto en Galicia grandes fuegos en marzo. En mayo, aquí en Extremadura, ha habido incendios en Cabeza del Buey, Trujillo y Peñalsordo. El Plan Infoex adelanta su fase de peligro alto al 1 de junio y la extiende hasta mediados de octubre... ¿Los incendios han dejado definitivamente de ser cosa del verano?

-Ese es uno de los grandes cambios que estamos viendo, que los incendios se producen casi en cualquier época del año. Los dos grandes incendios de 2017 en Portugal no se produjeron en verano, el de Pedrogao fue en junio y el de Leiria en octubre. El mayor que tuvimos en Extremadura en 2017, el de la Garganta de los Papúos, se produjo en abril. Esto va a ser así ya.

-¿La causa es el cambio climático?

-En parte sí porque el calentamiento global aumenta la temperatura y pone al bosque en disposición de arder en marzo o en noviembre.

-En el incendio de Leiria se produjo el récord en capacidad de calcinación de un incendio: se quemaron 14.000 hectáreas en una hora, lo nunca visto. ¿Eso obedece también al cambio climático?

-Eso obedece más a la presencia de combustible en el bosque, lo cual es consecuencia del abandono rural. La gente se fue del campo, dejó de cultivar y de pastorear y el campo se matorralizó. Su consecuencia son enormes superficies de matorral continuo, miles de kilómetros cuadrados de gran densidad de un material que arde con facilidad. Mucho más si, como consecuencia del calentamiento, hay poca humedad en el suelo. Ese dato que da de la velocidad de calcinación del incendio de Leiria es muy significativo de la voracidad de los incendios de sexta generación: ardió en poco más de media hora la misma superficie del incendio de Sierra de Gata de 2015, que se extendió durante cinco días; es como si el Parque Nacional de Monfragüe fuera completo pasto de las llamas en 70 minutos y que en menos de tres horas desaparecieran Las Hurdes enteras. Estremecedor.

«Cuando en el monte hay 10 toneladas de combustible por hectárea, el incendio no se controla. En Extremadura hay zonas con treinta toneladas»

-Usted escribió un artículo en el diario 'El País' en que decía que el abandono del campo, al que antes hacía referencia, es como irnos de casa dejando la llave del gas abierta. Dado que la sociedad no parece dispuesta a volver al campo, ¿cómo se cierra esa llave?

-Los estudios científicos demuestran que cuando en el monte hay más de diez toneladas de combustible por hectárea en disposición de arder, que es el que se quema cuando hay un fuego, es decir, no los troncos de los árboles, sino sus copas, el matorral, etc., cuando existe ese volumen se corre peligro de que se produzca un incendio y, además y esto es importante, de dimensiones que superan la capacidad de extinción, se utilicen los medios que se utilicen. Esto quiere decir que la llave de paso del gas estará abierta mientras haya ese volumen de combustible por hectárea. ¿Cómo cerrarla? No hay otro modo que disminuyendo el combustible para que siempre esté por debajo de esas diez toneladas por hectárea, y si en las zonas próximas a los núcleos de población la bajamos a menos de cinco toneladas pues más seguros estaremos.

-¿Y cómo se logra ese control?

-Haciendo algo que tenga los mismos efectos que cuando el campo estaba permanentemente lleno de actividad agrícola y ganadera: extrayendo ese material combustible y utilizándolo para lo mismo que lo utilizaban las generaciones anteriores a la nuestra: para producir energía. Eso ya está inventado: es la biomasa, que se transforma en pellets para calefacción o electricidad. Extremadura tiene ahora mismo dos plantas de biomasa eléctrica, una en Mérida, que tiene 20 megavatios de potencia instalada, y otra en Miajadas, de 16 megavatios.

-Dice que las diez toneladas por hectárea de material combustible marca el nivel a partir del cual se puede producir un incendio fuera de capacidad de extinción. ¿Hay zonas en Extremadura que están por encima de esa densidad?

-Hay muchas. La mayoría de las zonas de bosque. La media en Extremadura es de treinta toneladas por hectárea de material combustible.

-¿Treinta? ¿Tres veces por encima del nivel de peligro de gran incendio?

