El laboratorio del sueño

Carmen Preciado probando en el hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres un CPAP, un dispositivo mecánico para tratar la apnea obstructiva del sueño. /
Carmen Preciado probando en el hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres un CPAP, un dispositivo mecánico para tratar la apnea obstructiva del sueño.

En 25 años, 13.000 extremeños se han sometido a estudios en la Unidad de Trastornos del Sueño del hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres, un referente internacional

ÁLVARO RUBIOBadajoz

"Esta máquina me ha devuelto la vida». Con esa frase se presenta, casi antes de decir su nombre, Carmen Preciado. Son las 10.30 de la mañana y está en una de las salas de espera de la segunda planta del Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres. Toca revisión. Desde hace dos meses tiene que dormir con una mascarilla que va unida a un CPAP, un dispositivo mecánico que se utiliza para tratar la apnea obstructiva del sueño.

Antes de comenzar a usarla se despertaba durante la noche con mucha facilidad y, lo que es peor, su respiración se paraba mientras dormía hasta 200 veces en siete horas. En algunas ocasiones incluso permanecía 30 segundos seguidos sin respirar. «Al día siguiente estaba cansada durante toda la jornada y me fatigaba mucho, por ejemplo, cuando subía unas escaleras o una cuesta», comenta Carmen, una cacereña de 50 años.

A su lado, Eugenio Ordiales también espera su turno. Le acompaña su mujer, Estrella Berjano. Él llegará a los 60 en junio. Quizás recuerde ese cumpleaños porque será el primero en el que tenga que dormir conectado a un aparato al que le está costando adaptarse. Pese a ello es necesario para su salud. Cuando duerme, su respiración se para unas 400 veces durante la noche. Así se lo han hecho saber los médicos. Ha llegado a pasar hasta 54 segundos seguidos sin respirar. Lo sabe muy bien su esposa. «Me daba cuenta de que en muchos momentos de la noche no respiraba, me daba miedo y había veces que tenía que despertarle», explica justo antes de entrar en una de las consultas de la Unidad Multidisciplinar de Trastornos del Sueño del hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres.

Lleva en funcionamiento desde el año 1990 y en ella se han realizado más 13.000 estudios a pacientes con el objetivo de diagnosticar trastornos como la apnea, el insomnio, el síndrome de piernas inquietas, los terrores nocturnos, el sonambulismo y la narcolepsia, entre otros.

«Los más frecuentes son el insomnio y la apnea. El primero de ellos, si es episódico, se puede dar en el 50% de la población. El crónico está por debajo del 30%, un porcentaje similar al de la apnea en el caso de la población adulta», detalla el doctor Juan Fernando Masa Jiménez, jefe del Servicio de Neumología del San Pedro de Alcántara.

De entre todos los trastornos, según coinciden los neumólogos de esta unidad del sueño, sólo manejan estudios cuantitativos fehacientes sobre la apnea. En total, 180.000 extremeños sufren esta patología que en algunos casos puede desembocar en ictus e infartos de miocardio.

Sin embargo, sólo reciben tratamiento unos 35.000, lo que supone el 20%. Con casos muy graves estiman que hay 40.000 extremeños. Ellos necesitan ser sometidos a estudio urgentemente. «Nos referimos a aquellas personas en las que se ve trastocada su vida a partir de la fatiga, el cansancio y la somnolencia», destaca Jaime Corral, coordinador de la Unidad Multidisciplinar del Sueño del hospital San Pedro de Alcántara.

Corrales es quien está al frente de los estudios que allí se llevan a cabo junto a un equipo formado por otras 11 personas. Se basan principalmente en polisomnogramas, registros nocturnos de la actividad cerebral, la respiración, el nivel de oxígeno en la sangre, la función cardiaca, la postura, los movimientos corporales y otras variables que permiten un diagnóstico preciso de las alteraciones que se producen durante el sueño.

Se realizan en cuatro habitaciones diseñadas específicamente para esta función. Una de ellas está adaptada para minusválidos. Cuentan con cámaras de videovigilancia y aparatos electrónicos que se controlan remotamente por el equipo médico. Todas estas salas cuentan con baño y ducha.

En una de esas habitaciones se sometió a un estudio Eugenio Ordiales. «Estuve durmiendo desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana, conectado a sensores y electrodos. A los dos meses me dieron los resultados», apunta.

En su caso se tuvo que desplazar hasta el hospital. Sin embargo, hay una alternativa para que se pueda hacer desde el domicilio. Se llama poligrafía respiratoria y es un estudio más simple. A José Andrés Orozco, de 28 años de edad, se lo hicieron. «Siempre he dormido mucho y me ha costado exageradamente despertarme. Además, aunque hubiera estado diez horas en la cama, me sentía adormecido durante todo el día y me tenía que echar siempre la siesta. Me quedaba dormido leyendo libros, que es algo que me encanta. También me costaba muchísimo concentrarme», comenta este joven cacereño. Habla en pasado porque todo eso ahora se ha minimizado después de que le diagnosticaran apnea hace cuatro años.

