El agujero negro del tren

El media distancia Badajoz Madrid se quedó parado en mitad de la noche sin luz ni calefacción:: HOY/
El media distancia Badajoz Madrid se quedó parado en mitad de la noche sin luz ni calefacción:: HOY
Manuela Martín
MANUELA MARTÍNBadajoz

Las últimas averías de los trenes Badajoz Madrid han tenido una consecuencia que quizá acabe siendo positiva para Extremadura: que millones de españoles se hayan enterado de cómo funcionan (de cómo no funcionan) los trenes extremeños. La imagen de cerca de 200 pasajeros varados en un convoy averiado, sin luz ni calefacción, en plena noche y en plenas fiestas navideñas, es más poderosa que cientos de informes técnicos sobre el déficit de las infraestructuras en la región. En Extremadura se sabe, se ha contado muchas veces en estas mismas páginas, pero no es malo que se enteren fuera. Que se sepa que mientras unos españoles disfrutan de trenes del siglo XXI, otros sufren máquinas obsoletas que parecen heredadas del siglo XIX. Para un país que presume de tener una de las mejores redes de alta velocidad del mundo, el agujero negro de Extremadura debería ser un baldón insoportable.

Además de conseguir esa repercusión nacional la avería de Año Nuevo ha provocado una crisis que parece definitiva en el Pacto por el Ferrocarril. El PP ha abandonado esa mesa alegando que no sirve para nada. Monago considera que no tiene sentido aparentar un consenso que no existe. La cercanía de las elecciones autonómicas también tiene que ver con esa ruptura. No nos engañemos. En estos momentos el PSOE está evaluando nervioso qué impacto puede tener el asunto del tren (que seguirá dando problemas de aquí a mayo y más allá), a la hora votar. Y el Partido Popular está en la posición contraria: cómo aprovechar el hartazgo de los extremeños en las urnas.

El baile de acusaciones está servido, y no sorprende a nadie. Unos ponen el acento en lo que no hizo Zapatero (a pesar de las promesas) y otros en lo que no hizo Rajoy. Lo cierto es que el proyecto del AVE, tren rápido o tren digno, llámenlo como quieran, prometido y firmado en 2003 por Aznar y el entonces primer ministro portugués Durao Barroso, se ha eternizado. Los motivos principales han sido, a mi juicio, tres: la crisis económica, la renuncia de Portugal a la línea Madrid-Lisboa y la falta de voluntad de los gobiernos españoles para mejorar la conexión de Extremadura con Madrid. Se impulsaron otras líneas, al noroeste, al suroeste, al levante, y se postergó la extremeña. Y esto no es una opinión, sino una constatación. Incluso se derivaron fondos de Extremadura al tren de otras regiones. Los retrasos respecto a las promesas y planes previstos han sido tan flagrantes que hasta se han dejado caducar estudios de impacto ambiental y ha habido que hacerlos de nuevo, con la demora añadida que eso conlleva.

Las culpas de esa inacción las podemos repartir como queramos, pero la realidad es que los proyectos no se han impulsado con ganas hasta que ha pasado lo más duro de la crisis y, también, cuando se han terminado otras líneas prioritarias.

Ahora probablemente se da la paradoja de que hay más obras en marcha que nunca, pero las averías que se sufren en el antiguo tren son más graves. Y la paciencia de los viajeros se ha agotado.

De manera que el Gobierno tiene dos obligaciones: acelerar las inversiones para que la construcción de la vía del AVE no se retrase una vez más, de manera que en el plazo prometido se disponga de una línea acorde con los tiempos, y asegurar que mientras eso se hace se actúa sobre los trenes actuales y se garantiza que no se averíen. Ni en Año Nuevo ni en Semana Santa ni en Carnaval.

El descuelgue del PP del Pacto por el Ferrocarril no debería afectar al devenir del proyecto. A estas alturas se entiende que el Gobierno central (el de Pedro Sánchez y cualquier otro que pueda sucederle) está comprometido con la finalización de las obras de la línea extremeña y el funcionamiento de los trenes actuales. Y si no fuera así, para eso está la Junta de Extremadura, la oposición extremeña y los ciudadanos: para no aflojar en la exigencia de que se cumplan todos los compromisos. No estaría mal que las protestas fueran más allá del día en que se avería un convoy. Si tanto nos importa tener un tren moderno exijámoslo cada día de este 2019 que acaba de comenzar.