El periodismo en la maleta

La reportera extremeña conversa con un militar, en uno de los conflictos que ha cubierto. :: archivo personal de mónica garcía prieto/
La reportera extremeña conversa con un militar, en uno de los conflictos que ha cubierto. :: archivo personal de mónica garcía prieto

Mónica García Prieto ha ido escribiendo un currículum que sugiere alergia a los despachos y adicción al periodismo

ANTONIO J. ARMEROCáceres

Cuando tenía diecinueve años, Mónica García Prieto (Badajoz, 1974) se fue a Chiapas (México) y se quedó allí un mes y medio. Y dos años después se marchó a Italia. Y luego se fue a Rusia. Y después a Oriente Próximo... Así ha ido escribiendo un currículum que sugiere alergia a los despachos y adicción al periodismo. Al reporterismo, en concreto. Más aún: al que se ejerce en zonas del mundo donde la vida suele cotizar a la baja. A ese oficio en su esencia, al que se ejerce lejos de las sillas con reposabrazos y cerca de la gente que sufre, es a lo que la periodista extremeña lleva dedicada 21 años. O sea, media vida.

EN CLAVE PERSONAL

Faceta de escritora. Mónica García Prieto y Javier Espinosa son los autores de 'Siria, el país de las almas rotas. De la revolución al califato de ISIS' (Debate, Barcelona, 2016, 464 páginas, 21,90 euros, edición electrónica 9,99 euros).

El recuerdo al corresponsal extremeño, Ángel Sastre. El 7 de abril del año pasado, Mónica García Prieto recogió el premio Julio Anguita Parrado, en una ceremonia celebrada en Córdoba. En el acto, la periodista extremeña dedicó el galardón «a todos los periodistas free lance que dedican su trabajo a las víctimas». Y en especial, añadió, «a tres colegas que no conozco: Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López que a estas alturas llevan diez meses secuestrados en Siria». Sastre es extremeño y corresponsal de guerra, como ella, y premio Extremeño de HOY.

Ese guion de su vida profesional empezó a esbozarse en este diario. Se presentó en la redacción de HOY en Badajoz ya avanzado el verano, a ver si le dejaban hacer prácticas. «Menuda de cuerpo, de cabellos lacios, aparentemente fría y distante, pero con una personalidad muy marcada», escribía el periodista José Joaquín Rodríguez Lara en septiembre de 2004. Ella recuerda bien aquella experiencia. «Había un gran ambiente de trabajo, era puro periodismo», explica por correo electrónico. «El director (Teresiano Rodríguez) era un periodista entusiasta -continúa- y estaba muy presente en la redacción, dialogando con todos. Los correctores eran verdaderas figuras respetadas por todos, y entre los compañeros se discutían con verdadera pasión no solo los titulares, sino también los enfoques y los textos». En resumen, fue «una época de aprendizaje concentrado en pocos meses».

Trabajando y estudiando

No tardó en marcharse de España, pese a que aún no había terminado su etapa universitaria. Las últimas asignaturas de la carrera las estudió mientras trabajaba en Italia, «temario en mano y con la ayuda de compañeros que seguían las clases», rememora Mónica García, que ahora vive en Bangkok y ejerce como corresponsal en el Sureste Asiático. Antes lo fue en Roma, Moscú (Rusia), Jerusalén (Israel) y Beirut (Líbano). En todas estas experiencias, sus coberturas se han centrado en denunciar la falta de respeto a los derechos humanos en tiempos de guerra y en defender a los civiles.

Este interés por situar el foco en la población, que siempre es víctima, ha marcado sus trabajos en los numerosos conflictos que ha vivido a pie de obra. Entre ellos, los de Chiapas, Chechenia, Georgia, Macedonia, Afganistán -allí fue asesinado en el año 2001 Julio Fuentes, que era su marido-, Irak, Gaza, Líbano o Siria. En este último país permaneció secuestrado durante 194 días Javier Espinosa, uno de los corresponsales de guerra más reconocidos de España y actual pareja de Mónica García.

La reportera de Badajoz empezó su carrera profesional en la emisora de radio Onda Cero, aunque pronto comenzó a escribir crónicas para el diario El Mundo, primero como 'freelance' (autónoma) y más tarde integrada en la plantilla. En el año 2005 volvió a establecerse por libre en Oriente Próximo, al principio en Jerusalén y dos años después en Beirut, donde vivió durante siete años. Desde allí, García Prieto cubrió informativamente otro hecho clave de la historia contemporánea: las revoluciones árabes. En el verano del año 2014 dejó Oriente Próximo y se marchó al Sureste Asiático, donde en la actualidad ejerce como corresponsal para El Mundo, Periodismo Humano y otros medios de comunicación.

En el año 2005 ganó el premio de periodismo Darío D'Angelo, y en 2006 fue finalista del Kurt Schork Awards of International Journalism. Le concedieron el José María Porquet de periodismo digital en 2011, el mismo año en que fue finalista del Cirilo Rodríguez. Y en 2013 le entregaron el premio José Couso. Por último, el año pasado recogió el premio Julio Anguita Parrado, el certamen que recuerda al corresponsal de guerra asesinado en Irak en el año 2003, y que también fue compañero de trabajo de García Prieto.

La reportera extremeña ha ido de acá para allá, siguiendo el ritmo que le marcaba su profesión. Ese oficio que aún le deja un hueco para regresar al sitio en el que nació y en el que sigue viviendo su familia. «Vuelvo a Extremadura una vez al año, porque la distancia desde Bangkok -explica- es muy grande, y mi familia suele acudir a verme cuando tengo que pasar por Madrid». Así, entre viajes largos, lleva desde los 19 años. Desde aquel primero a Chiapas. Más de dos décadas con el periodismo como brújula, tirando de ella y de su maleta.

 

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