La gran coalición deberá reinventarse

Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo. /
Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo.

Los liberales, gracias al partido de Macron, y los Verdes, tendrán la llave para formar el nuevo ejecutivo que controlará el poder en la UE

SALVADOR ARROYOCorresponsal. Bruselas

Las grandes incógnitas que planeaban sobre las octavas elecciones al Parlamento Europeo se despejaron con la matemática de unos resultados que, en trazo grueso, ya habían sido vaticinados por los sondeos. La primera incógnita, la del ganador, no arrojó sorpresa: los populares (EPP), como ha venido sucediendo las dos últimas décadas, captaron el mayor número de votos. La diferencia es que esta vez su trozo de tarta mermó considerablemente. Del 30% de 2014, al 23%. Y lo mismo le sucedió a los socialistas. Segundos, pero con una caída porcentual de seis puntos.

Vidas paralelas (ambos grupos perdieron en torno a cuarenta escaños cada uno), lo que nos lleva al primer hito histórico de esta cita: el mayor legislativo del mundo, en el que ambas sensibilidades políticas habían conseguido siempre la mayoría absoluta en una entente poco habitual en los territorios nacionales, ya no es posible. No sumaron esa mitad más uno, esos 376 de 751 diputados que les había permitido hasta la fecha construir la Gran Coalición con la que controlaban sin apuros las instituciones clave (el propio Parlamento, la codiciada Comisión Europea, el BCE y el Consejo). A partir de este domingo, hablar de Gran Coalición en la UE requerirá un sentido más amplio. Se necesitará un partido bisagra. El líder del EPP, Manfred Webber, ofreció estabilidad, garantizó que no cooperará con «los extremistas de derecha» y se abrió a hablar ya con el resto de grupos de «contenidos».

Y ahí es donde van a entrar en juego los liberales y los verdes. Los primeros, bajo la marca cabecera de Alde, ganan peso con la entrada en el hemiciclo del partido En Marcha de Emmanuel Macron y se convierte en el tercer grupo con más peso en la Eurocámara. Superan el centenar de eurodiputados, una treintena más que hace cinco años. Y los segundos, con especial empuje desde Alemania, consiguieron casi veinte más (67).

Con Alde-En Marcha la matemática ya daría para dibujar un 'nuevo' formato de Gran Coalición. Y todo apunta a ese desenlace, con adhesión incluso de otras fuerzas. La ensoñación que tenía Frans Timmermans (el candidato principal de los socialdemócratas a presidir la Comisión Europea) con «una alianza progresista desde Macron a Tsripas» aislando a los populares requeriría demasiados requiebros. No sale.

Primero por la pérdida de los propios socialistas, segundo porque también retrocedió el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (en el que se integra Podemos) y tercero, porque ni estos ni los Verdes hicieron referencia alguna a esta posibilida. Sus líderes comparecían en la espectacular sala de prensa en la que se transformó ayer el hemiciclo de Bruselas para hablar más de un frente que aisle «a los populistas y extremistas de derecha».

El temible golpe euroescéptico llegó, pero sin el músculo suficiente como para conseguir ser una minoría de bloqueo, que se había convertido en el principal objetivo de la alianza reaccionaria liderada por el italiano Mateo Salvini. Este consiguió ganar las elecciones en Italia, como también la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Pero no lograrán llevar a la práctica su estrategia erosionadora.

La participación fue la otra gran clave de la jornada. Las europeas venían dibujando una pendiente de caída histórica. El porcentaje más alto de implicación de los ciudadanos obligaba a remontarse al estreno; a la primera gran cita electoral. Un viaje en el tiempo de cuarenta años, hasta 1979, con aquel 61,8%. Desde entonces, 59% (1984), 58,3% (1989), 56,7% (1994), 49,5% (1999), 45,6% (2004), 43% (2009) y 42,6% (2014). En barrena. Hasta este domingo. La inercia negativa se rompe y se recuperan los índices de hace dos décadas: 51%.

El hito se desvelaba pasadas las ocho de la tarde y con cierto toque de espectacularidad en la impresionante sala de prensa en la que se reconvirtió el hemiciclo. El portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo, Jaime Duch, anunciaba «con satisfacción» un remonte «histórico». En aquel momento no se computaba a Reino Unido, pero ya se avanzaba que con los británicos en la operación matemática, el alza se confirmaba y la horquilla sería similar «de entre el 49% y el 52%». La coincidencia de estas europeas con otros comicios nacionales tuvo ese efecto arrastre del electorado que fue muy evidente en España, pero también en Bélgica y Polonia