Patricia Morales Lozano, abanderada de la belleza diferente

Patricia posa sonriente en el acueducto de los Milagros de Mérida. :: hoy/
Patricia posa sonriente en el acueducto de los Milagros de Mérida. :: hoy

Coordinadora de un centro de atención al usuario en Mérida

ALBA BARANDA

Hay quien se pone el mundo por montera o se lía la manta a la cabeza para tomar una decisión. Patricia Morales (Mérida, 1985) hizo justamente lo contrario para comenzar a ser feliz: raparse.

Cuando tenía 19 años sufrió su primera crisis de alopecia areata, una enfermedad que afecta a un 2% de la población y que conlleva la pérdida parcial o total del cabello. Puede ir desde una pequeña área por ejemplo en una ceja o en la barba (afecta a ambos sexos) hasta la desaparición total, en cuyo caso se denomina alopecia areata universal. Septiembre es el mes de esta patología en la que el sistema nervioso de la persona que la padece rechaza sus folículos pilosos y a consecuencia de ello, pierde el pelo.

ALGUNOS DATOS

Biográficos
Nació en Mérida en el año 1985. Actualmente vive y trabaja en la capital extremeña.
Profesionales
Es diplomada en Turismo, aunque trabaja como coordinadora de un centro de atención al usuario desde hace algo más de once años.
Aficiones
Le encanta viajar y lo demuestra añadiendo pasión a las anécdotas de sus excursiones. También profesa gran afición al deporte.

No está demostrado que la alopecia areata sea hereditaria porque de hecho apenas hay estudios sobre ella. Solamente hay una certeza: no tiene consecuencias graves, excepto desde el punto de vista psicológico. Por este motivo y por la falta de investigación, se eligió un mes completo para lanzar campañas de información y normalización de esta enfermedad autoinmune. Pero Patricia ya lleva dos años de ventaja en esta tarea.

Esta emeritense estuvo diez años disimulando las zonas sin pelo con complejos peinados y otras artimañas que la hacían sufrir inseguridad. «Iba siempre cargada con mi espejito, yendo a cada rato al servicio para ver que estaba todo en su sitio», confiesa. Sin embargo, consiguió sobrellevar esa década sin que nadie se diese cuenta, según explica. Pero un día, sufrió otra crisis. «Yo conozco mi cuerpo y sabía que era más grave porque perdí el pelo de las cejas y las pestañas», asevera. No obstante, se puso en manos de su dermatóloga de confianza, que le recomendó el único tratamiento efectivo hasta el momento: las inyecciones de corticoides.

Este remedio no es permanente, ya que en cuanto el paciente deja la medicación, el pelo vuelve a desvanecerse. Además, el cuerpo se acostumbra y demanda una dosis más alta cada vez para obtener resultados. «Tenía que elegir si seguir pinchándome y convertirme en una enferma crónica o asumir que ya no tenía pelo», narra.

Y cansada del desgaste que le producía este tratamiento que tacha de «infernal» o de estar en vilo a diario por si había acabado o empeorado la pérdida de cabello, decidió terminar con ambos problemas a golpe de máquina cortapelo. Y se rapó. Al cero. «Me sentí feliz, aliviada. Se me saltaron las lágrimas de la alegría y pensé que a peor ya no podía ir», cuenta Patricia, que comenta entre risas que también sintió frío y que esa noche durmió con un gorro.

Una vez se hubo armado de coraje para mostrarle al espejo quién era verdaderamente, llegó la búsqueda de información. Dado que los médicos no poseían muchos datos, acudió a lo más accesible actualmente: Internet. Allí encontró un páramo en el que solo había anuncios de crecepelos milagrosos y muy pocas referencias. Gracias a su pasión por viajar, Patricia habla perfectamente inglés, por lo que pudo indagar en páginas que se escaparían al entendimiento de los solo hispanoparlantes.

En su búsqueda por las redes encontró a un par de mujeres en toda España que sufrían alopecia areata y como le parecieron pocas, decidió sumarse y abrir un perfil que ya lleva dos años dedicado a visibilizar esta enfermedad. «Mi objetivo es dar a conocer esta patología y quizás ayudar a otros, o simplemente motivar a que sean libres de salir a la calle como les apetezca», confirma.

Cómo maquillarse las cejas, cómo elaborar un turbante de forma casera o elegir correctamente una peluca son algunos de los numerosos temas que aborda. Todos ellos giran en torno a la alopecia areata y son problemas que le han surgido en sus propias carnes o dudas que la gente le ha planteado. «No es solo una cuestión de estética. De repente pierdes tu identidad y tienes que vivir en una sociedad que no está preparada para la gente diferente, por lo que se sufre mucho», manifiesta mientras confiesa que a ella misma le dio «un vuelco el corazón» cuando se vio sin cejas y sin pestañas.

Sin embargo, a raíz de estar al servicio incansable de la visibilización de la alopecia areata, Patricia explica que muchas personas le ha escrito para contarle que le están ayudando sus consejos. «Hay personas a las que su pareja jamás ha visto sin peluca, o que no se han bañado nunca en el mar por no tener pelo. También hay muchas mujeres con depresión, porque los hombres también sufren pero lo suelen aceptar mejor. Pero me llegan muchos mensajes de gente que ha conocido mi historia y se está animando a mostrarse más», relata.

El mensaje que Patricia pretende lanzar a otras personas en su misma situación es que vivan sin depender del pelo, que sean libres y que vayan como quieran, «porque muchas veces llevamos una prótesis capilar por no incomodar a los demás», apostilla, para añadir posteriormente que «las pelucas son un tabú. Muy poca gente se atreve a reconocer que las usa». Patricia maneja con soltura y con un chorro incansable de positividad este tema, lo que la ha convertido en una abanderada de la visibilización de la alopecia areata en Extremadura. Su próximo objetivo es conseguir que la Seguridad Social subvencione la primera peluca para cuando alguien padezca esta enfermedad. «Creo que al principio es necesaria, hasta ir consiguiendo poco a poco la aceptación. Los precios son muy elevados, ya que oscilan entre 500 y 2.000 euros, y no entiendo por qué a las mujeres con cáncer si se les facilita una prótesis gratis y a las que tienen alopecia areata, no», manifiesta.

Entre las muchas anécdotas que cuenta, Patricia pone especial énfasis en que a las personas que padecen alopecia areata, debido al desconocimiento de la misma, se les suele achacar otra enfermedad más grave. «Te ceden el asiento en el autobús, te miran con pena, y sobre todo, lo que más daño hace es que comenten a tus espaldas, porque aunque parezca que no, te das cuenta del cuchicheo», puntualiza.

Las redes sociales son un mundo impostado en el que suele aparecer solo la cara dulce de la vida: el amor, la amistad, la belleza y la perfección. Pero, «¿qué es la perfección?, ¿quién impone los cánones de belleza?», se cuestiona retóricamente Patricia. «Hay que educar para respetar al que es diferente», opina. Y así es ella en la vida real y en su parcelita de Internet: natural, diferente, sin filtros y sin tabúes.

Sacando el lado positivo a su afección, Patricia bromea diciendo que ahora tiene tres aspectos diferentes para elegir: con peluca, sin ella, o con turbantes. Aunque una cosa tiene clara, y es que nunca se ha sentido «tan libre como hasta ahora».

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