-Sí, pero no en todo el territorio, sino en un tercio aproximadamente. En Sierra de Gata, en Las Hurdes, en Jola, en la zona de Valencia de Alcántara puede que haya hasta 50 toneladas por hectárea. También en Villuercas y en La Siberia, Tentudía, la Sierra Grande de Hornachos... En Extremadura tenemos 2,8 millones de hectáreas de superficie forestal. La mitad es dehesa, en la que no hay más allá de 5/6 toneladas por hectárea porque es un ecosistema de gran aprovechamiento ganadero y cinegético y sólo una pequeña parte está abandonada. Pero en la otra mitad de la superficie forestal las cosas son diferentes. Tenemos unas 600.000 hectáreas de monte cerrado de pinares, robledales, alcornocales, quejigales... de las zonas que he mencionado cuya capacidad de producción es de 2 toneladas de combustible forestal por hectárea y año. ¿Qué significa esto? Que bastan cinco años de no limpiar el monte para que alcance ese nivel indeseable en el que se puede generar un gran incendio que supere nuestra capacidad de extinción. Aunque la Administracion hiciera un gran esfuerzo económico para eliminar ese combustible, si no se mantiene, en cinco años estaríamos de nuevo en peligro. Una dinámica imposible de sostener.

«Imagine que un jeque asegura que en Extremadura podemos producir 5 millones de barriles de petróleo al año. ¡Noticia bomba! Resulta que esa noticia es cierta, a partir de la biomasa»

-¿Hay solución?

-Sí, convirtiendo ese problema en una oportunidad. Ese combustible es energía. Cada tonelada de biomasa equivale a 0,4 toneladas de petróleo y cada tonelada de petróleo se transforma en 7,5 barriles. Si en Extremadura tenemos una producción de biomasa anual de 1,7 millones de toneladas, ese volumen equivale a unas 600.000 toneladas de petróleo, que multiplicado por 7,5 barriles por tonelada suponen unos 4,5 millones de barriles. Imagínese que entrevista a un jeque árabe que habla con todo rigor de que sería posible que Extremadura produjera indefinidamente en torno a 4,5 millones de barriles de petróleo al año. ¡Sería una notica bomba! Pues resulta que es verdad. Y que además es un petróleo verde y sostenible, no dependiente de las reservas en el subsuelo. La biomasa, si no la aprovechamos, es un problema ecológico, económico e incluso de protección civil porque puede comprometer vidas humanas. Tenga en cuenta que más de 80 pueblos de nuestra región viven en un entorno forestal, están rodeados de monte.

-Me ha dejado preocupado con los datos que ha dado de densidad de combustible en zonas determinadas de Extremadura. ¿Eso significa que en esas zonas hay un riesgo de incendios tan grande como los que menciona de Portugal?

-Sin duda. El incendio de Pedrogao, que costó la vida a 66 personas, ocurrió el sábado 17 de junio de 2017. El lunes 12, un grupo de técnicos de la asociación que encabezo sacó el mapa de riesgo de incendios. Aquel lunes detectamos una situación explosiva: un viento de levante terral que iba a secar la vegetación, y una gran diferencia de temperatura entre la corteza terrestre y las capas altas de la atmósfera, cuya consecuencia es una gran convectividad, es decir, de transferencia del calor. Aquel día lanzamos una alerta de riesgo extremo de incendios a través de HOY. Esas fueron las condiciones que produjeron el incendio de Pedrogao días después. Condiciones que había aquí, en Extremadura. Le digo esto para contestar a su pregunta de si aquí corremos riesgos de sufrir grandes incendios. De hecho, en aquella ocasión tuvimos mucha suerte. Como la tuvimos en octubre cuando se produjo el incendio de Leiria, que se saldó con 49 muertos. Fue determinante para ese incendio el huracán Ofelia, cuyo ojo pasó por Finisterre, si llega a pasar por el norte de Portugal es posible que el incendio se hubiera producido en el norte de la provincia de Cáceres. Un rayo originó ambos incendios. Esa misma fuente hubiera podido provocarlos aquí.

-Muchas veces se menciona la idea de que uno de los problemas de los incendios en Extremadura es que nuestros montes están poblados de pinos y no de especies autóctonas como encinas, alcornoques, robles... que se incendian con más dificultad. Por lo que dice ese factor no es decisivo.