Sin embargo, él está seguro de que la padece desde hace más tiempo. «Tengo migrañas desde los 17 años y siempre he tenido problemas relacionados con el sueño. En una acampada scout, donde dormíamos en tienda de campaña, un compañero cuyo padre tiene apnea me comentó que había dejado de respirar durante la noche. Él fue quien me recomendó que me hiciera las pruebas. Un año después fui al neurólogo a hacerme una revisión y se lo expliqué. Ahí ya llevaba cuatro años de tratamiento por los dolores continuos de cabeza y me derivaron al neumólogo, que me hizo las correspondientes pruebas».

Los resultados confirmaron las sospechas. Desde entonces, Andrés tiene que dormir conectado a una máquina que bombea aire bajo presión dentro de la vía respiratoria de los pulmones. De este modo se mantiene la tráquea abierta durante el sueño, lo que previene episodios de colapso de la respiración. «Ahora duermo siete horas por la noche y no me noto cansado. No me echo la siesta y no tengo necesidad de dormir más», apunta Orozco, quien confiesa que cada vez conoce a más gente que le comenta que tiene apnea del sueño. «Es verdad que no hay tantas personas de mi edad con este problema y si las hay no lo cuentan abiertamente», concluye.

Lista de espera

Andrés no tuvo que esperar mucho tiempo porque fue sometido a un estudio más simple. Si es más complejo y requiere el uso de la unidad del sueño cacereña la lista se alarga entre 15 ó 20 días para personas con preferencia, es decir, aquellas cuya profesión está relacionada con la conducción; así como niños. Para un estudio ordinario se suele alargar unos 60 días. «Lo ideal es que hubiera más unidades de sueño. Hay que tener en cuenta que recibimos pacientes de todas partes de Extremadura», argumenta Corral, quien detalla que en el Infanta Cristina de Badajoz cuentan con otra unidad, aunque sólo se centran en trastornos respiratorios y no tratan a niños.

Y es que los más pequeños también pueden sufrir enfermedades como la apnea. En concreto, esta patología la padece entre el 1,4% y el 6% de la población infantil. «Suelen responder a tres perfiles: los que tienen hipertrofia de amígdalas y vegetaciones, los niños obesos y los que padecen malformaciones craneofaciales», especifica Corral, quien apunta que en adultos es mucho más normal, así como en varones.

El 24% de los hombres tiene apnea obstructiva. En mujeres, el 9%. «Ese porcentaje se equipara cuando ellas empiezan a tener la menopausia», asevera Javier Gómez, otro de los neumólogos de la Unidad del Sueño de Cáceres, quien destaca que «a partir de 30 paradas respiratorias por hora, mientras se duerme, es necesario tratamiento». Matiza que si tiene menos dependerá de los síntomas y de factores de riesgo, algo que en los últimos años está aumentando.

«Hay una población más envejecida, la obesidad influye y existe más sensibilidad por parte de la gente para detectar los síntomas. Por ejemplo, antes se decía que si roncas es que duermes plácidamente. Eso es un tópico muy alejado de la realidad. Significa todo lo contrario», aclaran los especialistas.

Ellos recomiendan hábitos saludables para prevenir este tipo de trastornos. Entre las recomendaciones más importantes, ejercicio físico adecuado en horas de exposición al sol, y hacer una dieta equilibrada para no tener sobrepeso. En cuanto a la higiene del sueño, son contundentes. «No hay que hacer actividades que requieran mucha concentración en los momentos previos a dormir. Tampoco es bueno el uso de móviles, tablets o la televisión desde la cama», concluye Jaime Corral, quien destaca que se prevé que en 2026 la apnea del sueño sea la enfermedad respiratoria más importante.

Por el momento, los profesionales coinciden en que pese a la prevalencia de los trastornos del sueño entre la población, los ciudadanos no le dan la importancia que deberían a este tipo de patologías. Una prueba de ello es que en Extremadura no existe una asociación de afectados por trastornos del sueño. De hecho, en España sólo hay una que englobe a todas las patologías relacionadas con este asunto. Su centro de operaciones está en Zaragoza, aunque cuentan con varias delegaciones en diferentes comunidades autónomas.

En la región extremeña se han planteado abrir una pero confiesan que es complicado. «No es fácil encontrar la fórmula que funcione, dar con gente preparada en el sueño que voluntariamente atienda a los afectados, con tiempo, con capacidad de gestión y que sea resolutiva.

Además, tiene que conocer la patología que padecen y las demás, así como disponer de contactos con la administración pública», explica María José Serrano, socia fundadora de la Asociación Española del Sueño (Asenarco), quien apunta que pueden recibir más de 15 llamadas diarias de afectados por este tipo de trastornos. A ellas se suman los correos electrónicos solicitando información.