Extremadura tiene su Capilla Sixtina

J. V. A

La ermita de Nuestra Señora del Ara de Fuente del Arco ha sido declarada Bien de Interés Cultural | Ubicado en un paraje de olivos próximo a Fuente del Arco, el templo recibe más de 20.000 visitantes al año

José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

«Cuando en mi grupo de amigas alguien se refiere a Ara, somos cuatro o cinco las que giramos la cabeza», explica Ara María Martín para ejemplificar lo común de su nombre en Fuente del Arco. Sin embargo, fuera de este municipio del sur de Badajoz a la gente le resulta extraño. «Muchas personas entienden Lara y en ocasiones me lo cambian por Ana cuando relleno algún impreso», sonríe.

Su nombre, como sucede con Montaña en Cáceres o Puerto en Plasencia, es el que recibe la Virgen de la localidad, Nuestra Señora del Ara, que tiene su ermita a unos siete kilómetros del pueblo. El templo se levanta en un paraje rodeado de olivos que invita al senderismo y al que también se puede acceder por una serpenteante carretera.

El inmueble ha sido declarado Bien de Interés Cultural. «Hemos recibido con alegría esta distinción, pero ha sido extraño porque pensábamos que ya la teníamos; sin embargo, hubo algún problema con el expediente y ahora se ha agilizado», según Amalia Jiménez, hermana mayor de la Hermandad Nuestra Señora del Ara, que se encarga de gestionar todo lo relacionado con la Virgen y la ermita, que es propiedad del Obispado.

El principal motivo para lograr este título son los frescos de su bóveda central, que también le valen el apodo de 'Capilla Sixtina' de Extremadura. «En las pinturas, al igual que lo hacen las de Miguel Ángel en el Vaticano, está representado el libro del Génesis», explica Ara Martín, que es historiadora y la guía turística de la ermita.

Pinturas en la zona del coro.
Pinturas en la zona del coro. / Arnelas

No se sabe con exactitud cuándo comenzó a realizarse la decoración de los techos, que han sido restaurados para que mantengan sus colores originales, pero sí está fechado que terminó en 1736. Adán y Eva, Caín y Abel, la torre de Babel o el arca de Noé son algunos de los temas que aparecen. «Tenían una misión catequizadora, porque había mucha población analfabeta y era una forma de transmitir el catolicismo», dice Martín a unos turistas de Trujillo durante la visita guiada.

Los componentes de este grupo forman parte de las más de 20.000 personas que han pasado este año por el templo, un recurso turístico muy importante para la zona, junto a la Mina la Jayona, de la que salieron algunos minerales para realizar las pinturas del zócalo.

La decoración de la parte inferior de los muros es la más antigua, data de finales del siglo XV, y solo se encuentra en dos lugares de la Península Ibérica, ambos en la comarca de la Campiña Sur. Las figuras geométricas, muy bien conservadas en su línea más baja porque las paredes estuvieron encaladas durante largo tiempo, se hicieron a semejanza de las que tiene el Palacio Episcopal de Llerena. «Los expertos que realizaron la restauración nos transmitieron que tienen un gran valor», comenta Martín.

Tampoco están muy claros los orígenes de la ermita. Un antiguo templo romano o una edificación paleocristiana, ya que en la zona ha aparecido cerámica visigoda, están entre las teorías. Sí es evidente que había una construcción primitiva, como demuestran algunos elementos góticos. La documentación sobre el espacio comienza con la llegada de la Orden de Santiago a la zona en plena reconquista. «El prior García Ramírez se encuentra un edificio un poco derruido y manda hacer una reconstrucción en el año 1494», detalla la guía. A esta orden militar se debe el aspecto actual del templo, cuyos responsables fueron quienes encargaron las pinturas cuando sus arcas se fueron llenando.

Ara Martín, guía del a ermita, en la sacristía.
Ara Martín, guía del a ermita, en la sacristía. / Arnelas.

Para la zona del altar se eligieron trampantojos que reflejan el Nuevo Testamento -la adoración del Niño, la huida a Egipto...-, algunos de ellos quedan detrás del retablo que se instaló con posterioridad. En la sacristía se conserva el cuadro que se ubicó en ese espacio y que fue reemplazado por la talla, datada a mediados del siglo XVIII, que luce en la hornacina en la actualidad. «Es el cuadro de La Aparición y el retablo sigue su estructura, con el rey Jayón, Erminda y la Virgen», relata Martín ante los visitantes y añade que se desconoce el autor y su antigüedad, pero sí que ha sufrido varias restauraciones. «La primera en 1488, por lo que sirve para hacerse una idea del momento de su creación».

Trabajos

Los últimos trabajos de restauración en el conjunto del templo finalizaron en 2010, según la hermana mayor de la Virgen. «Quedan por restaurar la sacristía y el camarín, pero son labores costosas», insiste Jiménez, que espera que la declaración de Bien de Interés Cultural sirva para que aumenten las visitas.

El volumen de turistas se disparó en 2016, cuando la ermita fue templo jubilar. El presente año es el primero en el que se mantiene abierta todo el año y la hermandad cobra un euro por la visita que se pude hacer de manera guiada. «Se trata de un precio simbólico que nos sirve para los gastos, como el sueldo de la persona que está aquí», concluye Jiménez.

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