Tercera ronda

Nadal, de la noche al día y directo a octavos

Rafa Nadal en su partido ante Hyeon Chung./Reuters
Rafa Nadal en su partido ante Hyeon Chung. / Reuters

El español se estrena en la primera sesión del Abierto de los Estados Unidos espantando a Chung

ENRIC GARDINERMadrid

Rafa Nadal cambió este sábado el negro de su camiseta por el violeta, la noche por el día, pero mantuvo el mismo ritmo infernal que le caracteriza. Desplazado por primera vez a la sesión matutina del Abierto de los Estados unidos, el tenista balear no evidenció secuelas por no haber podido disputar el encuentro de segunda ronda y eliminó a un Hyeon Chung combativo, pero mermado por todo el desgaste que acumulaba (6-3, 6-4 y 6-2).

La lesión del australiano Thanasi Kokkinakis en el hombro derecho que le obligó a retirarse, supuso que Nadal llegaría a la cuarta ronda con un solo partido en las dos últimas semanas, su debut en Nueva York.

Una arma de doble filo, puesto que al mayor descanso se contraponía la oportunidad perdida de seguir sumando ritmo. Su rival este sábado estaba en la situación contraria. Le sobraban minutos en pista.

Chung venía de pasar la previa y salvar dos duelos a cinco sets, el último ante Fernando Verdasco, levantando un punto de partido en contra. El surcoreano, antiguo finalista en el Abierto de Australia, ha pasado casi todo el año lastrado por las lesiones y ha retornado al circuito hace relativamente poco. De ahí su ránking, el número... Sin embargo, en su juego aún se aprecian los detalles que le llevaron a acariciar la gloria en Melbourne.

Esos puntales eran los que quería arrancar un Nadal serio y sin fiarse de la posible debilidad física del asiático, quien, por cierto, en aquella famosa semifinal tuvo que retirarse.

Le sobraban ganas al español, tras la decisión de Kokkinakis de abortar su duelo tan solo un par de horas antes de la disputa del mismo.

Ocurría una cosa en la pista Arthur Ashe de Nueva York y es que Chung caía desde el inicio rendido ante la magnitud del dieciocho veces campeón de Grand Slam. Si algo se le recrimina a los jugadores asiáticos no es solo la consistencia física, si no también un carácter más fuerte, quizás incluso la insolencia necesaria para retar al 'Big Three'.

Pero Nadal asustaba. Nada especial en él. Estaba como siempre, pero, a veces, eso es suficiente. Un par de derechas ganadores, varios servicios directos y algún punto desenterrado de lo más hondo del suelo americano puso al muro surcoreano a los pies de Nadal.

La pared que había acabado con la paciencia de Verdasco era mucho menos dura que la que Nadal planteaba en la Arthur Ashe.

Al español sólo le perturbaba algún sonido extraño perdido en la grada. «¿Qué suena?», preguntaba el español al juez de silla James Keothavong que no acertaba a descifrar nada entre el continuo murmullo que ya es un clásico en Estados Unidos.

Mientras Chung perdía la fe y se desvanecía ante un Nadal que no dejó que el surcoreano viese un solo punto de rotura. Por no ver, casi ni vio cómo se le escapó la oportunidad de meterse por primera vez en los octavos de final del US Open y de pisar la segunda semana de un Grande por segunda ocasión en su carrera.

Nadal estará por duodécima vez en la segunda semana del torneo neoyorquino, con menos desgaste que nunca y esperando el desenlace del encuentro entre el croata Marin Cilic y el estadounidense John Isner. En octavos, le tocará un cañonero.