-No lo es. Ese factor afecta al origen del incendio, no a su propagación. Ese es un lugar común. Otro es acusar al pirómano. Llevo muchos años luchando contra eso. El pirómano puede provocar un incendio, es indudable, y eso hay que perseguirlo, pero lo que nos debe preocupar es lo que ocurre después de que se haya prendido el monte. La causa puede ser diversa: una colilla, un rayo, un cristal que hace el efecto lupa, una botella llena de gasolina... No voy a decir que da igual, pero lo importante desde el punto de vista medioambiental y social no es eso, sino la propagación. ¿Un incendio es menos devastador porque lo haya producido un rayo que un pirómano? Pedrogao y Leiria fueron provocados por rayos y mataron entre los dos a 115 personas. Nos tranquilizamos cuando encontramos un culpable porque nos descarga de culpa a los demás, pero es un error.

-Lo que dice sobre los pirómanos choca con el imaginario social de que detrás de un gran incendio hay un pirómano y pone también en duda otra de las ideas extendidas, la de que el incendio es negocio.

-Ninguna de las dos son ciertas. La estadística demuestra que si bien el 85% de los incendios son provocados por el hombre sólo unos pocos son intencionados. Por otro lado, el aprovechamiento económico del monte es mucho mayor en verde. Además, en Extremadura está prohibido vender la madera de un incendio. Lo aprobó la Junta siendo yo director general de Medio Ambiente. La economía del fuego está mucho más en los medios de extinción, que son excesivos. Somos cada vez más los que le estamos diciendo a la Administración: 'por favor, no contrate más medios aéreos, no vamos a ser más eficientes porque tengamos un avión o un helicóptero más'.

«Echarle la culpa del fuego al pirómano tranquiliza nuestras conciencias, pero el problema del incendio es por qué se propaga»

-¿Eso ocurre aquí con el Infoex?

-También. El Infoex tiene un cuerpo de bomberos forestales que es la envidia de España, pero no sería más eficiente porque le añadamos un avión o un helicóptero más. No controlaríamos más incendios de los que controlamos ahora con los medios que hay. Pero también lo era el año pasado y hace dos años.

-Es sorprendente lo que dice porque la Administración sitúa su éxito en los medios técnicos y materiales. El Infoex hace hincapié en cada nota de prensa en los camiones, helicópteros, aviones, etc. puestos al servicio de la extinción. Medios que usted relativiza.

-Relativizo los medios técnicos porque he aprendido la lección. Lo digo yo, que fui el que contrató para el plan Infoex los primeros seis helicópteros. Los contratamos para luchar contra incendios de primera y segunda generación, que son fuegos con poca capacidad de combustible pero de fácil propagación si hay viento y que se apagaban fácilmente si llegábamos en la primera hora. Todo el mundo diría que apagar un fuego es un éxito. Pues resulta que la lección que he aprendido, y que he tardado años en descubrir, es que no es así siempre. Déjeme explicárselo con una historia. Yo creé el plan Infoex en 1990 a raíz de que se nos quemaran 3.000 hectáreas en Monfragüe. A raíz de eso tuvimos unos años estupendos: se nos quemaban en Extremadura 200 hectáreas aquí, 300 allí... incendios diseminados que apagábamos con rapidez mientras en España se quemaban centenares de miles de hectáreas. Hasta que llegó 2003. Fue terrible. Se nos quemaron de pronto 60.000 hectáreas, entre ellas las de Jola, Sierra Fría, Las Hurdes, Gata, Puerto de los Castaños, Sierra de San Pedro... ¿Qué había pasado? Había pasado la paradoja de la extinción: cuanto más eficaz eres apagando fuegos más grande será el incendio que vendrá. Lo que había pasado es que llevábamos 12 años apagando los fuegos nada más nacer y acumulando combustible, en algunas zonas al ritmo de dos toneladas por hectárea y año. Para que exista un incendio se necesitan tres condiciones ineludibles: ausencia de humedad, oxígeno y combustible. Las dos primeras no están a nuestro alcance; sólo podemos actuar sobre el combustible. El combustible es el factor que lo propaga y su densidad es determinante para que esté fuera o dentro de nuestra capacidad de extinción. Si la densidad es ese nivel del que hemos hablado tanto aquí todos los medios técnicos son inútiles porque se generará un incendio que no pueden abordar. Mire California: tiene el mejor sistema contra incendios del mundo y allí se producen los mares incendios del mundo.